Los investigadores no dan crédito: científicos españoles demuestran que las personas prefieren caminar en sentido contrario a las agujas del reloj, pero no existe una razón para hacerlo
El hallazgo fue descubierto casi por casualidad durante la pandemia y se ha repetido tanto en España como en Japón sin que los expertos hayan encontrado todavía una explicación convincente.
Hay comportamientos humanos tan cotidianos que pasan completamente desapercibidos. Sin embargo, cuando alguien se detiene a analizarlos, pueden aparecer patrones sorprendentes.
Eso es precisamente lo que le ha ocurrido a un grupo de investigadores de la Universidad de Navarra, que ha descubierto algo tan extraño como difícil de explicar: los seres humanos tienen una tendencia natural a caminar en sentido contrario a las agujas del reloj.
Lo más llamativo no es el hallazgo en sí, sino que los científicos todavía no saben exactamente por qué ocurre.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, surgió de forma casi accidental durante la pandemia de Covid-19. En aquel momento, los investigadores analizaban cómo se movían las personas en espacios compartidos para estudiar las distancias de seguridad y los patrones de circulación.
Al revisar las grabaciones detectaron algo inesperado: una gran cantidad de participantes tendía a girar hacia la izquierda.
Un patrón que aparece una y otra vez
Intrigados por aquella observación, los científicos decidieron diseñar nuevos experimentos. Pusieron a caminar a personas solas y también a pequeños grupos en espacios cerrados y sin rutas marcadas. El resultado fue siempre parecido.
Cuando los participantes se desplazaban libremente, sin indicaciones concretas, aparecía una preferencia estadísticamente significativa por el movimiento antihorario. El investigador Iñaki Echeverría Huarte, uno de los autores del trabajo, explicó que este fenómeno puede darse en situaciones completamente normales.
"Si simplemente le pides a alguien que empiece a caminar, ya sea paseando por un museo, un supermercado o incluso una habitación vacía, es sorprendentemente probable que derive en sentido contrario a las agujas del reloj", señaló.
Para descartar que se tratara de una cuestión cultural, el equipo decidió ampliar las pruebas a otro país muy diferente.
España y Japón llegan a la misma conclusión
Los investigadores colaboraron con especialistas de la Universidad de Tokio para repetir los experimentos en Japón. El resultado volvió a ser prácticamente idéntico.
Los participantes japoneses mostraron la misma inclinación hacia los recorridos antihorarios que los españoles, lo que descartó que se tratara de una costumbre aprendida o de una característica cultural concreta.
Además, los científicos analizaron posibles factores individuales como el sexo, la mano dominante, el pie dominante o incluso el ojo dominante. Ninguno parecía explicar el fenómeno. La única diferencia relevante apareció al estudiar la edad de los participantes.
Según los investigadores, los niños presentan una tendencia todavía más marcada a girar hacia la izquierda, mientras que ese sesgo parece reducirse ligeramente con el paso de los años.
La gran pregunta sigue sin respuesta
Lo más desconcertante para los propios autores del estudio es que todavía no han encontrado una explicación sólida. Han explorado hipótesis relacionadas con la visión, la biomecánica o la coordinación corporal, pero ninguna termina de justificar completamente el patrón observado.
De hecho, las pruebas continuaron mostrando el mismo resultado incluso cuando los participantes realizaban parte de los experimentos con un ojo cubierto. Por ahora, la ciencia solo tiene clara una cosa: la tendencia existe.
Y aunque pueda parecer una simple curiosidad, comprender mejor este comportamiento podría tener aplicaciones prácticas en el diseño de espacios públicos, museos, estaciones de transporte, centros comerciales o incluso planes de evacuación.
Porque, según sugieren los investigadores, cuando cientos o miles de personas comparten un mismo espacio, esas pequeñas inclinaciones individuales podrían acabar generando movimientos colectivos mucho más importantes de lo que imaginamos.