Juan Evaristo Valls Boix (35), filósofo de la Complutense: "En esta ideología ultranarcisista, lo único que está prohibido es decir que no"
En ese modelo, el agotamiento no es un fallo del sistema. Es parte de su funcionamiento.

Hay una idea que se ha instalado sin que casi nos demos cuenta: hay que estar en todo. Trabajar, producir, consumir, socializar, no perderse nada. Decir que sí a cada plan, a cada oportunidad, a cada estímulo. El filósofo Juan Evaristo Valls Boix lanza una frase en una entrevista en El País que desmonta el sistema desde dentro: "En esta ideología ultranarcisista, lo único que está prohibido es decir que no".
No es una exageración. Es un diagnóstico. Y explica por qué cada vez más personas sienten agotamiento, ansiedad o una sensación constante de no llegar.
Del FOMO al JOMO: aprender a perderse cosas
Valls Boix propone un giro que, a primera vista, parece simple: pasar del FOMO (fear of missing out, miedo a perderse algo) al JOMO (joy of missing out, alegría de perderse cosas).
Pero no lo plantea como una moda de autocuidado. Lo plantea como algo más profundo:
una forma de resistencia frente a la lógica del rendimiento permanente. Según explica, el FOMO no calma la ansiedad. La alimenta. Porque convierte la vida en una carrera constante por acumular experiencias.
El JOMO, en cambio, introduce otra idea de placer: descansar, no estar en todo y permitirse desaparecer. No como evasión individual, sino como un gesto con dimensión colectiva.
El sujeto perfecto: cansado, ansioso… y obediente
Uno de los conceptos más incómodos de su pensamiento es el del "zombi hedónico". Un perfil que, según el filósofo, encaja perfectamente en el capitalismo actual: cansado, ansioso, sin capacidad crítica y enganchado al consumo. "El depresivo es una figura obediente: gira en la rueda del consumo esperando que el siguiente producto alivie su malestar", explica Valls Boix. En ese modelo, el agotamiento no es un fallo del sistema. Es parte de su funcionamiento.
El exceso de positividad: por qué cuesta tanto decir "no"
El filósofo recoge una idea del pensador Byung-Chul Han: el "exceso de positividad". En este marco, negarse —decir “no”— se percibe como un obstáculo para la felicidad. Como un error.
El resultado es un entorno donde todo debe ser posible, todo debe aprovecharse, todo debe convertirse en experiencia y donde poner límites se vuelve casi un acto subversivo.
La pandemia como punto de ruptura
Para Valls Boix, la pandemia marcó un antes y un después. Hasta entonces, el relato dominante era que el trabajo era un espacio de realización personal. Bastaba con esfuerzo y entusiasmo.
Pero ese relato se resquebrajó. Durante la pandemia, casi todo se detuvo… excepto la exigencia de producir. Y eso generó una ruptura emocional con el trabajo. Fenómenos como la Gran Renuncia o la pérdida de fe en la meritocracia son, en parte, consecuencia de ese momento.
¿Quién puede permitirse parar?
El filósofo reconoce un punto incómodo: no todo el mundo puede salir de esa dinámica. Parar, descansar o rechazar el ritmo impuesto sigue siendo, en muchos casos, un privilegio.
Pero insiste en la idea de que aunque no sea posible para todos, debe ser un derecho para todos. Porque el cambio empieza también en lo que una sociedad considera deseable.
Valls Boix no rechaza el trabajo en sí. Rechaza su centralidad absoluta. Plantea una distinción: trabajo como empleo asalariado, con el eje dominante de la vida; y trabajo como cuidado, comunidad o creación, de dimensiones invisibilizadas.
El problema, según él, es que la primera ha eclipsado completamente a las demás. Y ahí es donde introduce su defensa de la "pereza" como correctivo: no como inacción, sino como límite.
La otra cara del éxito: perder como posibilidad
En una cultura obsesionada con ganar, el filósofo reivindica otra idea: aprender a perder. No como fracaso, sino como apertura. Hacer y fallar frente al miedo a no cumplir las expectativas o fracasar. Perder rompe la lógica de acumulación y permite imaginar otras formas de vida. Es una manera de salir del guion.
Su reflexión no es solo académica. El propio Valls Boix reconoce que habla desde dentro del problema: "Soy un adicto al trabajo y hablo desde la posición del enfermo". La pandemia, una separación personal y cambios en su vida profesional le llevaron a replantearse su relación con el trabajo. Ahí empezó su giro.
Una crítica que apunta más allá del individuo
El riesgo de este tipo de discurso es interpretarlo como una invitación a desconectar individualmente. Pero el filósofo insiste en lo contrario: no se trata de aislarse, sino de repensar colectivamente cómo queremos vivir.
Eso incluye cuestiones concretas de acceso a vivienda, regulación de mercados, límites a la especulación e intervención en plataformas como Airbnb. Para él, no son utopías. Son decisiones políticas posibles.
