Albert Vila, instructor de supervivencia: "Hay gente cuya fórmula de felicidad es 10.000 euros al mes y todo lujo. Mi fórmula es vivir en el bosque, levantarme con los pajaritos"
Cada vez más personas cambian la ciudad por una vida más sencilla en plena naturaleza.

Hace años que Albert Vila tomó una decisión que muchos considerarían extrema, pero que él describe como el camino hacia la vida que siempre había querido. Nació en la ciudad, estudió para convertirse en guía de montaña y acabó instalándose en el Pirineo, donde vive rodeado de naturaleza mientras dirige una escuela de supervivencia.
Su casa no se parece a la de la mayoría, pero tampoco pretende que lo haga. Para él, el éxito no se mide por el sueldo ni por el tamaño de la vivienda, sino por despertarse cada mañana donde realmente quiere estar.
"Hay gente cuya fórmula es 10.000 euros al mes y full lujo. Mi fórmula es vivir en el bosque, levantarme con los pajaritos, trabajar de lo que a mí me gusta", resume durante una visita en la que muestra cómo es su día a día.
"No buscaba dinero, buscaba la vida que siempre había soñado"
Albert explica que siempre sintió una conexión especial con la montaña. Aunque creció en la ciudad, asegura que desde joven tenía claro que quería instalarse en el bosque.
"Yo nací en la ciudad también, pero siempre quise ir al bosque", recuerda en el mismo vídeo. Aquella idea terminó convirtiéndose en una realidad cuando, con unos 25 años, decidió marcharse al Pirineo para formarse como guía de montaña. Desde entonces, su vida gira alrededor de la naturaleza y de la enseñanza de técnicas de supervivencia.
Su filosofía es sencilla. Cree que perseguir únicamente el dinero suele conducir a la frustración, mientras que dedicarse a una actividad que realmente apasiona acaba dando frutos con el tiempo. "Podría trabajar en otro trabajo que diera más dinero que esto, pero no estaría feliz", afirma. Y añade: "Si tú haces un trabajo que te gusta, acabarás siendo bueno y el dinero será una consecuencia".
Seis años viviendo prácticamente sin comodidades
Durante mucho tiempo, Albert vivió en una tienda de campaña instalada en el bosque. Dormía con temperaturas muy bajas durante el invierno y apenas tenía comodidades.
Recuerda que pasó seis o siete años sin sentarse en un sofá. Por eso, cuando finalmente compró una caravana y pudo colocar uno en el avance, la sensación fue muy distinta. "Me senté aquí y te sientes como si estuvieras en un penthouse de Miami", bromea. Para él, disponer de algo tan cotidiano supuso un auténtico lujo después de años viviendo con lo imprescindible.
Aun así, insiste en que vivir en el bosque no significa renunciar completamente a la comodidad. Tiene ordenador portátil, conexión eléctrica, cocina e incluso reconoce entre risas que también ve series en Netflix. "Vivo en el bosque, pero no soy un ermitaño", explica mientras enseña el interior de su vivienda.

"La felicidad está en gestionar tus expectativas"
Más allá de las técnicas de supervivencia, Albert dedica buena parte de la conversación a hablar sobre cómo entiende la felicidad. En su opinión, muchas personas viven frustradas porque fijan unas expectativas demasiado alejadas de la realidad.
"Si yo quiero un millón de euros al año y estoy en 1.800 euros al mes, esa diferencia de expectativas me abruma y siempre estoy amargado", reflexiona. En cambio, sostiene que cuando el objetivo es más sencillo, resulta mucho más fácil sentirse satisfecho. "Si tu expectativa es una cabañita humilde en el Pirineo y trabajas de lo que quieres, el trocito que te falta para llegar a ella es muy pequeño y eres feliz con muy poca cosa".
También cree que la sociedad actual ha perdido la perspectiva sobre el nivel de bienestar del que disfruta. "Nos quejamos de que vivimos mal, pero hasta hace 50 años ni los reyes tenían duchas cada día ni comían tanto como nosotros", asegura, convencido de que muchas veces se infravaloran las comodidades cotidianas.
Enseñar a sobrevivir... y a vivir de otra manera
Albert dirige una escuela donde imparte una docena de cursos diferentes de supervivencia, desde iniciación hasta programas avanzados en bosque, nieve o desierto.
Su objetivo no es solo enseñar a encender un fuego o construir un refugio, sino transmitir una forma distinta de relacionarse con la naturaleza. Él mismo resume esa filosofía: "Yo vivo así todos los días de mi vida. Es lo que quería, y la consecuencia es que doy cursos de supervivencia".
Por eso no entiende su trabajo como una profesión separada de su vida personal. Para él, ambas cosas forman parte del mismo proyecto. "No recuerdo una época más buena en mi vida que estos últimos años viviendo aquí en el bosque", concluye, convencido de que encontró hace tiempo aquello que llevaba años buscando.
