Sebastian, un belga de 34 años, construye un tobogán acuático de 50 metros en su jardín por quinto año seguido: "Saca el niño que llevas dentro"
La edificación comienza en una plataforma de aproximadamente siete metros de altura y luego serpentea a lo largo del recorrido hasta acabar en el jardín.

La idea se le ocurrió hace cinco años, como algo divertido para celebrar una fiesta de cumpleaños. Pero, casi sin que se diera cuenta, se ha convertido en una tradición anual que cientos de amigos suyos, vecinos y conocidos esperan con ilusión. Sebastian Roemendael, de 34 años, construyó un tobogán gigante en el patio de su casa en Rumst, cerca de Amberes, Bélgica, por quinto año consecutivo y lo estrena este fin de semana, según ha publicado HLN.
Esta vez optó por un concepto totalmente nuevo: menos empinado, pero con una impresionante longitud de unos 50 metros. "Principalmente queríamos que la mayor cantidad de gente posible se divirtiera al mismo tiempo", asegura Roemendael. En realidad, la primera versión de este tobogán fue una sorpresa de sus amigos. Él les había mencionado que le haría ilusión y, ese año, mientras Sebastian celebraba su cumpleaños con otras personas, en secreto, sus amigos comenzaron a construir el tobogán. Y cuando regresó a casa, la primera versión ya estaba lista.
"Lo único que hice fue crear un evento en Facebook. La verdad es que no tenía ni idea de lo que iba a pasar", recuerda, "pero mis amigos lo habían organizado todo a mis espaldas". Luego ya lo ha ido modificando. De hecho, el año pasado, la estructura impresionó a los asistentes principalmente por su altura, pero este año la atención se centra en su longitud y accesibilidad", según cuenta. El tobogán comienza en una plataforma de aproximadamente siete metros de altura y luego serpentea a lo largo de unos 50 metros por el jardín.
Sin embargo, el nuevo diseño de este año le planteó desafíos adicionales. Las numerosas curvas y los desniveles hicieron que la construcción fuera técnicamente mucho más compleja que la de años anteriores. "Estás trabajando con curvas en diferentes direcciones. Cada viga de madera requiere un tamaño distinto, y la lámina también debe ajustarse correctamente en todas partes. Eso no fue nada fácil", dice es
Por lo tanto, la construcción requirió un esfuerzo enorme. “Le dedicamos unas dos semanas. Algunos días trabajábamos desde las 9.00 de la mañana hasta las 2.00 de la madrugada. Literalmente, permanecíamos de pie durante horas con los calcetines mojados mientras seguíamos construyendo bajo la lluvia”, explica Roemendael.
En esos momentos, a veces surge la pregunta de por qué empezaron a hacerlo. "No nos pagan por ello; al contrario, nos pagamos a nosotros mismos para que esto sea posible", añade con humor. Pero, a pesar de ello y de los exhaustivos preparativos que requiere esta azaña, Sebastián espera nuevamente para este año alrededor de 200 visitantes, entre amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo y conocidos. Es más, reconoce que el año que viene es muy posible que continúe con esta tradición: "Dos días antes del evento, siempre decimos que es la última vez. Pero, después, probablemente recordamos sobre todo lo bien que lo pasamos todos. Entonces nos empiezan a surgir de nuevo las ganas", vaticina.
