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Marcos, joven valenciano: "¿Cómo es posible que una persona esté trabajando 10, 12 horas al día y no pueda tener el derecho a una vivienda digna?

Marcos, joven valenciano: "¿Cómo es posible que una persona esté trabajando 10, 12 horas al día y no pueda tener el derecho a una vivienda digna?

Aunque el problema se manifiesta en todo el país, la situación es crítica en las grandes ciudades

Manifestación por la vivienda en Madrid
Manifestación por la vivienda en MadridMarcos del Mazo

La crisis de la vivienda ha dejado de ser una percepción generacional para convertirse en una fotografía estadística difícil de ignorar. Un análisis abordado en el seno del Consejo Europeo sobre la situación habitacional en distintos países ha situado a Madrid y Barcelona entre las ciudades más inaccesibles del continente para quienes viven de su salario. Solo Lisboa presenta un esfuerzo económico mayor para afrontar un alquiler.

El dato más elocuente resume el problema: en España, una persona debe destinar de media el 74% de su sueldo mensual al pago de la renta. Una proporción que, en términos de economía doméstica, deja escaso margen para cualquier otro gasto.

Una década de precios disparados

El desequilibrio entre ingresos y vivienda no es reciente, pero sí se ha intensificado en los últimos años. En la última década, el precio de la vivienda ha crecido un 72%, mientras que los salarios apenas han aumentado un 22,7% en ocho años. La brecha entre lo que se gana y lo que cuesta vivir se ha ensanchado hasta límites que afectan, sobre todo, a los menores de 30 años.

Los testimonios recogidos por Antena 3 reflejan esa frustración. Marcos, un valenciano de 28 años, resumía así el sentir de muchos: "¿Cómo es posible que alguien trabaje diez o doce horas al día y no pueda permitirse una vivienda digna?". La alternativa, explica, pasa por compartir piso con dos, tres o incluso cuatro personas más.

El cambio de aspiraciones es revelador. Si hace una década el objetivo era acceder a una vivienda en propiedad, hoy la meta se ha reducido a encontrar un piso compartido a un precio "razonable". Vivir solo se ha convertido en una excepción más que en una expectativa realista.

Una joven entrevistada lo expresaba con resignación: "Cada vez es más caro y cada vez somos más mayores". No es una percepción aislada.

Emanciparse, misión casi imposible

España figura entre los países europeos con mayor edad media de emancipación: 30 años, frente a los aproximadamente 26 años de media en la Unión Europea. La distancia no es solo cultural, sino económica.

Los números ayudan a entenderlo:

  • El salario medio juvenil en 2024 fue de 14.046 euros anuales, unos 1.170 euros al mes
  • Cerca del 30% de los jóvenes está en riesgo de pobreza o exclusión social
  • Dentro de ese grupo, un 18,8% tiene empleo, lo que evidencia que trabajar no garantiza estabilidad

Con esos ingresos, independizarse en solitario resulta prácticamente inviable. Los cálculos indican que un menor de 30 años asalariado debería dedicar el 92,3% de su sueldo a la vivienda si quisiera vivir solo. No sorprende, por tanto, que únicamente el 15,2% de los jóvenes españoles resida fuera del hogar familiar.

Un joven madrileño lo resumía sin rodeos: "Si pudiera, me emanciparía ahora mismo, pero lo veo muy complicado". Otro añadía que el mercado de habitaciones tampoco ofrece alivio: "Siempre son 600 o 700 euros por una habitación".

Madrid y Barcelona, epicentro del problema

En las grandes ciudades la presión es aún mayor. El coste medio por persona en Madrid y Barcelona puede situarse entre 750 y 1.000 euros mensuales, dependiendo de la zona y las condiciones del inmueble. Según datos de Idealista, alquilar un piso de 50 metros cuadrados en estas ciudades implica un desembolso de entre 1.040 y 1.045 euros al mes.

Para quien ingresa poco más de 1.100 euros mensuales, las cuentas no cuadran. Uno de los jóvenes entrevistados lo explicaba con crudeza: "Pago 700 euros por la vivienda y me quedan 300 para vivir. En un mes bueno, algo más. Vas todo el tiempo contando y decidiendo en qué gastar".

La consecuencia es una generación que retrasa proyectos vitales —independencia, pareja, hijos— porque la vivienda absorbe la mayor parte de sus recursos. La pregunta que sobrevuela el debate es inevitable: ¿podrá esta generación acceder algún día a una vivienda sin que eso suponga hipotecar prácticamente todo su salario?

Por ahora, los datos europeos sitúan a España en una posición delicada. Y mientras los precios avanzan a mayor velocidad que los sueldos, la emancipación juvenil sigue siendo más una aspiración que una realidad tangible.