Cuando un pueblo tuvo que marcharse de casa: la cadena de solidaridad que sostuvo a Azuébar durante el incendio
Cinco años después de la evacuación provocada por el incendio de 2021, los vecinos de esta pequeña localidad de la Sierra de Espadán, en Castellón, volvieron a abandonar sus casas. Esta vez, como entonces, el fuego puso a prueba al pueblo.
Cuando todo esto pase, cuando los vecinos regresen a sus casas y el incendio quede definitivamente atrás, habrá muchas imágenes que permanecerán en la memoria de Azuébar, en la memoria del pueblo del que escribe estas líneas que, desde la lejanía, ha vivido las últimas horas con el corazón en un puño, con incredulidad, con miedo y, sobre todo, con rabia.
Una enorme columna de humo elevándose detrás de las montañas, los helicópteros cruzando el cielo durante horas, los mensajes que no dejaban de llegar al móvil, la Guardia Civil recorriendo las calles, los coches saliendo del pueblo o las miradas hacia la Sierra de Espadán intentando adivinar dónde estaban exactamente las llamas, amaneciendo por "la Peña Ajuerá", emblema y símbolo de Azuébar. Una crónica que uno nunca quiere escribir.
Pero probablemente la imagen que mejor explique lo ocurrido estos días no sea ninguna de esas.
Quizá sea la de un vecino ayudando a otro a cargar unas bolsas en el maletero o la de varias personas organizándose para acompañar a quienes no podían desplazarse solos; en definitiva, la de un pueblo entero preguntando por sus mayores antes incluso de preocuparse por sus propias cosas o por los niños jugando en una piscina mientras el fuego avanzaba.
Porque si algo han demostrado las horas más difíciles que ha vivido Azuébar desde el verano de 2021 es que hay cosas capaces de extenderse más rápido que las llamas y la solidaridad siempre es una de ellas.
El incendio que despertó otro recuerdo
En Azuébar nadie necesitó demasiado tiempo para comprender la gravedad de lo que estaba ocurriendo.
El recuerdo del incendio de agosto de 2021 sigue demasiado presente. Aquel 15 de agosto en el que el pueblo tuvo que ser evacuado cuando debería haber estado celebrando sus fiestas patronales. Unas fiestas que, paradójicamente, ni siquiera pudieron celebrarse por las restricciones derivadas de la pandemia.
Cinco años después, la historia parecía empeñada en repetirse.
Como he dicho, soy de Azuébar y durante estas últimas horas he hablado con vecinos, que son amigos, y que han vivido esta nueva evacuación desde dentro. Muchos coinciden en lo mismo: cuando apareció el humo, inevitablemente volvieron a acordarse de aquel verano.
Porque hay recuerdos que permanecen dormidos durante años, pero que regresan de golpe cuando vuelves a ver una montaña ardiendo cerca de casa.
La columna de humo
La mañana del domingo había transcurrido con absoluta normalidad. Era uno de esos días de julio en los que el pueblo aumenta su población. La piscina estaba llena, los bares también y muchos vecinos que viven fuera habían regresado para pasar el fin de semana.
La alcaldesa, Jessica Miravete, calcula que había alrededor de 500 personas en el municipio, prácticamente el doble de las personas que lo habitan durante los meses de invierno. "Había muchísimo coche, la piscina estaba llena y los bares igual", explica a el HuffPost horas después de saber que por segunda noche, los azueberos no podrían regresas a sus hogares.
Todo empezó a cambiar poco después de las dos de la tarde. "Sobre las dos o las dos y cuarto hemos empezado a ver una columna de humo inmensa que salía por detrás de la montaña", nos cuenta Marián Gómez, vecina de Azuébar. "Preguntando a vecinos y por el WhatsApp del Ayuntamiento nos dijeron que era un incendio que se había originado en el término municipal de Soneja y que ya estaba entrando en el nuestro".
La preocupación fue creciendo a medida que avanzaban los minutos. Los vecinos observaban cómo helicópteros y avionetas sobrevolaban constantemente la zona mientras llegaban nuevas informaciones sobre la evolución del fuego. "Veíamos pasar avionetas, el helicóptero y todos los medios que estaban trabajando", recuerda Marián.
Las autoridades pidieron retirar los vehículos de las calles para facilitar el acceso de los equipos de emergencia y eso ya se interpretó como una señal clara de que la situación podía complicarse.
"Coged lo imprescindible"
La confirmación llegó alrededor de las cuatro de la tarde.
La Guardia Civil empezó a recorrer las calles del municipio comunicando una orden que ningún vecino quería escuchar: había que evacuar, lo que nadie quería escuchar, unas palabras que trajeron esos duros recuerdos a la mente de todos. "Nos dijeron que cogiéramos lo imprescindible y saliéramos del pueblo, que nos desalojaban porque el fuego ya estaba muy cerca", sigue explicando Marián. "Ya se veía desde el pueblo que había traspasado la montaña y las llamas estaban cada vez más cerca".
Hay pocas frases tan difíciles de escuchar como esa: coged-lo-imprescindible.
Porque en ese momento cada persona tiene que tomar decisiones imposibles, qué llevarse, qué dejar atrás o qué meter en una mochila cuando no sabe cuándo volverá a abrir la puerta de su casa.
