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Angela Picozzi, 51 años, patronista: "Una costurera tarda cuatro años en aprender el oficio, pero la industria prefiere vender a tomar riesgos y eso nos empobrece a todos"

Angela Picozzi, 51 años, patronista: "Una costurera tarda cuatro años en aprender el oficio, pero la industria prefiere vender a tomar riesgos y eso nos empobrece a todos"

"Las firmas prefieren vender a tomar riesgos creativos".

Símbolo de corazón hecho de hilo rojo sobre fondo de lienzo
Símbolo de corazón hecho de hilo rojo sobre fondo de lienzoGetty Images/iStockphoto

La alta costura italiana es conocida en todo el mundo por su enorme calidad y su indiscutible prestigio. Durante décadas, Angela Picozzi, patronista italiana, ha trabajado entre costuras para dar forma a las ideas de algunos de los nombres más influyentes del lujo internacional. 

A sus 51 años reivindica el valor del oficio desde dentro del taller familiar que dirige en Castellucchio, en el norte de Italia: "Una costurera tarda cuatro años en aprender el oficio, pero la industria prefiere vender a tomar riesgos y eso nos empobrece a todos", afirma en una entrevista con El País.

Arquitectura sartorial y medio siglo de experiencia

En los talleres de Castor srl, la empresa familiar, trabajan 70 personas, 63 de ellas mujeres. Patronistas, costureras y técnicas comparten un espacio lleno de tejidos, figurines y patrones donde los bocetos de los diseñadores se convierten en prendas reales. 

Para Picozzi, su trabajo va mucho más allá de la confección. "Sabemos cómo situar la cintura de un vestido ligeramente más alta para favorecer la silueta, o cómo construir la manga de una chaqueta. Conocemos los secretos de un buen fit", asegura.

Creatividad frente a rentabilidad

Picozzi critica el rumbo actual de la industria, donde la rentabilidad inmediata ha reducido el espacio para la experimentación. "Las firmas prefieren vender a tomar riesgos creativos", señala. 

A su juicio, esta tendencia está empobreciendo culturalmente la moda y debilitando la calidad. "El precio no garantiza que algo esté bien hecho. Ni siquiera que esté hecho en condiciones legales", advierte, en referencia a las investigaciones sobre talleres clandestinos en Italia.

También denuncia el círculo vicioso entre marcas y consumidores. "Si la gente compra el vestido negro aburrido, las marcas producirán el vestido negro aburrido", explica. Frente a esta dinámica, la patronista defiende una moda basada en el conocimiento técnico, el respeto por el proceso y la creatividad.

Reivindicar el valor del oficio

En un momento en el que el lujo se asocia cada vez más al marketing, Picozzi insiste en la importancia del saber hacer. Aprender a coser con precisión, ajustar un patrón o construir una prenda compleja requiere años de formación. “Una costurera tarda cuatro años en aprender el oficio”, recuerda. Sin embargo, la presión por producir rápido y vender más reduce el valor de estos procesos.

Su respuesta ha sido mantenerse fiel a una visión de la moda donde el producto es el principal argumento. “Puede que no nos alineemos con el espíritu de estos tiempos, pero nuestra idea de la moda es otra”, concluye. Una defensa del trabajo artesanal que, para la patronista, sigue siendo la base de cualquier prenda bien hecha.

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Redactora en El HuffPost España, donde aborda actualidad y estilo de vida. Graduada en Periodismo por la Universidad CEU San Pablo, inició su carrera como becaria en este mismo medio, que ha sido su verdadera escuela. Madrileña con raíces manchegas, escribe sobre una amplia variedad de temas como: sociedad, cultura, viajes, salud y consumo. Siempre con el objetivo de informar, orientar y despertar la curiosidad del lector.

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