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La playa española que solo deja entrar a 4.812 personas al día: arcos de piedra de 30 metros que solo existen cuando baja la marea

La playa española que solo deja entrar a 4.812 personas al día: arcos de piedra de 30 metros que solo existen cuando baja la marea

Galicia cuenta con un excepcional paraje natural que cambia de aspecto dos veces al día por el efecto de las mareas.

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Galicia ha decidido la reserva y el control para visitar uno de los monumentos naturales más famosos de España.carloalbertoconti@2025

El control de aforo siempre se relaciona más con conciertos y locales, pero no con playas. Es lo que tiene el turismo sostenible y evitar la masificación. Salen ganando los bañistas y la naturaleza, aunque en este caso es un espectáculo que va más allá de tomar el sol o darse un baño. Es escultura y arquitectura natural solo accesible durante unas horas, y está en España.

Hay playas que destacan por la arena, otras por el agua cristalina y algunas por el paisaje que las rodea. Pero pocas ofrecen un espectáculo tan cambiante como la Praia das Catedrais, en la costa de Lugo. Allí, el mar no solo ha moldeado los acantilados durante millones de años, sino que ha creado un escenario de enormes arcos, bóvedas y pasillos naturales que solo pueden recorrerse durante unas horas al día, cuando baja la marea.

Su enorme popularidad ha obligado a regular las visitas. Durante la temporada alta y en fechas de gran afluencia, el acceso al arenal está limitado a 4.812 personas diarias, una medida impulsada por la Xunta de Galicia para proteger uno de los espacios naturales más emblemáticos del norte de España y evitar el deterioro provocado por el turismo masivo.

Un paisaje que desaparece bajo el agua cada día

Situada en el municipio lucense de Ribadeo, la Praia das Catedrais —oficialmente Praia de Augas Santas— debe su nombre a las gigantescas formaciones rocosas que recuerdan a los arbotantes y bóvedas de una catedral gótica.

Algunos de estos arcos naturales alcanzan casi 30 metros de altura, formando corredores de piedra, cuevas y pasadizos que solo quedan al descubierto cuando el Cantábrico se retira. Esa es precisamente una de las claves de su atractivo. La playa cambia completamente con cada marea.

Durante la pleamar, gran parte de las formaciones queda cubierta por el agua y el recorrido resulta inaccesible. Sin embargo, cuando llega la bajamar, el océano deja paso a un paisaje completamente distinto, permitiendo caminar entre las paredes de roca y descubrir rincones que permanecen ocultos la mayor parte del día.

La propia Xunta de Galicia describe este monumento natural como un lugar donde el mar ha creado "todo un repertorio arquitectónico de arcos, columnas y bóvedas", una imagen que explica perfectamente el origen de su popular nombre.

El acceso está regulado para proteger el monumento natural

La enorme repercusión alcanzada por esta playa en redes sociales y guías de viaje hizo necesario limitar el número de visitantes.

Durante la temporada estival y en periodos de máxima demanda, es obligatorio reservar previamente una autorización gratuita para acceder al arenal. El objetivo es conservar un espacio incluido en la Red Natura 2000 y evitar la degradación de un ecosistema especialmente sensible.

Aunque el acceso a la playa está restringido en esos periodos, el paseo acondicionado sobre los acantilados permanece abierto y ofrece espectaculares vistas panorámicas del litoral durante todo el año.

La regulación también contribuye a mejorar la seguridad de los visitantes, ya que el tiempo disponible para recorrer la playa depende completamente del horario de las mareas. 

Mucho más que una playa famosa

Aunque la imagen más conocida corresponde a los grandes arcos de piedra, el entorno protegido va mucho más allá. El espacio natural abarca alrededor de 15 kilómetros de costa, donde se suceden pequeños arenales, acantilados y calas menos conocidas que conservan un ambiente mucho más tranquilo. 

Muy cerca se encuentra Rinio, un antiguo puerto pesquero famoso por sus mariscos y especialmente por el arroz con bogavante, uno de los platos más populares de la gastronomía de esta zona de Lugo. 

Quienes visitan la Praia das Catedrais suelen aprovechar la jornada para recorrer este tramo del litoral gallego, donde naturaleza, patrimonio y tradición marinera conviven a pocos kilómetros de distancia.

Una visita diferente cada vez

Uno de los aspectos que más sorprende a quienes regresan es que nunca encuentran exactamente el mismo paisaje.

La luz cambia el color de las paredes de roca, el viento modifica la superficie de la arena y el mar borra continuamente cualquier huella del día anterior. Cada marea transforma ligeramente el recorrido y convierte la visita en una experiencia distinta.

Quizá por eso la Praia das Catedrais sigue siendo uno de los lugares naturales más fotografiados de España. No solo por la espectacularidad de sus arcos de piedra, sino porque el escenario nunca permanece igual durante mucho tiempo.

El Cantábrico continúa esculpiendo lentamente este monumento natural que lleva siglos cambiando de forma y que, durante unas pocas horas cada día, permite a los visitantes caminar por un paisaje que parece más propio de una inmensa catedral excavada en la roca que de una playa del norte de España.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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