Un estudio climático alerta de que el colapso de la corriente del Atlántico tiene más del 50% de probabilidades: Londres podría llegar a -19°C y Oslo, a -48°C
AMOC y cambio climático: el sistema transporta calor desde los trópicos hacia el Atlántico Norte.
La corriente del Atlántico que ayuda a mantener templado el clima de Europa está mucho más amenazada de lo que se pensaba. Un nuevo estudio publicado en Science Advances calcula que la circulación meridional de vuelco del Atlántico, conocida como AMOC, podría debilitarse alrededor de un 51% para finales de siglo, con un margen del 43% al 59% según los escenarios analizados.
La alerta va más allá de una simple ralentización. El climatólogo Stefan Rahmstorf, del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, ha señalado que el riesgo de que el sistema cruce su punto de inflexión podría ser ya superior al 50%. Si eso ocurre, el cambio sería prácticamente irreversible a escala humana y tendría consecuencias directas en el norte de Europa: modelos citados por The Guardian apuntan a extremos de hasta -19°C en Londres, -30°C en Edimburgo y -48°C en Oslo.
Qué es la AMOC y por qué importa tanto
La AMOC funciona como una enorme cinta transportadora oceánica. Mueve agua cálida desde zonas tropicales hacia el Atlántico Norte y devuelve agua fría hacia el sur en profundidad. Ese intercambio ayuda a regular el clima de Europa, parte de África y América.
El problema es que el calentamiento global está alterando la temperatura y la salinidad del agua. El deshielo, las lluvias más intensas y la entrada de agua dulce reducen la densidad del océano en zonas clave. Y si el agua deja de hundirse como antes, el motor de la circulación pierde fuerza.
El nuevo trabajo, firmado por Valentin Portmann, Didier Swingedouw y otros investigadores, corrige sesgos de los modelos climáticos usados hasta ahora y concluye que muchas proyecciones habrían infravalorado la caída de la AMOC. La estimación central es un debilitamiento del 51% respecto a niveles preindustriales para 2100.
El impacto: frío extremo en Europa, cambios en el Amazonas y subida del mar
Un colapso de la AMOC no significa que todo el planeta se enfríe. El calentamiento global seguiría avanzando. Pero sí podría provocar una paradoja: un planeta más cálido con inviernos mucho más extremos en el norte de Europa.
Los estudios citados advierten de varios efectos encadenados. En Reino Unido, la agricultura de secano podría volverse mucho más difícil. En Escandinavia, el frío extremo sería mucho más frecuente. En el Atlántico Norte, el hielo marino podría avanzar hacia zonas donde hoy sería impensable.
También habría consecuencias fuera de Europa. La alteración de la AMOC puede modificar los ciclos de lluvia en el Amazonas, con riesgo de acelerar procesos de degradación de la selva. En la costa este de EEUU, el debilitamiento del sistema puede elevar el nivel del mar y agravar el riesgo para ciudades costeras.
Por qué el dato del 50% preocupa a los científicos
Hasta hace poco, el colapso de la AMOC se trataba como un riesgo de alto impacto pero baja probabilidad. Es decir, algo devastador, pero improbable este siglo. Esa lectura está cambiando.
El propio IPCC ha mantenido cautela sobre un colapso completo antes de 2100, pero varios estudios recientes han elevado la preocupación. En 2025, otro análisis ya concluyó que el colapso de esta corriente atlántica no podía seguir considerándose un escenario de baja probabilidad.
La clave está en el punto de inflexión. Una cosa es que la AMOC se debilite de forma gradual. Otra, mucho más grave, es que cruce un umbral a partir del cual el sistema ya no pueda recuperarse aunque se reduzcan emisiones más tarde.
La lectura científica es que no hay certeza absoluta sobre la fecha, pero el riesgo ha subido. Y eso cambia el debate. No se trata solo de un problema para el año 2100. Algunos expertos creen que el punto crítico podría alcanzarse hacia mediados de siglo si las emisiones siguen elevadas.