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Arnaud, 31 años, dejó los despachos para hacerse marinero en Normandía: "Entendí toda la distancia entre la ecología de los ricos y la vida real de la gente

Arnaud, 31 años, dejó los despachos para hacerse marinero en Normandía: "Entendí toda la distancia entre la ecología de los ricos y la vida real de la gente

El conflicto moral que experimentó y el choque con la realidad le hizo dar un giro total a su vida.

Un hombre en su barco
Un hombre en su barco mirando al marGetty Images

Arnaud Gilles tiene 31 años y, hace no tanto, su vida transcurría entre despachos, conferencias internacionales y cumbres climáticas. Hoy, en cambio, pasa buena parte del tiempo en cubierta de un barco pesquero en la costa de Normandía, con las manos cortadas por el trabajo y el cuerpo agotado tras largas jornadas en el mar. Su cambio de vida no fue un capricho ni una aventura improvisada: fue, según él mismo explica, una forma de comprender mejor la distancia que separa el discurso ecológico de las élites de la realidad cotidiana de muchos trabajadores.

Una mañana fría de invierno, en el puerto de Port-en-Bessin-Huppain, Arnaud observa sus manos dañadas por el trabajo. Lleva semanas con dolores de espalda y rodillas, algo habitual entre los marineros con los que comparte faena. El ritmo en el arrastrero donde trabaja es exigente: según las mareas, su jornada puede empezar de madrugada o al mediodía y prolongarse hasta bien entrada la noche. El objetivo es la pesca de vieiras, un producto muy apreciado en la región.

El esfuerzo físico es constante. Cuando las redes emergen del fondo marino, Arnaud se arrodilla para separar las vieiras de otras especies atrapadas en la red. Después transporta cajas de hasta treinta kilos hasta la proa del barco. En los días buenos, pueden descargar decenas de cajas al llegar a puerto.

"Mi cuerpo no estaba preparado para algo así", admite. La repetición de movimientos, el frío y el cansancio dejan poco espacio para cualquier otra cosa. "Estás concentrado en no cometer errores y en no lesionarte. Apenas tienes tiempo para pensar".

Del activismo internacional al trabajo en el mar

Nada hacía prever que este graduado de Sciences Po acabaría trabajando como marinero. Durante años, su vida estuvo vinculada al activismo ambiental desde posiciones institucionales. Fue portavoz de WWF y participó en numerosas cumbres climáticas internacionales, desde Glasgow hasta Dubái.

Su papel consistía en explicar a medios y responsables políticos las posiciones de la organización. Era un trabajo intenso, rodeado de diplomáticos, expertos y representantes de ONG. Sin embargo, con el tiempo empezó a sentir que ese mundo tenía algo artificial.

Las grandes conferencias climáticas, recuerda, funcionaban casi como escenarios perfectamente organizados: reuniones programadas, discursos, encuentros con periodistas. "Todo parecía muy importante, pero también un poco surrealista", dice ahora. En ese entorno comenzó a preguntarse hasta qué punto aquel tipo de activismo estaba conectado con la realidad de las personas que trabajan en sectores directamente afectados por las políticas ambientales.

El choque con la realidad

El giro llegó años después. A medida que avanzaba su trabajo en ONG y organismos internacionales, Arnaud empezó a percibir una brecha creciente entre el discurso ecológico dominante y las preocupaciones de muchos trabajadores.

En su opinión, parte del movimiento ecologista corre el riesgo de hablar desde posiciones sociales muy alejadas de quienes viven de actividades como la pesca, la agricultura o la industria. "Hay una ecología muy presente en los círculos urbanos y acomodados que a veces olvida cómo es la vida cotidiana de otras personas", explica.

Esa reflexión lo llevó a tomar una decisión poco habitual: abandonar el entorno político parisino y aprender un oficio manual. En 2025 se matriculó en el instituto marítimo de Sète para obtener el certificado profesional de marinero.

Poco después encontró trabajo en un barco pesquero de Normandía. Allí descubrió un mundo duro, marcado por el esfuerzo físico y la dependencia constante del clima y del mar. También entendió que los discursos ambientalistas que funcionan en conferencias o campañas de comunicación no siempre encajan con quienes viven directamente de los recursos naturales.

Al principio, su llegada despertó cierta curiosidad entre la tripulación. Muchos sabían que no venía del mismo entorno que ellos, aunque nadie le pidió demasiadas explicaciones. Con el tiempo, la convivencia fue creando vínculos: comparten comidas, duermen en el barco durante la semana y afrontan juntos jornadas exigentes.

Arnaud insiste en que no pretende dar lecciones a nadie. "No estoy aquí para convencer a los pescadores de nada", dice. "Más bien al contrario: estoy aprendiendo de ellos".

Un puente entre dos mundos

El experimento no termina en Normandía. Su contrato en el barco finaliza pronto y su próximo destino será el océano Pacífico. Allí se unirá a una expedición científica de la Fundación Tara Ocean para estudiar la resistencia de los corales frente al cambio climático.

Su objetivo a largo plazo es combinar ambas experiencias: la del mundo institucional y la del trabajo en el mar. Cree que entender las dos realidades puede ayudar a construir un diálogo más realista sobre la transición ecológica.

Después de todo, concluye, las políticas ambientales solo funcionan cuando tienen en cuenta la vida de quienes dependen directamente del territorio y del mar. “La ecología no puede quedarse en los despachos”, resume. "Tiene que entender cómo vive la gente".

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