Un estudiante se gradúa tan rápido que acaba recibiendo su diploma en el lugar donde adquirió experiencia práctica
Ha ocurrido en Países Bajos.
Un ramo de flores, una botella de champán infantil y un diploma bajo el brazo. Así fue como una docente de Países Bajos acudió a la escuela de prácticas de una de sus alumnas para entregarle oficialmente el título con el que culmina su formación profesional MBO (Middelbaar Beroepsonderwijs), es decir, lo que en España se conoce como FP (Grados Medios y Superiores).
La escena no tuvo lugar en un auditorio universitario ni en una ceremonia multitudinaria, sino en el mismo centro donde la estudiante había adquirido su experiencia práctica. El motivo: avanzó tan rápido en el programa que se graduó antes de lo habitual y en un formato poco convencional, reflejo de un sistema educativo que empieza a adaptarse al ritmo real de cada alumno.
Cada uno a su ritmo
Según el Ministerio Español de Trabajo y Economía Social "los Países Bajos disponen de una muy amplía oferta que varía desde la gama completa de formación profesional de niveles MBO (formación profesional de nivel más bajo) y HBO (formación profesional de nivel superior) hasta una gran cantidad carreras universitarias".
En los programas de formación profesional (MBO), lo habitual es que los estudiantes tarden alrededor de tres años en completar sus estudios. Sin embargo, cada vez son más los casos de alumnos que aceleran el proceso gracias a su alto rendimiento académico, del mismo modo que existen otros que necesitan algo más de tiempo.
La gran novedad es que, según el medio neerlandés AD ya no es necesario esperar al final del curso académico para obtener el diploma: ahora es posible graduarse cada diez semanas, un cambio que marca el inicio de una profunda transformación en la formación profesional.
Una formación más flexible
Este modelo permite que los estudiantes con un ritmo acelerado puedan incorporarse antes al mercado laboral o dar el salto a programas de formación superior sin perder meses por cuestiones administrativas. Al igual que el resto de sus compañeros, estos alumnos deben superar los 19 exámenes prácticos y completar sus prácticas profesionales, pero optan por itinerarios internos más intensivos, estudios más autónomos o incluso integrarse en cursos de niveles superiores antes de tiempo.
La flexibilidad educativa no solo beneficia a los alumnos más brillantes sino también a quienes necesitan un respiro adicional. En lugar de repetir un curso completo, pueden repetir solo un bloque de diez semanas, lo que reduce la presión, mejora la motivación y disminuye el riesgo de abandono escolar. Además, supone un ahorro económico en matrículas y un menor desgaste emocional.
Lo que opinan los profesores
Para el profesorado, este nuevo enfoque exige una atención mucho más personalizada, mayor empatía y capacidad de adaptación. No todos los docentes se sienten cómodos con este cambio, pero muchos reconocen que resulta especialmente gratificante ver cómo cada estudiante puede avanzar según sus capacidades y circunstancias.
Una de las consecuencias de contar con varias fechas de graduación al año es la desaparición de las grandes ceremonias colectivas. En su lugar, se apuestan por actos más íntimos y significativos, como el vivido esta semana. Familiares, amigos, coordinadores de prácticas y compañeros estuvieron presentes en la escuela donde la estudiante se formó para celebrar su logro con palabras personales, flores y un brindis simbólico.