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Belén, vendedora ambulante en 23 pueblos de Valladolid: "Me quedan tres años y medio para jubilarme y yo creo que cuando me jubile no va a venir ninguno"

Belén, vendedora ambulante en 23 pueblos de Valladolid: "Me quedan tres años y medio para jubilarme y yo creo que cuando me jubile no va a venir ninguno"

La despoblación y el envejecimiento amenazan la venta ambulante en los pequeños municipios de Castilla y León.

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Belén recorre 23 pueblos de Valladolid cada semana para llevar alimentación y productos básicos puerta a puerta.
Imagen canal Tribuna Valladolid

Mientras muchas personas hacen la compra con un clic o acuden al supermercado más cercano, en decenas de pequeños pueblos de Valladolid la tienda llega sobre ruedas. Cada semana, Belén recorre 23 municipios de Tierra de Campos con su furgoneta cargada de alimentos, productos de limpieza, higiene y pequeños artículos imprescindibles para vecinos, en su mayoría mayores, que apenas tienen alternativas para abastecerse.

Después de una década al volante, esta vendedora ambulante mira al futuro con preocupación. No tanto por ella, que asegura que le quedan tres años y medio para jubilarse, sino por quienes dependen de su visita semanal. "Me quedan tres años y medio para jubilarme y yo creo que cuando yo me jubile no va a venir ninguno", lamenta en el canal de YouTube de Tribuna Valladolid. "No sé qué pasará. Se tendrán que desplazar o pedir favores a un vecino para que les traigan las cosas".

Una tienda sobre ruedas que recorre 600 kilómetros cada semana

Belén decidió emprender hace diez años buscando un trabajo por cuenta propia. Tras hablarlo con su marido, compraron una furgoneta de segunda mano para probar suerte y, dos años después, invirtieron en un vehículo más grande que es el que utiliza actualmente.

Durante la semana visita 23 pueblos de la provincia de Valladolid, siempre puerta por puerta. En cada parada anuncia su llegada por las calles ofreciendo productos de alimentación, legumbres, aceite, conservas, artículos de droguería, higiene personal y limpieza.

Cada jornada recorre entre 120 y 150 kilómetros, lo que supone alrededor de 600 kilómetros semanales. Solo los miércoles descansa de la ruta para abastecerse en almacenes de Valladolid y Palencia. Según explica, en un día normal puede vender alrededor de 300 artículos, aunque reconoce que el negocio ha cambiado mucho desde que empezó.

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  adagagadgaCanal YouTube Tribuna Valladolid

"Cada vez hay menos gente"

El principal enemigo de su trabajo no es la competencia, sino la despoblación. "Desde que empecé hace diez años hasta ahora se ha bajado muchísimo. Hay gente que ha fallecido y otra que se ha marchado a una residencia", explica. 

El contraste es especialmente evidente en algunos pueblos. En uno de ellos recuerda que antes atendía entre diez y doce viviendas y ahora apenas vende en dos casas durante el invierno. "En verano es un poco mejor porque vuelve gente, pero en invierno da pena", resume.

Para muchos vecinos, especialmente personas mayores con problemas de movilidad o sin transporte, la llegada de Belén sigue siendo un servicio casi imprescindible.

"Si no fuera por ella, nos moríamos de hambre"

Los testimonios de los vecinos reflejan hasta qué punto la venta ambulante continúa siendo esencial en buena parte de la España rural. "Nos ayuda muchísimo porque nos trae cantidad de cosas aquí a los pueblos", comenta una clienta.

Otra vecina va todavía más allá: "Si no hubiera sido ella, nos hubiéramos muerto en estos pueblos". Quienes pasan temporadas en sus segundas residencias también recurren a ella. 

Una cliente explica que incluso le envía un mensaje cuando llega al pueblo para que pase por su casa. "Yo vengo al pueblo para estar aquí, no para estar moviéndome a comprar", afirma.

Más allá de vender productos, Belén mantiene una relación muy cercana con sus clientes.

"Lo que más me gusta de mi trabajo es el trato con las personas. Me cuentan sus historias, sus problemas y tienen confianza conmigo", asegura. 

Un oficio duro que podría desaparecer

Aunque cobra tanto en efectivo como con tarjeta —cada vez más utilizada incluso en los pequeños municipios—, Belén reconoce que el trabajo exige un gran esfuerzo físico. En invierno soporta lluvia, frío y carreteras complicadas. En verano, las altas temperaturas hacen todavía más exigentes unas jornadas que transcurren prácticamente al aire libre.

Aun así, considera que el verdadero problema está en el futuro de los pueblos. "En los pueblos no va a haber futuro porque cada vez hay menos gente. Se van a las residencias o fallecen", afirma.

Por eso teme que, cuando llegue el momento de su jubilación, nadie quiera continuar con una actividad que durante décadas ha permitido mantener abastecidos a muchos municipios sin comercio.

Su preocupación va más allá del relevo generacional. Cree que el cierre de este tipo de servicios obligará a muchos vecinos mayores a depender de familiares, vecinos o desplazamientos cada vez más complicados para adquirir productos básicos.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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