Manuel Balber, soldador de los astilleros de Cádiz: "Llevamos seis años sin poder trabajar aquí por reclamar que se cumpla el convenio"
Trabajadores del metal denuncian una "lista negra" en la Bahía de Cádiz y aseguran que se ven obligados a emigrar pese a la carga de trabajo en los astilleros.
Los trabajadores del metal de la Bahía de Cádiz vuelven a alzar la voz. Manuel Balber, soldador con más de 30 años de experiencia, denuncia una situación que considera "insostenible": "Llevamos seis años sin poder trabajar aquí por reclamar que se cumpla el convenio, tenemos que salir fuera de España". Su caso, como el de otros compañeros, ha salido a la luz en el programa Aquí hay trabajo de RTVE.
Según explican, llevan años sin ser contratados en los astilleros de su propia zona pese a que las empresas reconocen una alta demanda de mano de obra. "Hace falta personal, hablan de miles de operarios, pero a nosotros no nos llaman", asegura Balber, que apunta directamente a una supuesta "lista negra" por haber reclamado derechos laborales.
Denuncian represalias por exigir derechos
El conflicto no es nuevo, pero se ha intensificado en los últimos días. Un grupo de trabajadores ha llegado a acampar frente a Navantia, en San Fernando, para exigir una oportunidad laboral. Su reclamación es clara: poder trabajar en su sector y en su territorio en las mismas condiciones que el resto.
"Somos profesionales reconocidos, hemos pasado homologaciones muy exigentes y aun así no nos dan trabajo", lamenta Balber. Mientras tanto, denuncian que empresas del sector están contratando personal incluso en el extranjero, algo que, aseguran, no critican, pero que agrava su situación al quedarse fuera del mercado laboral local.
Obligados a emigrar para trabajar
Ante la falta de oportunidades en Cádiz, estos trabajadores han tenido que buscar empleo fuera, incluso fuera de España. "Hemos recorrido medio mundo en estos años, porque tenemos familias y tenemos que salir a buscarnos la vida", explica el soldador, padre de tres hijos.
El problema, dicen, no es solo económico, sino también personal y social. La imposibilidad de trabajar en su entorno les obliga a separarse de sus familias durante meses, encadenando contratos temporales en distintos países.
Pese a todo, aseguran que seguirán movilizándose. Tras la acampada, anuncian nuevas acciones para visibilizar su situación. "Lo único que queremos es trabajar y que se cumplan los derechos de los trabajadores", insisten. Un mensaje directo que pone el foco en un conflicto laboral que, lejos de resolverse, sigue creciendo.