Retiró 200 bolsas de basura de un río para limpiarlo y ahora se enfrenta a dos años de prisión: "Van a por los blancos fáciles"
El abogado y activista ambiental Paul Powlesland organizó una limpieza con voluntarios en un afluente del río Roding después de años denunciando vertidos y suciedad.

Lo que comenzó como una iniciativa vecinal para limpiar un río lleno de basura podría terminar en los tribunales. El abogado y activista medioambiental británico Paul Powlesland está siendo investigado por la Agencia de Medio Ambiente de Inglaterra después de coordinar una operación de limpieza que retiró alrededor de 200 bolsas de residuos, ramas y sedimentos de un afluente del río Roding, en el sureste de Inglaterra.
La paradoja ha generado indignación entre colectivos ecologistas y defensores del medio ambiente. Powlesland asegura que durante años pidió a las autoridades que actuaran sobre el deterioro del cauce sin obtener respuesta. Cuando decidió movilizar a decenas de voluntarios para hacerlo por su cuenta, acabó convirtiéndose él mismo en el objetivo de una investigación.
"Después de décadas ignorando los delitos ambientales que se cometen en el Roding, la Agencia de Medio Ambiente por fin ha decidido actuar", ironiza el activista. "Pero no contra quienes vierten miles de toneladas de basura o contra las empresas que contaminan el río, sino contra quienes lo han limpiado".
Una limpieza que acabó bajo investigación
La actuación fue llevada a cabo por miembros de la organización benéfica River Roding Trust en un tramo del Alders Brook, un afluente que atraviesa zonas rurales de Essex y los alrededores de Londres.
Durante diez días, los voluntarios retiraron residuos acumulados, vegetación invasora y lodos que dificultaban el flujo natural del agua. Sin embargo, poco después recibieron una carta de la Agencia de Medio Ambiente comunicándoles que estaban siendo investigados por realizar trabajos sin la autorización correspondiente.
Según el organismo, las actuaciones podrían haber vulnerado la normativa ambiental vigente al intervenir en una zona inundable sin permiso y al depositar materiales extraídos dentro de la llanura de inundación.
La legislación contempla sanciones severas para este tipo de infracciones y, según varios medios británicos, Powlesland podría enfrentarse a penas de hasta dos años de prisión si finalmente prospera una acusación formal.
"La vida ha vuelto al río"
El activista, que vive en una embarcación en el propio río Roding, rechaza las acusaciones y sostiene que la actuación ha tenido efectos positivos visibles. "La zona que limpiamos está recuperándose de forma espectacular. La fauna está regresando y el río vuelve a parecer un ecosistema vivo", asegura.
A su juicio, el caso refleja un problema más profundo sobre la forma en que actúan las autoridades ambientales. "No persiguen lo que deberían perseguir y se limitan a ir a por los blancos fáciles", denuncia.
Powlesland asegura además que siempre ha estado dispuesto a colaborar con la Agencia de Medio Ambiente y que incluso habría aceptado supervisión técnica para evitar posibles errores.
Un río marcado por la contaminación
La polémica llega en un contexto especialmente delicado para el río Roding.
La zona ha sido escenario de denuncias por vertidos ilegales de residuos y por descargas de aguas residuales. Según datos recopilados por grupos locales de defensa ambiental, algunos puntos del sistema fluvial reciben cada año cientos de miles de litros de aguas sin tratar.
La propia Agencia de Medio Ambiente reconoce que sigue trabajando en incidentes de contaminación en el Roding y defiende que cualquier actuación sobre un cauce debe realizarse bajo supervisión especializada para evitar daños no previstos en el ecosistema o aumentar el riesgo de inundaciones.
Una ola de apoyo
El caso ha provocado una fuerte reacción en Reino Unido. Entre quienes han salido en defensa de Powlesland se encuentra el prestigioso escritor de naturaleza Robert Macfarlane, que ha advertido de que una eventual acusación provocaría una enorme contestación pública.
Mientras continúa la investigación, el abogado insiste en que su única intención fue hacer el trabajo que, según sostiene, las autoridades llevaban años sin realizar.
Y esa es precisamente la imagen que más está indignando a muchos británicos: la de un grupo de voluntarios sacando centenares de bolsas de basura de un río contaminado mientras quienes lo organizaron terminan enfrentándose a una posible condena penal.
