Lluís, arquitecto: "Se construye para el turista que está tres días, no para quien vive todo el año"
"Cada vez hay ciudades más bonitas… y menos habitables".

El impacto del turismo en ciudades como Barcelona o Palma no solo se mide en cifras de visitantes o precios de vivienda. También está cambiando, de forma más profunda, la manera en que se construyen y se organizan los espacios urbanos.
Fachadas, locales, plazas… todo empieza a responder a una lógica distinta, donde el visitante gana protagonismo frente al residente. Lluís, arquitecto catalán de 35 años que lleva ocho viviendo en Mallorca, lo observa desde dentro del sector y lo resume con una idea clara: “Las ciudades ya no se diseñan para vivir, sino para ser consumidas”.
El paso de barrio a producto
Para Lluís, uno de los cambios más evidentes es conceptual: “Antes el urbanismo se pensaba para el vecino: cómo se mueve, qué necesita, cómo vive. Ahora, en cambio, se diseña pensando en alguien que va a estar tres días, que quiere ver, consumir y marcharse”.
Esa diferencia, aparentemente sutil, tiene consecuencias visibles. “El centro deja de ser un barrio y se convierte en un escaparate”, afirma. “Y eso es un gran problema para la vida cotidiana. Cada vez hay ciudades más bonitas… y menos habitables”, añade.
Uno de los efectos más claros es la homogeneización de los espacios urbanos. “Viajas y ves lo mismo en todas partes: los mismos locales, las mismas terrazas, los mismos materiales… Es lo que llamamos ‘una estética global’”, apunta. Para Lluís, esto implica una pérdida progresiva de identidad. “Las ciudades empiezan a parecerse entre sí porque se diseñan bajo los mismos criterios turísticos, pero esto hace que se pierda la esencia, la particularidad y la identidad de cada sitio”, censura.
En Mallorca lo ha visto con claridad en los últimos años. “Hay zonas que han cambiado completamente su aspecto en muy poco tiempo”, explica. “Y en Barcelona ya ni te cuento, hace muchos años que el centro de Barcelona es prácticamente inhabitable para los residentes”, asegura el catalán.
Arquitectura pensada para la rotación
El impacto del turismo también se nota en plazas, calles y espacios comunes, con la construcción de unos espacios públicos que cambian de función. “Los espacios públicos se adaptan a un uso más intensivo y más comercial”, indica el experto.
Esto puede traducirse en más terrazas, más tránsito y menos espacio para el día a día del residente. “Los espacios públicos pierden su función como lugar de convivencia y pasan a ser lugares de paso o de consumo”, explica Lluís.
Como arquitecto, reconoce que el propio sector también forma parte del problema. “Muchas veces trabajamos en proyectos que responden a esa lógica, porque es lo que se pide”, admite.
Sin embargo, Lluís cree que es necesario replantear el enfoque. “La arquitectura debería volver a centrarse en cómo se vive, no solo en cómo se consume. Si dejamos de diseñar para vivir, estamos cambiando la esencia misma de lo que es una ciudad”.
La gran pregunta, para Lluís, es qué tipo de ciudades se están construyendo. “Cada vez son más atractivas para el visitante, pero más difíciles para el residente”, asegura. Y ahí está, según él, el riesgo principal: “Perder el equilibrio que hace que una ciudad sea, ante todo, habitable”.
El equilibrio que no llega
Respecto a la pregunta del millón, Lluís no plantea eliminar el turismo, pero sí cuestiona su peso en las decisiones urbanísticas. “El problema no es el turismo, es que lo condiciona todo”, explica. Desde su punto de vista, “falta equilibrio”.
Lluís también destaca una sensación compartida por muchos residentes, impulsada en gran medida por este replanteamiento del espacio físico: “Hay una desconexión entre la ciudad y quien vive en ella”.
Según el arquitecto, esa desagradable sensación tiene mucho que ver con cómo se diseñan los espacios. “Si todo está pensado para otro, tú dejas de sentirlo como propio”, concluye el experto en urbanismo.
