Steve tiene un pedazo del Muro de Berlín de 3,1 metros de altura en su jardín; ahora las autoridades le exigen que lo derribe
Un vecino denuncia la instalación y abre un conflicto urbanístico en Londres.
Lo de derribar muros no solo va para países o desigualdades. En este caso va para un particular, con una literalidad absoluta y nada menos que con un trozo real del Muro de Berlín. Fue un vecino quien denunció su instalación.
Lo que para Steve es una pieza única de la historia del siglo XX, para las autoridades locales puede ser una obra realizada sin los permisos necesarios. Este promotor inmobiliario británico de 65 años instaló en el jardín de su vivienda, en el barrio londinense de Dulwich, un fragmento original del Muro de Berlín de 3,1 metros de altura, pero ahora el Ayuntamiento de Southwark estudia obligarle a retirarlo tras la denuncia presentada por uno de sus vecinos.
El caso ha despertado gran interés en Reino Unido porque el bloque de hormigón no es una simple réplica, sino un tramo auténtico del muro que dividió Berlín durante casi tres décadas. Historia viva en piedra.
Steve asegura que su intención nunca fue provocar polémica, sino conservar un símbolo histórico que considera fundamental para entender la Guerra Fría y el final de la división de Europa.
Un proyecto mucho más complicado de lo que imaginaba
Según explicó al Daily Mail y reportado por Focus, adquirir el fragmento fue relativamente sencillo. Lo realmente complicado llegó después.
Transportar una estructura de más de tres metros de altura y varias toneladas de peso hasta su vivienda requirió una compleja operación logística, además de una importante inversión económica. El propietario reconoce que introducir el enorme bloque de hormigón en el jardín fue una de las partes más difíciles del proyecto. "Costó una fortuna meterlo ahí", resumió al diario británico.
Sin embargo, poco después de quedar instalado, uno de los vecinos presentó una queja ante el Ayuntamiento de Southwark al considerar que una estructura de esas dimensiones necesitaba autorización urbanística. Ante esa situación, Steve solicitó un permiso de obras con carácter retroactivo para intentar regularizar la instalación. "No sé qué haré si no me lo conceden", admitió.
Un símbolo de la Guerra Fría convertido en atracción del barrio
Para su propietario, el valor del muro va mucho más allá del aspecto decorativo. Steve asegura que vivió de cerca la tensión de la Guerra Fría y considera que la caída del Muro de Berlín fue uno de los acontecimientos más importantes de su vida. Por eso decidió adquirir uno de sus fragmentos cuando tuvo la oportunidad.
El interés que despierta entre quienes pasan por la zona le ha confirmado que tomó la decisión correcta. Explica que muchos vecinos, especialmente niños y estudiantes, se acercan para verlo y preguntarle por su historia.
Con el objetivo de ayudar a comprender su significado, incluso ha preparado un pequeño folleto informativo que explica qué representó el muro y por qué su derribo cambió el rumbo de Europa. Mientras el Ayuntamiento estudia el caso, Steve insiste en que obligarle a retirarlo sería un error. "Sería un crimen derribarlo", afirma.
Miles de fragmentos siguen repartidos por el mundo
El Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989, cuando las autoridades de la antigua República Democrática Alemana abrieron de forma inesperada los pasos fronterizos hacia Berlín Occidental tras una confusa comparecencia del dirigente Günter Schabowski.
Aquel momento marcó el principio del fin de la división alemana y abrió el camino hacia la reunificación del país, culminada el 3 de octubre de 1990.
Aunque buena parte del muro fue demolida, numerosos fragmentos se conservaron como recuerdo histórico. Según Deutsche Welle, existen alrededor de 1.000 piezas originales repartidas por todo el mundo.
La Fundación Federal para la Reevaluación de la Dictadura del SED tiene documentados más de 240 grandes fragmentos instalados en 62 países, a los que hay que sumar otros muchos que permanecen en colecciones privadas o fueron divididos en pequeños recuerdos.
Ahora, el futuro del bloque adquirido por Steve depende de la decisión que adopten las autoridades urbanísticas de Southwark. Si finalmente rechazan conceder el permiso, el promotor podría verse obligado a retirar una pieza histórica cuya instalación, según él mismo reconoce, ya supuso una enorme inversión económica y logística.