Joaquin García, agente del FBI durante 24 años, llegó a pesar 226 kilos: "Cuanto más gordo me ponía, mejor agente encubierto era"
"Mi peso se convirtió en mi mejor disfraz en un mundo donde la desconfianza lo es todo", ha señalado.
En el imaginario colectivo, un agente del FBI encubierto suele responder a un perfil discreto, atlético y difícil de detectar. Sin embargo, la historia de Joaquín García rompe por completo ese estereotipo. Durante más de dos décadas infiltrado en algunas de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo, su físico, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en su mayor ventaja.
“Cuanto más gordo me ponía, mejor agente encubierto era”, ha explicado en una entrevista para Business Insider, resumiendo una estrategia tan inesperada como efectiva. García llegó a pesar alrededor de 226 kilos en una de sus misiones más delicadas, un dato que, lejos de perjudicarle, le ayudó a pasar desapercibido.
Durante sus 24 años en el FBI, se infiltró en redes que iban desde la mafia italiana hasta cárteles mexicanos o grupos del crimen organizado asiáticos y rusos. En todos esos entornos, donde la sospecha constante forma parte del día a día, su apariencia jugó a su favor. “Mi peso se convirtió en mi disfraz en un mundo donde la desconfianza lo es todo”, asegura.
Un físico que generaba confianza
En los círculos criminales, explica, nadie esperaba que un hombre con su peso encajara con el perfil de un agente federal. “Los narcotraficantes se sentían muy cómodos a mi alrededor”, recuerda. Esa cercanía le permitía acceder a conversaciones clave sin levantar sospechas.
Lejos de intentar ocultar su cuerpo, lo utilizaba como herramienta. “No intentaba encogerme en una silla ni disimular la barriga. Lo dejaba salir todo”, relata. Esa naturalidad reforzaba su papel y contribuía a consolidar su tapadera.
Pero su tamaño no solo le ayudaba a integrarse: también le servía como escudo. “Mi tamaño me daba una excusa perfecta para decir que tenía problemas cardíacos”, explica. Gracias a ello, podía evitar situaciones comprometidas: “Si me pedían consumir drogas o hacer algo violento, podía justificarme”.
Incluso tenía un plan extremo en mente: “Si la mafia me pedía matar a alguien, pensaba fingir un ataque al corazón”. Nunca tuvo que hacerlo, pero demuestra hasta qué punto su físico formaba parte de su estrategia.
La comida, parte de la tapadera
Además, asegura que en el entorno de la mafia italiana la comida jugaba un papel central. “Todo gira en torno a la comida”, explica García, comparándolo con lo que muestra la serie Los Soprano. “Si la ves, siempre están comiendo, y es porque esa es su cultura”.
Para él, esa dinámica resultó casi natural. De origen cubano, disfrutaba de la comida y eso facilitaba su integración. “No tenía que fingir. Cuanto más comía, más contentos estaban”, cuenta.
Ese estilo de vida tuvo consecuencias evidentes. Durante esa misión, pasó de unos 180 kilos a rozar los 227. “¿Era saludable? Absolutamente no”, reconoce. Aun así, no culpa a nadie: “Como porque me gusta y me hace sentir bien”.
Las secuelas tras dejar el FBI
Cuando finalmente se retiró en 2006, su peso superaba los 227 kilos. Desde entonces, García ha intentado reducirlo con diferentes métodos, desde dietas hasta cambios de rutina.
Actualmente, ha logrado perder unos 45 kilos, aunque reconoce que es una lucha constante. “He llegado a aceptar que esto es una batalla continua. Ganas algunas peleas, pero no la guerra”, reflexiona.
Un punto de inflexión llegó tras desmayarse en casa y pasar dos meses hospitalizado. Desde entonces, ha adoptado hábitos más estructurados: tres comidas al día, caminatas diarias y una dieta más controlada.
Pero a pesar de las consecuencias físicas, García tiene clara su valoración global. “Mi único defecto es que he engordado; estoy agradecido por ello”, afirma con tranquilidad, sintiéndose afortunado.
Así, el exagente secreto explica que tras pasar toda la vida dedicada a un trabajo donde muchos agentes terminan con problemas de adicción, enfermedades mentales o rupturas personales, su mayor secuela ha sido el peso.