Jaime Palomera, experto en vivienda, sobre el debate de la densificación: "Hay municipios en los que la saturación no la generan los residentes. La generan los flujos del turismo"
Los expertos advierten de que hay zonas que ya no pueden asumir más densidad.

¿Más viviendas o más saturación? El debate sobre cómo afrontar la crisis de vivienda en Barcelona y su área metropolitana ha entrado en una nueva fase. La propuesta de densificar zonas ya urbanizadas para construir más pisos ha reabierto una discusión incómoda: hasta qué punto las ciudades pueden seguir creciendo sin colapsar.
En ese contexto, una idea empieza a ganar fuerza entre los expertos: no toda la saturación urbana tiene que ver con sus vecinos. “Hay municipios en los que la saturación no la generan los residentes. La generan los flujos del turismo”, advierte Jaime Palomera, investigador urbano, en declaraciones recogidas por El País. Una afirmación que introduce un matiz clave en un debate tradicionalmente centrado en la densidad de población.
La propuesta del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, de aumentar la densidad en 69 áreas estratégicas para crear hasta 240.000 viviendas ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos ven en ella una solución necesaria ante la falta de oferta, otros alertan del riesgo de empeorar la calidad de vida en ciudades ya al límite.
Un mapa desigual: cuando todos queremos vivir en los mismos sitios
Uno de los puntos de consenso entre urbanistas es que densificar no implica necesariamente empeorar las condiciones urbanas. Al contrario, bien planificada, puede hacerlas más eficientes.
Las ciudades compactas permiten una mayor proximidad a servicios, mejor transporte público y más actividad económica; pero ese equilibrio se rompe cuando se superan ciertos límites. Municipios como l’Hospitalet de Llobregat, entre los más densos de Europa, son el ejemplo que muchos ponen sobre la mesa para advertir de los riesgos.
El reto, por tanto, no es solo construir más viviendas, sino decidir dónde y cómo hacerlo. Y, bajo esta premisa, los estudios citados por El País dibujan un área metropolitana con realidades muy distintas.
Por un lado, hay ciudades que deberían incluso reducir su densidad. Pero por otro, también se encuentran municipios con margen de crecimiento e incluso zonas con suelo disponible para absorber parte de la demanda.
En total, se calcula que la región metropolitana de Barcelona deberá acoger a unas 700.000 personas más en las próximas dos décadas. Eso se traduce en la necesidad de casi medio millón de nuevas viviendas.
Sin embargo, el problema no es solo de suelo, sino que también es de modelo. Muchos de los nuevos desarrollos urbanísticos previstos tienen densidades bajas en comparación con los límites legales, lo que abre la puerta a replantear cómo se construye.
El elefante en la habitación: viviendas vacías y uso turístico
Aquí es donde entra en juego el factor que señala Palomera: el uso real de las viviendas. Y es que parte del problema es que, en muchas zonas, parte del parque inmobiliario no se destina a residencia habitual. Viviendas vacías, pisos turísticos o inmuebles con otros usos reducen la oferta disponible sin necesidad de levantar un solo edificio más.
“Cuando eso suceda, se puede hablar de densificar, pero haciéndolo bien”, sostiene el experto en vivienda. Es decir, aprovechando las construcciones que ya existen antes de expandir aún más las ciudades.
Todo esto hace que la masificación turística, en este sentido, se convierta en un importante elemento distorsionador, ya no solo por la presión que ejerce sobre los servicios, sino por Crecer hacia dentro (y con límites).
Crecer hacia dentro (y con límites)
El debate de fondo no es nuevo, pero sí más urgente que nunca: una ciudad compacta frente a una gran expansión urbana. El dilema es si construir hacia dentro o seguir ocupando más territorio.
Los expertos coinciden en que Cataluña aún tiene margen para crecer sin devorar suelo, pero advierten de que no todas las zonas pueden asumir más densidad. Y, sobre todo, insisten en que cualquier estrategia debe ir acompañada de inversión en servicios públicos.
En un escenario de demanda creciente y recursos limitados, la pregunta ya no es solo cuántas viviendas hacen falta, sino en qué tipo de ciudad se quiere construir y quién (residentes o turistas) acaba marcando realmente sus límites.
