Luigi, 102 años: "Solía caminar 60 kilómetros al día para cazar fugitivos"
Se alistó en los Carabineros durante la Segunda Guerra Mundial.

A sus 102 años, Luigi Bonelli, padre del diputado italiano Angelo Bonelli, conserva una memoria sorprendentemente clara y un carácter firme que recuerda a su pasado como carabinero. Su historia está marcada por la guerra, la persecución de bandoleros en Sicilia y jornadas extenuantes en las que llegó a caminar hasta decenas de kilómetros al día en busca de fugitivos. Hoy, desde su casa cerca de Roma, repasa su antigua vida de uniforme, disciplina y resistencia.
Bonelli se alistó en los Carabineros durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942, cuando apenas era un joven siciliano fascinado por el uniforme que veía pasar por los campos de su pueblo. Tras completar su formación fue destinado a distintas zonas de Sicilia, donde la posguerra estaba marcada por el bandolerismo y la inestabilidad. Allí participó en patrullas de varios días en las que los agentes recorrían extensas zonas rurales para rastrear a fugitivos y bandidos.
“Un compañero y yo estuvimos fuera una semana, durmiendo sobre paja, caminando 60 kilómetros cada día. Conseguíamos comida gracias a los pastores”, recuerda Luigi en declaraciones recogidas por Corriere della Sera. Aquellas largas caminatas, recuerda hoy con humor, formaban parte del trabajo cotidiano de una época en la que la vigilancia del territorio dependía casi exclusivamente de la resistencia física de los carabineros.
Disciplina y vida activa
En la intimidad de su piso en Acilia, un barrio de Roma, Bonelli se describe sorprendentemente activo en lo mental. “Oigo perfectamente sin audífonos, no tomo medicación salvo una para la glucemia y tengo memoria de hierro”, asegura, y añade que su mayor limitación actual es la vista, ya que tiene una degeneración macular que lo obliga a pegarse a la pantalla para ver la televisión y seguir, entre otras cosas, los debates en los que aparece su hijo.
La anécdota que más llama la atención en la conversación es su confesión sobre el tabaco, donde desvela que fue fumador empedernido, llegando a consumir “dos paquetes al día”. Esto cambió en 1969, cuando un dolor de muelas y el sustituto momentáneo con caramelos le hicieron perder el gusto por los cigarrillos. Desde entonces asegura que no ha vuelto a encender ninguno ni tampoco lo echa de menos.
A pesar de haber pasado por la enfermedad, concretamente un caso de COVID grave y una neumonía el año pasado, Luigi mantiene rutinas simples que le dan ánimo: salir a la terraza a tomar el sol, estrechar la mano a sus vecinos con energía y, sobre todo, conversar. Con la mente aún lúcida, repasa anécdotas de su vida como carabinero y recuerda con detalle los años de servicio, convencido de que lo que realmente lo mantiene en pie es seguir sintiéndose parte de las historias que vivió.
