No es solo el alquiler: una profesora de Psicología avisa de que la crisis de la vivienda está dejando una "pandemia silenciosa" de ansiedad difusa entre los jóvenes españoles
Esta experta resalta que la exposición continuada a las redes sociales hace que ellos comparen con imágenes de episodios positivos, de éxitos, logros y avances.

El problema de la vivienda está pasando factura a la salud mental de la población, y en especial a la de los jóvenes. "Me encuentro habitualmente a jóvenes que sienten desmotivación, que no encuentran un objetivo para seguir avanzando porque pierden ese norte que anteriormente se habían marcado como línea a seguir”, cuenta la psicóloga Mariola Fernández, profesora de Psicología en la Universidad Europea de Madrid, según ha publicado EFE Salud.
Esta experta incluso le ha puesto nombre a fenómeno: es la "hipoteca emocional". Y explica la razón: “Emocionalmente nos hemos hipotecado desde que éramos pequeños pensando en nuestro futuro, para después ver que no se nos concede la respuesta que esperábamos”. Es decir, según Fernández, no se trata solamente de tener una vivienda, sino de conseguir un hogar, un lugar donde tener un sentido de pertenencia, guardar afectos, amigos y familia. Y cuando las personas ven que esto no se consigue es cuando les empieza a afectar a su salud mental.
Lo que nos pasa en este tipo de situaciones, prosigue, es que “la ansiedad suele ser una respuesta de nuestro organismo ante un suceso determinado que la dispara". "Pero en este caso de la vivienda no hay un suceso al cual definir. Por eso hablamos de la ansiedad difusa, porque es en el espacio ambiente en el que el sujeto se encuentra, cómo responde su organismo ante esa tensión, ante esa incertidumbre que a nuestro cerebro le gusta muy poco o nada", aclara.
Además, revela esta psicóloga que hay frases tipo que se repiten mucho entre los jóvenes, como "'voy tarde en la vida', 'estoy viviendo en un espacio que no me corresponde', 'no avanzo', 'debería de haber conseguido ya mis objetivos', o 'probablemente será porque lo estoy haciendo mal'”.
La psicóloga destaca que el mayor peligro para algunas personas es no entender que en la vida no todo es la actitud, que existen factores externos que afectan directamente en el desarrollo personal. Y destaca en este punto cómo el entorno tiene una gran influencia en los individuos: "¿Por mucha actitud que tú tengas, si no puedes desarrollarte porque estás en un espacio cerrado, un espacio donde hay sectores que se cierran hacia otros ambientes donde nuestra sociedad no se ha preparado, pues no vas a tener oportunidades".
También menciona el tema de las consecuencias que tiene en estos casos la exposición continuada a las redes sociales, donde ellos se comparan con imágenes de episodios positivos, de éxitos, logros y avances (que, además, a menudo están contados de una manera poco realista o excesivamente positiva, evitando mencionar los contras o problemas que hay tenido para lograr esos éxitos), lo que hace que se comparen, se culpabilicen por la situación que ellos vive, como si no fuera suficientemente válida o no lograran aportar lo que demanda la sociedad.
Sobre cómo abordar este el tema de manera profesional de cara a las personas que se ven afectadas por este trastorno, Fernández afirma que lo principal es conseguir que la persona se visualice dentro del espacio que lo conforma y no como alguien ajeno a su entorno. “Alivia bastante ver que hay una responsabilidad personal pero también de comunidad. Como sociedad tenemos una obligación de dar respuesta a esa hipoteca emocional de la que hablamos”, concluye.
Esta experta considera importantes los ejercicios de orientación ante personas que se ven saturadas ante un estancamiento mental: "Yo les planteo una reorientación. Les comento que al final la vida es como un océano. Las olas van, las olas vienen. A veces hay marejada, a veces marejadilla, a veces el mar está en calma, pero es lo menos habitual. Siempre, o bien por la mañana cuando amanece o por la tarde, el mar suele variar, lo importante es saber adaptarse”, relata.
