Leonor, 57 años, licenciada en Psicología y despedida con 56: "O busco otro trabajo basura donde no te puedes desarrollar, o estudio una oposición y me labro un futuro mejor"
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Leonor, 57 años, licenciada en Psicología y despedida con 56: "O busco otro trabajo basura donde no te puedes desarrollar, o estudio una oposición y me labro un futuro mejor"

En mayores de 50 años esta opción se ha multiplicado casi por cinco en los últimos seis años.

Mujeres recibiendo clasesGetty Images

En España, la idea de opositar ya no pertenece exclusivamente a los veinteañeros recién salidos de la universidad ni a quienes encadenan intentos desde la juventud. Cada vez más personas deciden preparar una plaza pública cuando su vida laboral parece haber entrado en una vía muerta. 

La tendencia no es menor: según datos del portal OposiTest, el porcentaje de mayores de 50 años que buscan un empleo en la Administración ha pasado del 5% en 2019 al 18% en 2025. Detrás de ese salto hay historias de cansancio, precariedad acumulada y, sobre todo, una búsqueda tardía de estabilidad.

Leonor Feito forma parte de esa generación que ha decidido sentarse a estudiar cuando muchos otros piensan en la recta final de su carrera profesional. A sus 57 años y residente en Villarejo de Salvanés (Madrid), se quedó en paro hace casi dos años. El impacto fue inmediato. 

Recuerda que lo primero que hizo fue llamar a sus hijos con una mezcla de angustia y desconcierto: no entendía cómo, superados los 55, debía volver a empezar desde cero en un mercado laboral que rara vez ofrece segundas oportunidades a quienes superan cierta edad.

Tras el golpe inicial llegó la reflexión. Y con ella, una decisión que nunca antes había contemplado seriamente: preparar unas oposiciones.

El peso de una trayectoria inestable

Feito ha iniciado el estudio para acceder a un puesto de administrativa en la Seguridad Social y no descarta presentarse también a procesos similares en la Comunidad de Madrid o en ayuntamientos cercanos. El motivo es práctico: los temarios comparten buena parte de los contenidos, lo que multiplica sus opciones.

A diferencia de lo que podría pensarse, volver a estudiar no le ha supuesto un obstáculo insalvable. Es licenciada en Psicología y, aunque terminó la carrera hace años, nunca llegó a ejercer. Su vida tomó otro rumbo cuando tuvo que asumir el cuidado de sus hijos tras su divorcio, en un contexto en el que —según relata— no recibía la pensión alimenticia correspondiente. La necesidad económica obligaba a aceptar cualquier empleo disponible.

Así comenzó una cadena de trabajos que define sin rodeos como precarios. Puestos administrativos, gestión de bases de datos o empleos a media jornada que apenas permitían cubrir gastos básicos. En uno de ellos, dedicado a la tramitación de multas, percibía apenas 500 euros mensuales.

Más tarde trabajó como teleoperadora por unos 1.000 euros. La posibilidad de aumentar ingresos dependía de comisiones vinculadas a ventas que no realizaba directamente, sino a visitas concertadas por ella para otros comerciales. La incertidumbre era constante.

El límite de la resistencia

Durante años, la lógica fue la de la supervivencia. Sueldo tras sueldo, contrato tras contrato, la estabilidad nunca llegaba. Incluso cuando logró un empleo algo mejor remunerado, vendiendo impresoras por unos 1.500 euros mensuales, el desenlace fue el mismo: despido poco antes de cumplir los 56.

Ese momento marcó un punto de inflexión. La alternativa parecía clara y poco alentadora: aceptar condiciones aún peores en otro empleo sin proyección o intentar construir algo distinto. Optó por lo segundo.

La oposición apareció entonces como una vía no solo hacia la seguridad económica, sino también hacia el reconocimiento profesional que nunca había logrado consolidar. Frente a un mercado laboral donde la edad se convierte en un filtro silencioso, el empleo público ofrece un terreno donde el mérito —al menos en teoría— se mide en exámenes y no en fechas de nacimiento.

Una decisión cada vez menos excepcional

Casos como el suyo ya no son anecdóticos. El aumento de opositores mayores de 50 refleja una transformación profunda del mercado laboral español. Trayectorias fragmentadas, salarios insuficientes y despidos en edades críticas empujan a muchos trabajadores a replantearse su futuro cuando el margen de maniobra parece agotado.

Para Feito, estudiar no es solo una apuesta profesional, sino también una forma de recuperar control sobre su vida laboral. Tras décadas aceptando lo que había, ahora intenta elegir.

En ese gesto se resume una tendencia creciente: la oposición ya no es únicamente un plan de inicio, sino también una tabla de salvación para quienes buscan, incluso en la cincuentena, una estabilidad que el sector privado nunca llegó a ofrecer.

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