Un directivo de Uber confiesa que cada vez es más difícil justificar la inversión en IA: "No hay correlación todavía con funciones para los usuarios"
La fiebre por la inteligencia artificial empieza a generar dudas incluso dentro de las grandes tecnológicas: Uber admite que el gasto se dispara mientras cuesta demostrar mejoras reales para los clientes.

La carrera desenfrenada por la inteligencia artificial empieza a dejar una pregunta incómoda incluso dentro de Silicon Valley. ¿Y si las empresas están gastando muchísimo más dinero del que realmente están aprovechando?
La reflexión ha llegado ahora desde Uber, una de las mayores plataformas tecnológicas del mundo. Y no la ha hecho cualquiera.
Andrew Macdonald, director de operaciones de la compañía, ha reconocido públicamente que cada vez resulta más difícil justificar internamente el gigantesco gasto en IA porque todavía no existe una relación clara entre ese consumo y mejoras reales para los usuarios.
"No existe todavía esa conexión", admitió en una entrevista recogida por Business Insider. "Gastamos muchísimo… pero cuesta ver el resultado"
La confesión llega en pleno auge de la llamada obsesión por el "tokenmaxxing", término que se utiliza en la industria para describir la tendencia de muchas empresas tecnológicas a usar inteligencia artificial masivamente en prácticamente cualquier proceso.
Uber es una de ellas.
Macdonald explicó que dentro de la compañía incluso se viralizó recientemente una frase pronunciada por el director tecnológico de la empresa, Praveen Neppalli Naga, quien reconoció que Uber ya se había fundido el presupuesto previsto para herramientas de IA de todo 2026.
La situación provocó un auténtico terremoto interno.
Según el propio Macdonald, empezaron entonces conversaciones muy serias dentro de los equipos de ingeniería sobre si realmente ese enorme consumo de IA estaba produciendo resultados tangibles.
Y la conclusión fue bastante fría.
"Es muy difícil trazar una línea entre esas cifras y decir: ahora estamos produciendo un 25% más de funciones útiles para los usuarios", explicó.
La gran duda que empieza a extenderse en Silicon Valley
Lo importante de esta declaración no es solo Uber.
Es que refleja una duda que empieza a crecer dentro de muchas grandes tecnológicas: el miedo a que la inteligencia artificial esté entrando en una fase de gasto gigantesco… sin retorno claro todavía.
Porque usar IA a gran escala cuesta muchísimo dinero.
No solo por las herramientas, servidores o modelos de lenguaje, sino también por el consumo masivo de "tokens", es decir, las unidades de procesamiento que utilizan sistemas como ChatGPT o Claude.
Y ahí empieza el problema.
Menos contrataciones para pagar la IA
Uber ya ha tomado medidas.
El consejero delegado de la compañía, Dara Khosrowshahi, reconoció hace apenas unas semanas que la empresa estaba ralentizando contrataciones precisamente para compensar el incremento de inversión en inteligencia artificial.
Es decir: parte del dinero que antes se destinaba a ampliar plantilla ahora se está desviando a infraestructura y herramientas de IA.
Macdonald lanzó además otra reflexión que resume perfectamente el momento actual del sector.
"Cuando eres simplemente un usuario sentado delante de la pantalla probando cosas, parece gratis. Pero al final alguien paga la factura", explicó.
La moda empieza a encontrar resistencia
Durante meses, muchas compañías han empujado a sus empleados a utilizar IA prácticamente para todo.
Pero algunas empiezan ya a frenar. El artículo recuerda el caso de Duolingo, que dio marcha atrás después de intentar incluir el uso de inteligencia artificial en las evaluaciones de rendimiento de sus trabajadores.
Muchos empleados empezaron a preguntarse si realmente tenían que usar IA porque era útil… o simplemente porque estaba de moda.
El propio CEO de Duolingo terminó admitiendo que, en algunos casos, parecía que estaban intentando imponer herramientas que no encajaban realmente con el trabajo.
Y ahora Uber acaba de verbalizar algo parecido.
La inteligencia artificial sigue siendo la gran obsesión tecnológica mundial. Pero dentro de las empresas empieza a crecer una pregunta cada vez más incómoda: ¿Realmente está compensando todo lo que cuesta?
