Alejandro Cesarco, artista detrás de Lawrence, la última librería abierta en Malasaña: "Para mí esto es una extensión de mi obra. Es como una performance larga y, de alguna forma, estoy jugando a ser librero"
Un espacio que acoge presentaciones, encuentros y pequeñas exposiciones.
En Malasaña, donde cada calle parece reinventarse cada pocos meses, conviven lo de siempre y lo inesperado: cafeterías de especialidad, talleres que resisten, galerías discretas y proyectos que no terminan de encajar en ninguna etiqueta. Un barrio en el que la memoria comercial se mezcla con nuevas formas de consumo cultural, y donde lo mismo desaparece un negocio histórico que aparece una propuesta nueva destinada a convertirse en punto de encuentro.
En ese ecosistema cambiante, entre escaparates que suben y bajan la persiana, todavía surgen ideas que buscan algo más que vender. Ahí es donde aparece Lawrence, un espacio que aunque vende libros, no responde del todo a la idea tradicional de librería. Tampoco es una galería, aunque expone obras, sino que se mueve en un terreno intermedio, más abierto, donde todo parece estar todavía en construcción.
Lawrence se encuentra en la calle San Mateo, entre los barrios de Justicia y Malasaña, una zona especialmente vinculada al circuito artístico de la ciudad. El espacio ocupa unos 40 metros cuadrados en un local con historia, que durante años fue una papelería de barrio y más tarde una galería de arte. Hoy mantiene esa escala reducida que organiza el interior en torno a una gran mesa central que funciona a la vez como punto de venta y de exposición.
La cara detrás del proyecto
Detrás del proyecto está Alejandro Cesarco, un artista uruguayo afincado en Madrid desde 2022 cuya práctica gira desde hace años en torno al libro, la edición y las formas de circulación del arte. “Para mí esto es una extensión de mi obra. Es como una performance larga y, de alguna forma, estoy jugando a ser librero”, explica en declaraciones recogidas por El País, una afirmación que resume bien la intención del proyecto.
La trayectoria del artista, que combina la producción artística con iniciativas como la fundación Art Resources Transfer en Nueva York, encuentra en este espacio una continuidad natural, más cercana al gesto creativo que a la lógica comercial. Hoy, el espacio ha sido transformado con una intervención mínima que mantiene su carácter íntimo y que refuerza esa idea de lugar en tránsito, pensado tanto para acoger libros como para dar cabida a la creatividad.
En un contexto marcado por la transformación constante del centro de la ciudad, el reciente cierre de librerías como Tipos Infames ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la fragilidad de proyectos culturales y su papel dentro de los procesos de cambio urbano que atraviesa el barrio. Por ello, la apertura de este espacio responde a una necesidad concreta: la falta de lugares especializados en libro de arte en Madrid.
“El problema es estructural”, apunta el dueño. Así, el objetivo de Lawrence no es solo vender libros, sino generar comunidad. El espacio acoge presentaciones, encuentros y pequeñas exposiciones, con una programación ya en marcha que incluirá proyectos sobre cuerpo y lenguaje o revisiones de figuras del diseño y el arte conceptual. Por ahora, abre solo tres días a la semana, pero merece la pena una visita.