Tenerife, contra un "parque temático" disfrazado de regeneración marina: 34 colectivos vecinales y 62.000 firmas piden parar el proyecto Underwater Gardens
Denuncian utilizar la "sostenibilidad" como fachada para atraer a aún más visitantes.

En Canarias, el turismo lleva años marcando el ritmo de la economía, pero también el de sus conflictos. Lo que durante décadas fue motor de crecimiento, hoy empieza a generar una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede crecer sin romper el equilibrio del territorio?
El archipiélago vive una tensión cada vez más visible entre desarrollo y conservación. El encarecimiento de la vivienda, la presión sobre los espacios naturales y la saturación de ciertas zonas han alimentado un debate que ya no se limita a expertos o administraciones, sino que está muy presente en la calle.
En ese contexto, cada nuevo proyecto turístico se analiza con lupa. Y cuando se presenta bajo etiquetas como "sostenibilidad" o "regeneración", el escrutinio es aún mayor. Porque para muchos colectivos, esas palabras empiezan a sonar más a estrategia que a solución.
Un proyecto que divide a Tenerife
La costa de Punta Blanca, en el sur de Tenerife, se ha convertido en el epicentro de una nueva batalla por el modelo turístico de la isla. Según ha publicado Canarias Ahora, un total de 34 colectivos vecinales, ecologistas y sociales han unido fuerzas para frenar el proyecto Underwater Gardens, al que consideran un “parque temático” encubierto.
La oposición no es menor: más de 62.000 firmas respaldan la petición de paralización de esta iniciativa, que plantea la instalación de estructuras submarinas y un complejo turístico vinculado al ocio marino.
Uno de los puntos más controvertidos del proyecto es su presentación como una propuesta de regeneración marina. Sin embargo, tanto colectivos como parte de la comunidad científica cuestionan ese enfoque.
"Greenwashing" y uso de la ciencia como escudo
Más de 20 investigadores han denunciado lo que consideran un "uso instrumental" de la ciencia para justificar una iniciativa con fines comerciales. Según advierten, el lenguaje de la restauración ecológica se estaría utilizando como una “narrativa de acceso” a espacios protegidos y financiación pública. Organizaciones como Greenpeace van más allá y hablan directamente de "greenwashing", es decir, de utilizar la sostenibilidad como fachada para un negocio turístico.
La crítica de los residentes es clara: bajo la promesa de sostenibilidad se estaría perpetuando un modelo turístico basado en atraer más visitantes, sin resolver los problemas de fondo y sin tener como prioridad preservar realmente el entorno.
Un parque temático en una zona protegida
El proyecto no es menor. Contempla la instalación de arrecifes artificiales y experiencias subacuáticas en plena Zona Especial de Conservación (ZEC) Teno-Rasca, un espacio de alto valor ecológico.
Para los colectivos agrupados en la plataforma Salvar Punta Blanca, no se trata de dos iniciativas separadas, la marina y la terrestre, sino de "dos patas de un mismo proyecto empresarial" que se tramitan por separado para evitar una evaluación global.
Además, alertan de que este proyecto podría atraer a miles de visitantes diarios, aumentando todavía más la presión sobre un litoral que ya consideran "castigado" por la industria turística.
Los residentes, de frente
Los colectivos denuncian que este tipo de reclamos no solo impactan en el medio ambiente, sino también en la vida cotidiana: privatización de espacios naturales, pérdida de acceso para la población local y transformación del territorio en un producto turístico más. Por eso, mientras el proyecto sigue su tramitación, la movilización social no parece frenarse. Las plataformas ciudadanas ya han dejado claro que continuarán con acciones y alegaciones hasta lograr su paralización.
Porque, más allá de este caso concreto, lo que está en juego es algo más amplio: decidir qué tipo de territorio quiere ser Tenerife en el futuro. Un destino turístico, sí. Pero como muchos advierten, no a cualquier precio.
