Ana, joven granjera en un pueblo de Teruel: "Los animales son siete días a la semana, te tienen que gustar"
Una forma de vida gratificante pero que requiere ciertos sacrificios.

Cada vez son más las personas que deciden dejar atrás la ciudad y comenzar de nuevo en el medio rural. La búsqueda de tranquilidad, contacto con la naturaleza y un trabajo con sentido empuja a muchos a volver al pueblo y apostar por el campo, aunque eso suponga sacrificio, constancia y renunciar a horarios convencionales. En ese contexto se enmarca la historia de Ana, una granjera que encontró en un pequeño municipio de Teruel una nueva forma de vivir.
Esta mujer dejó la vida urbana y decidió volver a su pueblo para poner en marcha una pequeña explotación de gallinas camperas. Su proyecto, que arrancó hace unos años sobre terrenos familiares, combina la venta de huevos con una apuesta por la vida tranquila del interior de Aragón. Ahora la mujer vive en Allueva, un municipio de la comarca del Jiloca con apenas unas decenas de habitantes y situado a más de 1.200 metros de altitud.
Ana resume con claridad el coste diario de manejar una explotación de este tipo, ya que no es un trabajo de horario, sino de cuidados constantes. “Los animales son siete días a la semana, te tienen que gustar”, afirma contundente en un vídeo publicado en la cuenta de TikTok @nosvamospalpueblo, donde también explica que hay que recoger los huevos, alimentarlas, empaquetarlos y preparar los pedidos sin tregua.
No tiene vacaciones
La frase resume la doble cara del proyecto: libertad y contacto con la naturaleza, junto a trabajo físico y dedicación ininterrumpida. La iniciativa de Ana ocupa un lugar pequeño pero activo en la llamada “España vaciada”, pues la explotación funciona como una microempresa local dedicada a huevos de gallinas criadas en libertad y venta al circuito cercano, contribuyendo a mantener actividad económica en un municipio con muy pocos habitantes.
La propia Ana reconoce el sacrificio: “Yo llevo cuatro años sin vacaciones, sin parar ni un solo día”. De esta forma, pone en perspectiva el esfuerzo detrás del encanto rural, ya que la vida en el campo exige constancia absoluta y una dedicación diaria que no entiende de fines de semana ni festivos, aunque a cambio ofrezca una forma de vida más pausada y conectada con el entorno.
Aun así, sostiene que la experiencia la llena: desconecta, disfruta del atardecer desde el coche y valora la soledad y el silencio del pueblo. Allueva y municipios semejantes representan un tejido poblacional muy reducido y, por ello, cada emprendimiento cuenta: además de generar producto, atrae visibilidad y, en algunos casos, visitantes interesados en la alimentación de proximidad y el turismo rural.
