Las alergias no son ninguna broma: así es el peculiar día a día de un niño de 4 años multialérgico

Las alergias no son ninguna broma: así es el peculiar día a día de un niño de 4 años multialérgico 

Galletas y leche, un cóctel letal para los alérgicos a la leche y el gluten.GETTY

Las pesadillas que todos los familiares de alérgicos tenemos a diario se hicieron realidad esta semana, cuando una joven de 17 años, alérgica a la proteína de la leche de vaca, murió tras ingerir un café contaminado precisamente con leche. Es un terror con el que tenemos que convivir todos los días gente como mi mujer y yo, padres de un niño de cuatro años alérgico a tantos alimentos que nos es difícil enumerarlos todos sin olvidarnos de alguno: pavo, pollo, proteína de la leche, huevo, gluten, todo tipo de pescados, legumbres, guisantes y avena.

Una condición así nos hace vivir con un miedo permanente, conscientes de que el riesgo está en todas partes. Conductas tan sencillas como hacer la compra se convierten a menudo para nosotros en una gymkana, en la que ambos tenemos que mirar con mil ojos los ingredientes de todo lo que vamos a darle.

Pero esa 'aventura' es anecdótica comparada con la que hemos vivido en este inicio de curso, el primero en el que el niño ha ido al colegio. La regulación en los colegios en temas de alergia es escasa (por no decir nula) y los recursos que las administraciones dan a los centros inexistente. Eso provoca que, en la práctica, el bienestar y la integración de los niños alérgicos dependa en exclusiva de la buena voluntad o del buen hacer del profesorado y del personal de los comedores.

Nosotros, a pesar de las numerosas alergias del niño, vivimos en un espejismo durante los tres años que estuvo en la guardería: jamás tuvimos ningún problema, ni un solo sobresalto, su profesora se desvivió por entender los riesgos y la integración del niño con sus compañeros fue casi total, dentro de unas lógicas medidas de seguridad.

Pero la realidad nos dio una bofetada el segundo día en el comedor del colegio, en septiembre: nuestro hijo tuvo una reacción alérgica muy fuerte que le causó una anafilaxia y le tuvieron que administrar adrenalina. En este caso hubo suerte y todo se quedó en un susto que nos hizo percatarnos de la realidad: los centros no están preparados para atender e integrar a los alérgicos.

Desde entonces, hemos vivido en una tensión permanente, temerosos de una llamada del colegio para informarnos de una nueva reacción. Una tensión acrecentada por el enorme desconocimiento (en el mejor de los casos, en el peor tenemos que soportar que se nos trate como paranoicos o hipocondriacos) que hay sobre alergias en la sociedad en general. En nuestro caso, nadie en el colegio ha sido capaz de decirnos a día de hoy qué alimento le pudo provocar esa reacción al niño ni qué pudo pasar aquel día. Obviamente, todo ello no hace más que incrementar nuestros miedos.

Pero las consecuencias de lo ocurrido aquel día sí las sabemos bien: reducir en buena medida las interacciones sociales del niño. Para evitar problemas, come solo en su clase y únicamente la comida que le llevamos en su propio tupper. Y el colegio nos ha dado a firmar un papel en el que deja constancia de que en el centro no son capaces de garantizar su seguridad en las horas extraescolares. Así que, en la práctica, se ve excluido de todas esas actividades.

En resumen: hemos tenido que elegir la seguridad física del niño antes que su integración social, que se ve tremendamente mermada en una edad clave para desarrollar habilidades sociales. Una circunstancia que con recursos, información y planes específicos para alérgicos no tendría por qué producirse. Urge la creación de una normativa seria y en condiciones. La vida de muchos va en ello.

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Rodrigo Carretero es Traffic Editor Manager en 'El HuffPost' y trabaja desde Madrid. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid, ha trabajado en 'El Día de Valladolid', en 'El País' y en las radios musicales del grupo Prisa. Puedes contactar con él en rodrigo.carretero@elhuffpost.es