Mohammed y Karima comparten un piso de 65m2 con sus suegros: "Duermen en el salón, cada uno en un sofá"
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Mohammed y Karima comparten un piso de 65m2 con sus suegros: "Duermen en el salón, cada uno en un sofá"

El precio de la vivienda afecta de lleno a los más jóvenes.

Vista de la fachada de un edificio en Madrid.Vicente Mendez VIA GETTY IMAGES

Mohammed y Karima, obligados a vivir con sus suegros. El precio de la vivienda sube como la espuma en Francia y muchos jóvenes tienen que buscar alternativas a vivir en un piso propio. Es el caso de estos franceses, que, según publica el diario Le Parisien, no tienen más remedio que vivir en casa de sus padres. "Mis suegros duermen en el salón, cada uno en un sofá."

Tal y como reza la publicación, esta pareja convive con sus suegros en un apartamento de 65 metros cuadrados en los barrios periféricos de París. Los jóvenes padres comparten la única habitación del apartamento con su hijo, de año y medio.

En diciembre de 2024, los dos jubilados tuvieron que abandonar su estudio de la capital francesa. Según cuentan en el medio de comunicación, su vivienda se había vuelto insalubre, "moho". Pero sobre todo, no había ascensor, que no permitía que estos octogenarios se movieran. "Ya no pueden bajar a hacer la compra o simplemente dar un paseo, tienen miedo de caerse por las escaleras", explica su hija.

Era "imposible" encontrar un piso

Los protagonistas cuentan que les resultaba "imposible" encontrar un piso en condiciones y por un precio razonable. "Él cobra 1.300 euros al mes y mi madre nunca ha trabajado", explica la hija. Por el momento, están esperando que acepten su solicitud de vivienda social, pero no han recibido noticias por el momento, por lo que no les queda otra que vivir todos en familia. 

"La situación es cada vez más complicada. Intento crear un espacio pequeño para mi niño, pero no puede entrar en el salón. Le decimos que tenga cuidado todo el tiempo. Sin posibilidad de tener espacio para gatear", asegura, por su parte, Mohammed.

Éric Constantin, director de la Fundación Île-de-France para la Vivienda, asegura, en declaraciones a Le Parisien, que "no es un fenómeno marginal, al contrario". En su último informe anual, publicado el martes 3 de febrero, el organismo destaca este fenómeno de alojamiento con un tercero, "que debe considerarse como una forma a menudo aguda de vivienda deficiente".

Las personas que viven en este tipo de viviendas, dice, están expuestas a "riesgos psicológicos y físicos significativos", como "hipervigilancia", "pérdida de confianza", "trastornos del sueño", "ansiedad", "sensación de vergüenza o devaluación". O incluso, en los casos más extremos, "abuso y maltrato físico, sexual o psicológico".

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