Javier, dueño de una tienda en un pequeño pueblo de Zamora: "Voy trayendo más o menos lo que la gente pide"
Todo por y para los vecinos del municipio.
En los pequeños pueblos, las tiendas de proximidad no son solo lugares para comprar alimentos: son espacios de encuentro, conexión y apoyo diario. Mantenerlas abiertas significa garantizar que los vecinos puedan acceder a lo esencial, conservar parte de la vida social del pueblo y sostener la actividad económica local. Estos comercios son especialmente importantes en localidades donde la población no para de menguar.
En Moreruela de los Infanzones, un pequeño municipio de Zamora, esa función la cumple la tienda de Javier Merino. Pequeña y abarrotada, con estanterías que llegan hasta el techo y rincones llenos de calendarios, dulces y flores de temporada, su comercio se ha convertido en un punto de referencia para los vecinos. Desde hace más de 25 años, Javier adapta día a día su oferta a lo que la gente del pueblo pide.
“La tienda la abrió primero mi cuñado y, después de un tiempo, se la cogí yo; cuando me casé”, explica Javier en declaraciones a Diario de Zamora, que asegura que desde entonces ha sido punto de encuentro y abastecimiento casi continuo. “Voy trayendo más o menos lo que la gente pide”, confiesa, una filosofía que le ha permitido mantener el negocio pese a márgenes ajustados y a la caída de clientes.
Una oferta muy variada
La realidad demográfica no ayuda: la localidad ha pasado de rondar los 480 habitantes a principios de siglo a poco más de 320 en años recientes, según el INE. Esa condición poblacional obliga a los comerciantes a reinventarse o a completar la oferta con productos no estrictamente alimentarios para amortiguar épocas bajas. Javier Merino lo sabe bien, ya que a lo largo de los años ha ajustado cuidadosamente lo que trae a su tienda.
En el interior del establecimiento, cada producto tiene su porqué. Cuando las ventas escasean, se apuesta por aquello que está a la orden del día: flores para los Santos, dulces típicos en Semana Santa, o lácteos y fruta que se venden a diario. Al final del día, explica, las compras locales funcionan “con riego económico por goteo”, es decir, no llenan despensas para una semana completa, pero garantizan que el pueblo tenga a mano lo básico.
Esa cercanía es, para muchos vecinos, un valor que sólo se aprecia de verdad cuando la última tienda echa el cierre. En el caso de Moreruela de los Infanzones, mientras Javier mantenga abierta su tienda, los vecinos saben que siempre habrá un lugar donde conseguir lo imprescindible, intercambiar unas palabras y conservar un pequeño hilo de vida comunitaria que, en muchos pueblos, corre el riesgo de desaparecer.