Se van de vacaciones a Alicante y al volver a Reino Unido vetan la entrada a su bebé de 11 meses: "Es ridículo"
“Pensamos que debía ser un fallo del sistema”, cuenta la madre.

Los aeropuertos son lugares donde las normas se aplican al milímetro y donde un simple documento puede marcar la diferencia entre subir al avión o quedarse en tierra. Ni siquiera los más pequeños se libran de unos controles cada vez más estrictos, en los que la edad importa poco cuando falta el papel correcto. Esto fue lo que le pasó a una familia inglesa que volvía a casa después de unas vacaciones en Alicante.
La pareja, residente en Aberdeenshire, vio cómo las autoridades les impedían embarcar rumbo a Reino Unido porque su hija de 11 meses no llevaba la documentación adecuada tras un reciente cambio en las normas de entrada para ciudadanos con doble nacionalidad. Aunque la pequeña, Lily Rodgers, había nacido en Escocia y viajaba con pasaporte austriaco, el documento ya no era suficiente para regresar al país.
Según explicó la madre, Sarah Rodgers, el problema se detectó en la puerta de embarque, cuando la familia ya había facturado y subido su equipaje al avión. “Pensamos que debía ser un fallo del sistema”, contó en declaraciones recogidas por la BBC, pero al poco después les pidieron recoger las maletas y acudir al mostrador de información. Al comprobar que no podrían coger ese vuelo, la pareja acabó buscando ayuda consular.

Todo por un cambio administrativo
Desde el 25 de febrero, los ciudadanos británicos con doble nacionalidad ya no pueden entrar en el país usando cualquier pasaporte extranjero sin más. El Gobierno británico indica que los nacionales británicos e irlandeses están exentos del ETA (Electronic Travel Authorisation), pero deben viajar con un pasaporte británico válido y un certificado digital de derecho vinculado a su otro pasaporte. Sin uno de estos documentos, corren el riesgo de que se les deniegue el embarque o la entrada al Reino Unido.
Sarah sostiene que el pasaporte austriaco de Lily señala que nació en Gran Bretaña y que incluso ofreció enseñar el certificado de nacimiento como prueba, pero no fue suficiente para embarcar. “Conozco a mucha gente con hijos de doble nacionalidad y todos con los que he hablado no lo sabían. En mi opinión, es ridículo”, sentencia la madre, quien asegura que el caso le ha pillado por sorpresa y que le podría pasar a otras familias.
Desde el Ministerio del Interior británico defienden que la campaña informativa sobre la documentación correcta para ciudadanos con doble nacionalidad venía anunciándose desde hace meses y que el objetivo de la medida es reforzar la seguridad fronteriza. Sin embargo, la historia de los Rodgers muestra el coste humano de un cambio administrativo que acabó convirtiendo un regreso de vacaciones en una pesadilla.