Mientras algunos recogían documentos o medicamentos, otros llamaban a familiares. Muchos intentaban transmitir tranquilidad a los niños y otros seguían pegados al móvil buscando cualquier novedad sobre el incendio.
Un pueblo cuidando de su gente
En una emergencia así, las instituciones resultan fundamentales, pero hay algo que no aparece en los protocolos y que también marca la diferencia: las personas. Nosotros. Vosotros. Todos.
En un pueblo pequeño como en el que yo he crecido, todo el mundo sabe quién vive solo, quién tiene problemas de movilidad o quién puede necesitar ayuda para desplazarse. Por eso, mientras el municipio se preparaba para evacuar, muchos vecinos estaban pendientes de algo más que de sus propias casas.
Había que ayudar a los mayores, había que comprobar que todo el mundo había recibido el aviso, había que organizar vehículos y había que acompañar a quienes estaban más nerviosos.
Sin necesidad de grandes coordinaciones ni de instrucciones formales, Azuébar empezó a hacer lo que llevan haciendo los pueblos toda la vida: cuidarse
La ayuda llegó desde Soneja
Los primeros evacuados fueron trasladados al polideportivo de Soneja.
Y allí comenzó una segunda historia paralela a la del incendio. "La verdad es que Soneja se volcó", explica Jessica Miravete. "Los vecinos prepararon bocadillos, mucha gente acudió al pabellón social del pueblo para ayudar y estuvieron allí pendientes de todo".
La incertidumbre seguía creciendo porque nadie sabía si aquella misma noche podrían regresar a casa. De hecho, conforme avanzaba la tarde las noticias eran cada vez menos optimistas. "Nos dijeron que allí habría agua, comida y todo lo necesario porque no sabíamos si íbamos a poder volver a dormir al pueblo o si tendríamos que pasar la noche fuera", recuerda Marián. "Y efectivamente dijeron que no podíamos volver a Azuébar porque todavía no estaba controlado".
La evacuación ya no era cuestión de unas horas, había que organizar dónde dormir.
El Seminario de Segorbe
Fue entonces cuando apareció una nueva cadena de solidaridad. Desde Altura, el párroco Juan Manuel Fernández ofreció las instalaciones del Seminario Diocesano de Segorbe. Su directora, Ana, acudió personalmente al lugar donde se encontraban los evacuados para coordinar la acogida.
"Lo comentamos y vimos que era mucho mejor para ellos estar en el Seminario, donde tenían habitaciones, baño, camas, cocina y comedor, que dormir en el salón donde Cruz Roja iba a montar camas temporales", sigue contándonos la alcaldesa.
A partir de ahí volvió a ponerse en marcha otra red espontánea de ayuda. "Nos arreglamos con coches, tiramos de amigos y entre todos nos apañamos para subir a la gente a Segorbe". Y al final fueron 41 las personas que pasaron la noche en el Seminario.
Mucho más que un techo
Una vez allí, el objetivo fue intentar que los evacuados estuvieran lo mejor posible dentro de una situación que nadie había elegido. "Se les organizó todo el tema de desayunos, comidas, meriendas y cenas y les compramos kits de aseo y un poquito de todo para que estuvieran allí de la mejor manera posible", sigue indicando Miravete.
También llegaron ventiladores para aliviar el calor de estos días y se organizaron actividades para los más pequeños. "Por la mañana trasladamos allí los servicios educativos del colegio de verano para que estuvieran con los niños, pintándoles las caras, haciendo globos y entreteniéndolos un poco".
El Seminario incluso abrió su piscina para los evacuados.
Y los gestos siguieron multiplicándose. "Ha habido gente que ha traído helados, otros han traído horchata para que la gente merendara. Desde luego, todo el mundo ha sido muy generoso y ha ayudado muchísimo".
Noventa minutos para olvidar el incendio
La imagen más simbólica de la jornada llegó por la noche.
Mientras decenas de vecinos seguían pendientes de las noticias sobre el fuego, el Seminario instaló una pantalla en el patio para que los evacuados pudieran seguir el partido entre España y Portugal. "Les hemos puesto una pantalla para que puedan ver el fútbol", cuenta la alcaldesa.
Porque durante noventa minutos, entre conversaciones, llamadas y mensajes, fue posible hablar de otra cosa: comentar una jugada, celebrar un gol y acabar celebrando la victoria de la selección española. En definitiva, intentar recuperar una normalidad rota por la mitad.
Lo que quedará cuando todo termine
Si las previsiones se cumplen, los vecinos de Azuébar podrán regresar este martes a sus casas. Volverán después de muchas horas marcadas por el miedo, la incertidumbre y el recuerdo inevitable de aquella otra evacuación de 2021 que sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva del pueblo.
Pero también volverán con una certeza. La de haber comprobado, una vez más, que cuando llegan los momentos verdaderamente difíciles siempre aparece alguien dispuesto a ayudar.
El incendio ha dejado imágenes de humo y llamas, pero la historia la han vuelto a escribir las personas. Ahora miraremos a la montaña y la tristeza invadirá nuestros corazones, pero Azuébar sigue adelante.
En Deep Impact, después de que un asteroide hiciera añicos el mundo, Morgan Freeman, ejerciendo como presidente de Estados Unidos dejaba una frase que es una enseñanza en sí misma y que debemos aplicar desde ya mismo: "La vida continuará. Nosotros prevaleceremos". Sea así.