Despiden a un electricista por unas galletas de 1,80 euros, el extracto del banco demuestra que las pagó y se ha negado a volver tras cobrar 30.000 euros de salarios atrasados
El empleado argumenta que ha perdido la confianza en la empresa y relata las malas formas con las que le trataron cuando le acusaron y le expulsaron.
La empresa Ford le ha pedido a un electricista veterano al que acusó erróneamente de robar una galleta de 1,80 euros que vuelva a trabajar, pero el trabajador se ha negado a regresar, alegando que nunca recibió una disculpa después de haberle despedido erróneamente. Esta insólita historia comenzó en la planta de camiones de Ford en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, en la madrugada del parado 9 de mayo, cuando Kurt Kromm se acercó a un quiosco de autopago de para comprar dos galletas con chispas de chocolate de la marca Grandma's por 1,80 dólares, según ha publicado New York Post.
Kromm, quien pasó 11 años reparando robots y equipos automatizados en la planta de Louisville, ha asegurado que deslizó su tarjeta de débito, pero la pantalla de pago parpadeó en rojo, lo que indicaba que la transacción había fallado. Kromm es diabético, tiene 60 años y su nivel de azúcar en sangre había bajado a 60 durante su turno de noche, así que volvió a pasar la tarjeta. Esta vez, la máquina no mostró la habitual marca de verificación verde de aprobación, pero tampoco rechazó el pago.
Tras creer que la compra se había realizado correctamente, Kromm volvió al trabajo. Pero, una semana después, el pasado 16 de mayo, dos supervisores lo citaron a la oficina de trabajo, donde le mostraron un video de vigilancia y lo despidieron por supuestamente robar la galleta. “El negociador dijo: ‘Esto es malo’”, recuerda Kromm. “Les pregunté: ‘¿Por qué?’ Me respondieron: ‘Quieren despedirte por coger una galleta’. Yo les dije: ‘¿De qué están hablando?’”
Kromm asegura que los responsables de la empresa le mostraron imágenes de vigilancia de un quiosco de autopago de Aramark que parecían mostrar una transacción fallida después de que él deslizara su tarjeta de débito. Según su relato, "Ford lo escoltó inmediatamente fuera de la planta y se negó a dejarlo recoger sus pertenencias": “Simplemente me despidieron y me echaron del edificio”, asegura Kromm. “Tuve que pedirle al representante sindical que me ayudara a recuperar mi computadora portátil personal porque no me dejaban ir a buscar nada: ‘Estás despedido, lárgate’”.
Tras ser despedido, Kromm se puso a trabajar reuniendo pruebas de que, efectivamente, había pagado los 1,80 euros por la galleta. Días después, le pidió a un antiguo compañero de trabajo que fotografiara el quiosco de la sala de descanso donde se mostraba el precio real de la galleta. Luego, revisó de nuevo sus extractos bancarios. “El cargo estaba ahí”, recuerda Kromm. “Estaba en mi tarjeta de crédito, el primer cargo del día a las 3.38 de la mañana”.
Así que inmediatamente envió por correo electrónico capturas de pantalla de la transacción a los ejecutivos laborales de Ford y a los dirigentes sindicales. Según Kromm, la empresa respondió unos 10 días después exigiendo un extracto bancario notariado que verificara el pago. Kromm lo proporcionó y, semanas más tarde, Ford le informó que sería reincorporado con el pago íntegro de los salarios atrasados, aproximadamente 30.000 euros, y lo invitó a regresar.
Pero para entonces, dijo Kromm, el daño ya estaba hecho. Se negó. “Emocionalmente no podía volver”, dice. “Trabajé con 8.500 personas. No pude despedirme de nadie. Estuve allí 11 años”. “No hubo disculpas. No hubo un 'lo sentimos' serio”, añade, “simplemente dijeron: ‘¿Ah, no vas a volver?’ No, no me interesa volver”. Había perdido la confianza en la empresa.