Una familia construye barcos de lujo y consigue que sean codiciados en todo el mundo: "Parecía un puesto de salchichas”
Los compradores visitan el astillero para seguir de cerca el proceso.
En una enorme nave industrial de Maalahti, en la región finlandesa de Ostrobotnia, el aire huele a fibra de vidrio y madera recién cortada. Decenas de trabajadores fabrican a mano piezas que acabarán formando algunos de los barcos de lujo más reconocidos del mundo.
Allí camina Johan Carpelan, de 80 años, fundador de Botnia Marin junto a su esposa Britt-Marie Carpelan, de 76. “Cuando caminas por aquí solo por la noche, te mareas”, dice al medio Kaleva, resumiendo una vida entera dedicada a los barcos ¡.
Todo comenzó en 1976 con la pasión de una joven pareja por la navegación. Johan era regatista y había participado en una victoria en el Campeonato Europeo de veleros H. Su fama y conocimiento técnico permitieron que los primeros barcos se vendieran rápidamente en los países nórdicos y Alemania. Desde el principio tuvieron claro que Finlandia no era suficiente y que debían exportar al mundo.
De un prototipo imposible a un icono del mar
El gran giro llegó con el Targa, un modelo de diseño poco convencional. “Parecía un puesto de salchichas”, recuerda Britt-Marie sobre la cabina. Aquel prototipo, con una enorme cubierta frontal y una cabina mínima, había fracasado en otras fábricas.
Sin embargo, los Carpelan decidieron apostar por él, ampliaron la cabina y lo adaptaron para cinco personas. Su cubierta peatonal, estabilidad y seguridad lo hicieron único. No había nada parecido en el mercado.
Hoy los Targa se envían desde Ostrobotnia a clientes de todo el mundo, con precios que pueden alcanzar 1,5 millones de euros. Todos los barcos en construcción ya están vendidos y no se fabrica ninguno para tenerlo en stock. Los compradores visitan el astillero para seguir de cerca el proceso y personalizar cada detalle. Algunos incluso piden jacuzzis, baños de vapor o estabilizadores giroscópicos valorados en cien mil euros.
Éxito y reconocimiento internacional
El actual director ejecutivo es Robert Carpelan, de 48 años, hijo de los fundadores. Bajo su dirección, la empresa sigue apostando por una producción artesanal. No hay cadenas de montaje: carpinteros, laminadores, electricistas y tapiceros trabajan en paralelo. La madera se talla en el propio taller y todas las alfombras, cortinas y colchones se confeccionan a medida.
El éxito económico acompaña a esta filosofía. En cuarenta años se han fabricado 3.500 Targa, casi todos todavía navegando. En 2024, Johan y Robert Carpelan superaron el millón de euros en ingresos imponibles, y Johan y Britt-Marie recibieron un premio internacional a la trayectoria por la marca Targa en Ámsterdam. Aun así, la empresa sigue siendo un negocio familiar.
La siguiente generación ya está al frente. Robert dirige la empresa y su hermana Martina Carpelan-Rasmussen es responsable de la marca y su identidad visual. Ambos aseguran que el rumbo se mantiene estable.