Laura Rojas-Marcos (55), psicóloga clínica: "El cotilleo surge a partir del aburrimiento, pero también del sentimiento de inferioridad y la inseguridad; siempre subyace el deseo de conectar"
Cuando se disfruta de las desgracias ajenas, el cotilleo puede ser muy dañino.

El cotilleo no es algo nuevo ni exclusivo de las redes sociales. Desde que el ser humano empezó a hablar y a vivir en comunidad, la curiosidad por la vida de los demás ha estado ahí, funcionando casi como una forma primitiva de conexión social. Cambian las formas, antes alrededor de una plaza hoy a través de una pantalla, pero la esencia de compartir información y sentirse parte de un grupo sigue siendo la misma.
Sobre esa necesidad tan humana de hablar de los demás reflexionó la psicóloga clínica Laura Rojas-Marcos, durante una conversación en La aventura del saber, donde analizó el fenómeno del cotilleo desde un punto de vista psicológico y social. La experta explica que no todos los cotilleos son iguales y que, aunque muchas veces nacen simplemente de la curiosidad o del deseo de conectar con otros, también pueden esconder sentimientos como la inseguridad, la envidia o el aburrimiento.
Para la experta, hablar sobre otras personas, especialmente cuando se trata de figuras conocidas o temas que generan interés colectivo, crea conversación y refuerza vínculos entre quienes participan en ella. Sin embargo, la psicóloga advierte que esa curiosidad puede adquirir un tono más dañino cuando entra en juego la malicia o el disfrute de las desgracias ajenas. “El cotilleo surge a partir del aburrimiento, pero también del sentimiento de inferioridad y la inseguridad”, señala Laura.
Ser prudente y tener empatía
Aun así, insiste en que el problema no está tanto en hablar de otros como en la intención con la que se hace y en las consecuencias que esas palabras pueden tener. “Siempre subyace el deseo de conectar, y muchas personas conectan a partir del cotilleo, incluso del cotilleo perverso”, explica, advirtiendo que cuando se pierde la empatía y el respeto hacia los demás, esa necesidad de compartir información puede terminar convirtiéndose en una forma de hacer daño.
Ahí, el cotilleo deja de ser un intercambio inocente y se convierte en una herramienta de desgaste, en un terreno donde la información puede usarse para distorsionar, herir o alimentar rumores difíciles de frenar. Especialmente en la era de las redes sociales, donde cualquier comentario puede multiplicarse en cuestión de segundos, es importante tener empatía y ser prudente antes de hablar sobre la vida de otras personas.
El mensaje que deja Laura es claro: el cotilleo forma parte de la naturaleza humana y seguirá existiendo mientras las personas necesiten relacionarse y compartir experiencias. Sin embargo, la psicóloga insiste en la importancia de poner límites, actuar con empatía y pensar en el impacto que pueden tener las palabras sobre los demás. En una época marcada por la exposición constante y la rapidez con la que circula la información, aprender a comunicarse con respeto y discreción es clave para una convivencia más sana.
