Un submarino nuclear soviético lleva 35 años filtrando material radiactivo en el Mar de Noruega con niveles de cesio 800.000 veces superiores a lo normal y nadie lo ha podido detener
Esto ha reabierto el debate sobre el impacto real de este pecio.

A más de mil metros bajo el mar, donde ya no llega la luz ni el ruido del mundo, un submarino nuclear soviético sigue ahí varado, como congelado en el tiempo. Han pasado más de tres décadas desde que se hundió, pero su historia no terminó aquel día, sino que hoy continúa liberando radiación poco a poco, recordando silenciosamente que algunos restos de la Guerra Fría siguen muy presentes, incluso en el fondo del océano.
Concretamente, varios investigadores noruegos han confirmado que el submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1989 tras un incendio a bordo que costó la vida a 42 de los 69 tripulantes, continúa liberando material radiactivo desde el fondo del Mar de Noruega. En algunos puntos, los niveles detectados son hasta cientos de miles de veces superiores a lo habitual, lo que ha reabierto el debate sobre el impacto real de este pecio.
La nave, que descansa a unos 1.680 metros de profundidad, llevaba en su interior un reactor nuclear y armamento con carga atómica cuando se hundió, lo que explica la preocupación que sigue generando décadas después. Según recoge el medio italiano Wired, al menos en las inmediaciones del casco, las mediciones recientes han detectado concentraciones de isótopos como el cesio-137 y el estroncio-90 que alcanzan niveles hasta 800.000 veces superiores a los valores normales del Mar de Noruega.
Un impacto limitado
Estos resultados son frutos de un trabajo, basado en una campaña submarina realizada en 2019 con un vehículo operado remotamente, que analizó agua, sedimentos y organismos marinos alrededor del pecio. A partir de ahí, los investigadores observaron que las emisiones del reactor no son constantes, sino intermitentes, así como que en algunas ocasiones aparecen columnas visibles que salen de puntos concretos del casco, incluido un conducto de ventilación.
Tras uno de esos episodios, la concentración de cesio-137 en el agua llegó a multiplicarse por 1.000 respecto a la muestra tomada antes de la liberación visible. También se detectaron plutonio-239, plutonio-240 y uranio-236, con ratios isotópicas que apuntan a la corrosión del combustible nuclear del reactor. Todo ello confirma que no se trata de un escape puntual, sino de un proceso lento y continuo ligado al deterioro interno del submarino, cuya evolución sigue siendo incierta y difícil de controlar a esa profundidad.
Pese a esas cifras, la contaminación no parece acumularse de forma significativa en el entorno cercano del naufragio. Los radionúclidos liberados se diluyen rápidamente en el agua de mar circundante, y las muestras de sedimentos y fauna recogidas alrededor del casco mostraron un impacto limitado. Aun así, los autores advierten que las emisiones seguirán produciéndose y piden más investigación para entender el proceso de corrosión interna y el destino del material nuclear que aún queda dentro del reactor.
