Irene Masero, camionera, sobre el machismo en el sector: "La mayoría de veces tengo que ducharme en los baños de hombres, porque en los de mujeres no hay duchas"
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Irene Masero, camionera, sobre el machismo en el sector: "La mayoría de veces tengo que ducharme en los baños de hombres, porque en los de mujeres no hay duchas"

Su historia se hace viral al mostrar la cara menos visible de la carretera: "La ergonomía de los camiones sigue diseñada para hombres".

CamionesSiri Berting

Durante años, la imagen del camionero ha estado asociada casi exclusivamente a hombres. Pero cada vez más mujeres están entrando en el sector… y contando lo que muchas veces no se ve. Es el caso de Irene Masero, una camionera asturiana que ha empezado a hacerse viral por compartir su experiencia real en la carretera, sin filtros.

Su testimonio no solo ha llamado la atención por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta: con naturalidad, pero señalando problemas que siguen siendo estructurales. "La mayoría de veces tengo que ducharme en los baños de hombres, porque en los de mujeres no hay duchas", explica. Una frase que resume una realidad que muchos desconocían… y que ha generado una oleada de reacciones.

Un sueño que empezó con un obstáculo 

La historia de Irene no empieza en la cabina de un camión, sino mucho antes. Desde pequeña soñaba con dedicarse a la carretera, pero había un problema: no cumplía con los requisitos de visión.

"Siempre me ha encantado conducir y soñaba con ser camionera, pero no daba la visión mínima", recuerda. Lejos de renunciar, tomó una decisión que cambiaría todo: operarse en 2025 para poder acceder a la profesión.

Ese paso marcó el inicio de un camino que no iba a ser fácil. "Para mí esto era un reto personal; al final suponía entrar a formar parte de un mundo de hombres", explica.

Más de 500 currículums… y un prejuicio constante

Con los permisos en regla -y tras aprobar a la primera los siete exámenes necesarios-, llegó el siguiente muro: encontrar trabajo.

"Envié más de 500 currículums", cuenta. Y ahí se encontró con otra barrera menos visible, pero igual de real: los estereotipos.

"Siempre están los típicos de que las mujeres no sabemos conducir", asegura. Finalmente, una empresa cántabra le dio la oportunidad que necesitaba. Desde entonces, recorre España al volante de su tráiler… decorado, como ella misma dice, "de forma muy divertida, lo llevo lleno de unicornios".

Ser camionera no es solo conducir. Irene lo explica con claridad: jornadas de entre 9 y 10 horas al día, planificación constante de rutas, cálculo de tiempos… y un desgaste mental importante.

"La cabeza está en funcionamiento constante", señala. A eso se suma la dificultad de conciliar la vida personal, aunque en su caso comparte profesión con su marido, lo que le permite coincidir en algunas paradas.

Pero hay algo más: problemas que no tienen que ver con el trabajo en sí, sino con el entorno.

"Todo está pensado para ellos"

Aquí es donde su testimonio ha tenido más impacto. Irene no solo habla de experiencias puntuales, sino de un sistema que, según explica, sigue diseñado pensando en hombres.

"La ropa de trabajo está confeccionada para ellos y la ergonomía de los camiones sigue estando diseñada para el cuerpo de los hombres", afirma. Algo que, en la práctica, se traduce en incomodidad constante.

Y luego está el tema de las instalaciones: "La mayoría de veces tengo que ducharme en los baños de hombres". No es una anécdota aislada, sino una consecuencia directa de la falta de infraestructuras adaptadas.

Entre el apoyo… y los comentarios machistas

A pesar de todo, Irene reconoce que una vez dentro del sector, la respuesta general ha sido positiva. "Cuando llego a destino a veces se quedan extrañados, pero normalmente recibo mensajes positivos", cuenta.

Sin embargo, su presencia en redes también ha sacado a la luz otra cara menos amable. Comentarios como "vete a fregar" o "pisapedales",un término despectivo para novatos, siguen apareciendo.

Lejos de esconderlo, decide mostrarlo. Porque ese es, en parte, el objetivo de sus vídeos: visibilizar lo que no se suele contar.

De la música al camión (y vuelta)

Porque Irene no solo vive en la carretera. Antes de ser camionera, se dedicaba a la música, y todavía hoy mantiene esa faceta los fines de semana con su grupo.

Esa dualidad también forma parte de su historia. Y de su mensaje: no hay un único camino, ni una única forma de ser.

"No pretendo ser referente… pero estoy contando lo que pasa"

En redes sociales, Irene comparte anécdotas, problemas y aprendizajes. Desde averías hasta errores de principiante. Sin dramatizar, pero sin maquillar.

"No quiero ni pretendo ser referente de nadie", dice. Pero lo cierto es que su historia está sirviendo para algo más: poner sobre la mesa una realidad que muchos desconocían.

Una profesión infravalorada… y más compleja de lo que parece

Otro de los puntos que destaca es la percepción social del oficio. "Parece que no tenemos estudios o que, por ser camioneros, somos la última basura", lamenta.

Nada más lejos de la realidad. Irene tiene formación en Administración de Empresas y sigue estudiando Logística y Transporte. Porque, como ella misma dice, dedicarse a la carretera no significa ser menos.

Lo que ha hecho que su historia conecte no es solo lo llamativo de algunas declaraciones, sino el conjunto. El esfuerzo, las barreras, la normalidad con la que cuenta lo difícil.

Su caso refleja algo más amplio: los avances que se han conseguido… y lo que aún queda por cambiar en sectores tradicionalmente masculinizados.

Lo que muchos no sabían 

Quizá lo más impactante de todo no es una frase concreta, sino la sensación que deja su historia. Esa idea de que hay realidades que pasan desapercibidas hasta que alguien las cuenta.

Y en este caso, Irene lo está haciendo desde dentro. Sin dramatizar, pero sin callarse. Y eso, en muchos casos, es lo que realmente cambia las cosas.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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