Pere Artigas, ganadero ecológico de Tarragona, 12 años con la quesería La Segalla: "O subimos precios o bajamos principios"
Su filosofía se basa en producir menos, pero hacerlo con coherencia.
En el campo, las cuentas no siempre se hacen solo con números. La ganadería, sobre todo la que apuesta por lo ecológico, es también una cuestión de principios, de coherencia con el territorio y de decisiones que pesan más allá del balance económico. Mantener ese equilibrio, entre hacer las cosas bien y poder vivir de ello, es hoy uno de los mayores retos para los que se dedican a este sector.
En ese contexto se sitúa Pere Artigas, ganadero ecológico en Tarragona y fundador de la quesería La Segalla, un proyecto que cumple ya 12 años tratando de demostrar que otra forma de producir es posible. Con un rebaño adaptado al territorio y una apuesta firme por el pastoreo extensivo y la elaboración artesanal, su experiencia pone de relieve la cruda realidad de que sostener los principios tiene un coste, y no siempre lo paga el mercado.
Su apuesta pasa por un rebaño de cabras payoyas, pastoreo extensivo y la elaboración de quesos y yogures ecológicos con leche cruda del propio rebaño. La idea detrás de esto es simple: producir menos, pero hacerlo con coherencia. Siempre trata de respetar los ritmos del animal y del entorno, y priorizando la calidad frente a la cantidad en cada etapa del proceso. Una forma de trabajar que implica asumir más costes, más tiempo y más implicación diaria, pero que busca ofrecer un producto honesto.
Viabilidad vs. Valores
Tras más de una década de trabajo, explica que el proyecto ha tardado en encontrar equilibrio económico, pero que el coste real ha sido enorme. “Hace tiempo decíamos ¿qué hacemos para que esto sea rentable? O subimos precios o bajamos principios”, asegura Pere en una entrevista con Eva Perelló. Una reflexión que resume la tensión constante entre viabilidad y valores, y que define la filosofía con la que La Segalla ha construido su camino.
Esa forma de trabajar tiene un reverso poco visible: el peso de sostener cada decisión. Pere lo explica con crudeza al reconocer que, cuando intentas hacerlo todo bien, “al final acaba recayendo todo en ti”. Evitar subir precios para que el producto siga siendo accesible, pagar de forma justa a proveedores o reducir al máximo el consumo de recursos son elecciones que, sumadas, terminan pasando factura.
“Todo lo que no quieres que le pase al otro te lo tragas tú”, resume, evidenciando el desgaste silencioso que implica mantener un modelo coherente en un mercado que no siempre lo recompensa. Una presión que no se ve en la etiqueta final del producto, pero que atraviesa todo el proceso, desde la relación con proveedores hasta la gestión diaria del rebaño y los recursos; porque detrás de cada decisión ética hay también una renuncia.