Llevan 8 años viviendo en un velero de 20 metros con sus hijas y han recorrido 50.000 kilómetros: todo iba bien hasta que se quedaron atrapados en el hielo
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Llevan 8 años viviendo en un velero de 20 metros con sus hijas y han recorrido 50.000 kilómetros: todo iba bien hasta que se quedaron atrapados en el hielo

La situación dio un giro radical de un momento a otro.

Una familia sobre un veleroGetty Images

Vivir en el mar suena idílico hasta que el hielo te bloquea el paso. Eso fue exactamente lo que le ocurrió a George y Anna Jordan y a sus dos hijas, que residen todo el año en una goleta de carga de acero de 65 pies bautizada como Sarah G. Desde noviembre de 2018 navegan juntos como familia y, en total, acumulan cerca de 30.000 millas recorridas.

Su último plan era relativamente sencillo sobre el papel: completar una travesía de unos 2.400 kilómetros hasta las Bahamas. Sin embargo, cuando atravesaban Carolina del Norte por el Canal Intracostero (ICW), la naturaleza decidió cambiar el guion.

Del hielo fino al bloqueo total

Durante gran parte del día habían avanzado sin mayores complicaciones, rompiendo capas intermitentes de hielo de apenas dos o tres centímetros. Para una embarcación de acero como la suya, aquello no suponía un obstáculo serio. Pero en cuestión de unos cientos de metros, la situación dio un giro radical.

Tras una tormenta previa, el hielo fino acumulado en la bahía fue empujado por el viento y comenzó a superponerse. Lo que parecía una superficie manejable se convirtió en una masa densa y estratificada imposible de atravesar por sus propios medios.

De repente, la Sarah G quedó inmovilizada

Anna decidió documentar la experiencia en TikTok e Instagram. El primer vídeo, publicado el 15 de febrero, superó los 3,8 millones de visualizaciones. Lo que para ellos era una situación tensa, para millones de usuarios fue una ventana a la realidad —menos romántica— de la vida en el mar.

Durante un día y medio permanecieron atrapados, sin poder avanzar. No se trataba de una placa sólida, pero sí de un entramado de hielo lo bastante compacto como para frenar el empuje del barco, por más que lo intentaran.

Mientras tanto, monitorizaban desde sus teléfonos el tráfico marítimo cercano, esperando que alguna embarcación pesada abriera camino. Ninguna apareció.

Rescate inesperado en el canal

Cuando la esperanza empezaba a agotarse —y la idea de esperar hasta el deshielo primaveral parecía menos descabellada—, un remolcador cruzó el canal.

Por radio VHF lograron contactar con el capitán, quien les confesó que ni siquiera planeaban pasar por esa zona debido a la acumulación de hielo. Fue pura coincidencia.

El remolcador abrió una franja navegable al avanzar, y los Jordan siguieron con cautela el surco creado, recuperando por fin la movilidad. Sin esa intervención fortuita, probablemente habrían permanecido bloqueados durante mucho más tiempo. Para una familia con años de experiencia en navegación, aquella fue una vivencia inédita.

La cara luminosa de vivir en el mar

A pesar del susto, los Jordan no se plantean abandonar su estilo de vida. Siguen con la mirada puesta en las Bahamas y mantienen intacta su convicción de que navegar en familia merece la pena.

Según Anna, lo mejor de esta vida es:

  • La sensación de libertad constante
  • La simplicidad del día a día lejos del exceso material
  • La conexión directa con la naturaleza
  • La oportunidad de que sus hijas crezcan con experiencias reales y diversas

En el agua, explica, todo se vuelve más claro. Las prioridades se simplifican y el ritmo se adapta al entorno.

Criar a sus hijas a bordo no solo significa cambiar aulas por horizontes abiertos, sino permitirles aprender del mundo de forma directa: meteorología, mecánica, geografía y resiliencia forman parte de su educación cotidiana.

Cuando el mar marca las reglas

Pero la aventura también tiene su reverso. Si algo define la navegación a vela es la incertidumbre.

Entre los mayores desafíos de esta vida destacan:

  • Cambios bruscos en las condiciones meteorológicas
  • Ventanas de navegación limitadas
  • Averías mecánicas lejos de puertos
  • Situaciones imprevistas como el hielo

El episodio en Carolina del Norte fue un recordatorio contundente de que, por mucha preparación que exista, el océano impone sus propias normas.

Para unos padres, esa imprevisibilidad añade una capa extra de tensión. Sin embargo, también refuerza la confianza en su capacidad de adaptación. Con el tiempo han comprobado que, incluso en momentos de bloqueo literal, las cosas terminan encontrando salida.

La experiencia en el hielo no ha debilitado su determinación. Al contrario, ha sumado una nueva historia a su travesía familiar.

Porque si algo han aprendido en estos ocho años de navegación es que el barco puede ser su hogar, pero es el mar quien decide cuándo se avanza y cuándo toca esperar.

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