Miguel Díaz, arquitecto: "Habría que crear más corredores verdes y menos corredores de asfalto"
“No se trata solo de construir más, sino de construir mejor”.

La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas estructurales en España. Comprar es cada vez más difícil, alquilar es cada vez más caro y, entre medias, las ciudades siguen creciendo sin que eso se traduzca necesariamente en más calidad de vida. El acceso a un hogar digno ya no depende solo del salario, sino también de cómo están pensadas (o mal pensadas) nuestras ciudades.
Durante años, el urbanismo ha priorizado expandir las ciudades hacia fuera: más suelo, más carreteras, más distancia. Pero ese modelo empieza a mostrar sus límites. Más kilómetros no significan necesariamente mejor vida. A menudo implican más tiempo, más dependencia del coche y menos comunidad.
En ese contexto, la pregunta ya no es solo cuántas viviendas hacen falta, sino cómo se construyen y en qué tipo de ciudad. Porque el problema de la vivienda no es solo una cuestión de oferta, sino de modelo urbano. Y ahí es donde arquitectos como Miguel Díaz empiezan a poner el foco.
Más verde y menos asfalto para una ciudad más habitable
En una entrevista concedida a El Periódico, el arquitecto y urbanista Miguel Díaz plantea una idea que va más allá de la vivienda en sí. “Habría que crear más corredores verdes y menos corredores de asfalto”, afirma, poniendo el acento en cómo el diseño de la ciudad condiciona la vida de quienes la habitan.
Su crítica apunta directamente al modelo urbano dominante en muchas ciudades españolas, resaltando específicamente Madrid. “Algunos desarrollos han estado más pensados para el coche que para las personas”, censura, haciendo referencia a los grandes barrios construidos en la capital durante las últimas décadas.
El resultado, según describe, son entornos poco habitables: amplias avenidas, largas distancias y una falta de espacios que inviten a quedarse. “El urbanismo no puede seguir basándose en el asfalto”, insiste, defendiendo una transformación que priorice zonas verdes, espacios de encuentro y una ciudad más pensada para caminar que para circular.
Densificar sí, pero con sentido
Uno de los grandes debates actuales es cómo aumentar el número de viviendas sin seguir expandiendo la ciudad sin control. Díaz no rechaza la densificación, pero sí advierte de cómo se está planteando.
“Hay que quitar las cadenas al urbanismo”, señala el arquitecto, haciendo referencia a la rigidez de muchos planes urbanos que dificultan adaptarse a las nuevas necesidades. Pero esa flexibilización, matiza, no puede traducirse en construir sin criterio.
Para el arquitecto, la clave está en encontrar un equilibrio. Más viviendas no pueden significar menos calidad de vida. “No se trata solo de construir más, sino de construir mejor”, defiende. Eso implica pensar en servicios, transporte, espacios públicos y cohesión social.
Porque, como advierte, repetir errores del pasado, como “construir barrios desconectados”, sin identidad ni vida propia, solo agrava el problema. Densificar sin planificación puede generar ciudades más llenas, pero no necesariamente mejores.
El error de las ciudades pensadas para el coche
Uno de los puntos donde Díaz es más crítico es en el modelo de expansión urbana basado en el vehículo privado. “Muchos barrios nuevos están diseñados para moverse en coche”, explica, lo cual genera dependencia, contaminación y una vida cotidiana más compleja.
Este planteamiento tiene consecuencias directas en la vivienda. No solo encarece el acceso -por infraestructuras o servicios-, sino que también afecta a la calidad de vida. “No todo es tener más metros cuadrados”, sugiere, en línea con otros expertos que cuestionan el modelo de ciudad extensiva.
Frente a eso, propone recuperar una idea más clásica, pero cada vez más reivindicada: la ciudad compacta, donde todo esté más cerca y sea más accesible. No como sinónimo de hacinamiento, sino de eficiencia y comunidad.
Repensar la ciudad para resolver la vivienda
La reflexión de Díaz conecta con un debate más amplio: el de cómo resolver la crisis de vivienda sin empeorar el entorno urbano. Porque, como deja claro, ambos problemas están profundamente ligados. “Hay que pensar en ciudades donde se pueda vivir, no solo habitar”, resume en el fondo de su discurso.
“Si no cambiamos el modelo de ciudad, no vamos a solucionar el problema de la vivienda”, advierte el experto. No basta con construir más si el resultado son barrios sin vida, sin servicios o sin identidad.
Su propuesta pasa por replantear prioridades: menos protagonismo del coche, más espacios verdes, mejor planificación y una visión a largo plazo que realmente piense en la calidad de vida de quienes van a vivir allí.
En definitiva, entender que la vivienda no es solo un techo, sino parte de un ecosistema urbano. Y que, si ese ecosistema falla, el problema no se resuelve construyendo más, sino construyendo mejor.
