Leiva carga contra la cultura del esfuerzo: "La meritocracia me escama bastante, hay muchos ejemplos donde no llega el premio por el esfuerzo"
"Mi carrera está formada a golpe de trabajo, principalmente a golpe de suerte y secundariamente a golpe de talento".

Leiva es un referente de la música y la cultura actual, y sus palabras suelen tener gran repercusión e influyen en muchos. En esta entrevista extensa en el canal de YouTube El Sentido De La Birra con Ricardo Moya habla de muchas cosas, incluido el concepto de la suerte y el esfuerzo, esa dicotomía del trabajo y el triunfo.
Y sí, seguro que no te sorprendes, conociendo a Leiva, su carga contra esa cultura del esfuerzo. El cantante madrileño ha puesto palabras a una sensación compartida por muchos, pero pocas veces expresada con tanta crudeza: la meritocracia no siempre funciona.
El músico cuestiona la idea, muy asentada en su generación, de que el esfuerzo garantiza el éxito: "La meritocracia me escama bastante", afirma sin rodeos, y añade que hay demasiados ejemplos en los que el premio no llega, por mucho que uno se esfuerce.
Leiva no habla desde el resentimiento ni desde la impostura. Al contrario. Rechaza la narrativa del "artista atormentado que se siente un fraude", pero sí admite que, al mirar su carrera con distancia, ve un factor determinante que a menudo se ignora: la suerte. "Mi carrera está formada a golpe de trabajo, principalmente a golpe de suerte y secundariamente a golpe de talento", explica. No lo dice como provocación, sino como diagnóstico.
La suerte como motor real (y oculto) del éxito
El músico insiste en algo que suele incomodar en discursos públicos: la suerte pesa más de lo que nos gusta admitir. Encuentros fortuitos, decisiones ajenas, contextos que no se controlan. "Veo momentos muy claros en mi vida donde digo: suerte, suerte, suerte", repite. No sudor, no tensón. Suerte.
Para Leiva, el problema de la meritocracia no es que ignore el esfuerzo, sino que simplifica la realidad. Reduce trayectorias complejas a un mensaje casi moral: si no llegas, es porque no te has esforzado lo suficiente. "No me vale eso de 'si quieres, puedes'", sentencia. Y apunta a factores estructurales que suelen quedar fuera del relato: la clase social, el contexto familiar, la salud o el azar puro.
Los Simpson como metáfora brutal del sistema
Para ilustrar su crítica, Leiva recurre a una referencia cultural tan popular como demoledora: Los Simpson. En la mítica serie aparece un personaje que ha luchado toda su vida, ha estudiado y se ha esforzado... para acabar en el mismo puesto que Homer, que llegó casi por casualidad.
La escena, que termina de forma trágica y absurda, le sirve a Leiva para resumir su visión: la meritocracia como farsa. "Pégatela fuerte, que siempre va a haber alguien que ni valora lo que tiene ni ha hecho nada para estar ahí", ironiza. El mensaje no va contra quien tiene suerte, sino contra el relato que culpa al que no llega.
Cuando el esfuerzo no basta: atletas, lesiones y azar
Otro ejemplo que desmonta el mito meritocrático es el del deporte. Leiva lo plantea desde el punto de vista de hablarle de meritocracia a un atleta que se retira por una lesión, como le pasó recientemente a Lorenzo Musetti cuando casi había derrotado a Djokovic para enfrentarse a Sinner en semifinales del Open de Australia.
A alguien que ha entrenado toda su vida y ve truncada su carrera por una pubalgia o una lesión medular. "Se va a reír de ti", dice. No por cinismo, sino por experiencia. Una idea que muchos rehúyen: la mala suerte también existe. Y no es menor que la buena. Accidentes, enfermedades, caídas en el lugar y momento equivocados. Azar.
