Estudiantes crean una granja orgánica para transformar la agricultura y sentencian: "No me arrepiento de haberme alejado de la ingeniería"
“Estoy mucho mejor aquí”, asegura uno de ellos.

En plena crisis climática y con el campo francés sacudido por protestas y dudas sobre su futuro, un grupo de estudiantes ha decidido dar la espalda a la ingeniería tradicional para fundar una granja orgánica colectiva en el Tarn. Su apuesta por la agroecología y la vida comunitaria no solo cuestiona el modelo agroindustrial dominante, sino que plantea una alternativa concreta basada en la cooperación, la diversidad de cultivos y el respeto por la biodiversidad.
El proyecto, una granja colectiva que suma 70 hectáreas y varios oficios, nació de la decisión de varios graduados de AgroParisTech de buscar un oficio con sentido ecológico y comunitario. Con ello pretenden desafiar el modelo agroindustrial y ofrecer una alternativa práctica a las “vías destructivas” que, según ellos, fomentan muchas escuelas de ingeniería. La iniciativa funciona bajo un esquema cooperativo que permite compartir responsabilidades, recursos y beneficios.
Un movimiento que comenzó en 2022, cuando un grupo de estudiantes interrumpió ceremonias de graduación para denunciar que las grandes escuelas empujan hacia carreras que contribuyen a la “devastación social y ambiental”. "Francamente, no me arrepiento de haberme alejado del mundo de la ingeniería en estas circunstancias. Estoy mucho mejor aquí que trabajando para una gran empresa agroindustrial", explica Théophile Duchateau, uno de los graduados que optó por dejar la senda tradicional, en declaraciones recogidas por France 3.
Cómo funciona la granja
Théophile es hoy miembro activo de la iniciativa colectiva llamada ‘Les Jardins de Midgard’. Participa en la gestión diaria de la granja, colabora en la producción de verduras, pan y cerveza, y mantiene un fuerte compromiso con la conservación ambiental a través de proyectos de agroforestería, mientras defiende un modelo agrícola que prioriza la sostenibilidad, la cooperación entre agricultores y el vínculo con la comunidad local.
El proyecto, iniciado en 2022 y lanzado oficialmente en 2023, reúne a nueve personas que gestionan en común 70 hectáreas. El colectivo integra tres horticultores, un panadero-agricultor, dos productores de cerveza y criadores de gallinas ponedoras. Además, otro miembro procesa verduras en conserva para venta directa en la finca y en mercados locales. El grupo gestiona las actividades de manera conjunta, priorizando la sostenibilidad, la diversidad de producción y la cooperación entre sus miembros.
No obstante, los impulsores reconocen que la puesta en marcha no es sencilla, ya que no todas las actividades generan todavía salarios para todos los miembros y los apoyos públicos son limitados en determinados sectores. “Logramos establecernos, pero teníamos la ventaja de contar ya con algo de dinero. No todos tienen esas oportunidades”, admiten y reclaman decisiones políticas que faciliten la permanencia de jóvenes agricultores en el medio rural.
Para los responsables de la granja, modelos como el suyo son prueba de que otra agricultura es posible: más diversa, más ligada a la comunidad y menos dependiente de la estandarización para la industria. Además, muestran simpatía por las movilizaciones de agricultores que han marcado 2025 en el suroeste de Francia, y defienden la legitimidad de las reivindicaciones sobre precios y competencia internacional.
