Venecia deja de probar y endurece su peaje turístico: más días, precio variable y control para frenar el turismo de ida y vuelta
La medida, que comenzará a aplicarse de forma mucho más estricta, no ha sentado bien a muchos turistas, que lo considera un gasto adicional a un destino ya de por sí, caro.
Venecia ha pasado de la fase de pruebas a una política mucho más estricta para controlar el turismo masivo. Tras varios años experimentando con el cobro de entrada, la ciudad italiana endurece ahora el sistema con más días de aplicación, precios variables y un refuerzo claro de los controles.
El objetivo es frenar el turismo de "ida y vuelta", ese que llega por unas horas, colapsa el centro histórico y apenas deja impacto económico real.
El cambio no es menor. En la última jornada de aplicación del peaje, el Ayuntamiento recaudó más de 100.000 euros en un solo día. Más de 13.000 visitantes abonaron la tasa, con tarifas de 5 y 10 euros según las condiciones, mientras que los controles superaron los 10.000. También aumentaron las sanciones: unas 70 en total, el doble de lo habitual en fases anteriores.
Más control y menos margen
El incremento de multas no es casual. Desde el consistorio consideran que, tras varios años en marcha, nadie puede alegar desconocimiento de la norma. Si en el inicio hubo cierta flexibilidad, ahora la vigilancia es mucho más estricta, especialmente en los principales accesos a la ciudad.
En puntos clave como Piazzale Roma o la estación de tren, los controles se han intensificado para evitar que los visitantes accedan sin pagar. Aun así, muchos turistas siguen asegurando que no estaban al tanto del sistema hasta llegar allí, lo que ha generado situaciones incómodas y quejas sobre la información disponible.
El modelo actual obliga a pagar por entrar en determinados días —principalmente fines de semana y fechas de alta afluencia— en una franja horaria que va desde la mañana hasta media tarde. Este año, además, el calendario se amplía hasta unos 60 días de aplicación, lo que supone un salto importante respecto a fases anteriores.
Un experimento que se consolida
Lo que comenzó como una prueba piloto se está convirtiendo en una herramienta estructural de gestión turística. El Ayuntamiento, liderado por Luigi Brugnaro, defiende que el sistema permite ordenar los flujos y proteger una ciudad especialmente vulnerable.
Venecia lleva años enfrentándose a un problema evidente: recibe millones de visitantes al año, muchos de ellos en visitas exprés. Este modelo genera saturación, desgaste del patrimonio y una presión constante sobre los servicios públicos, sin que siempre haya un retorno económico proporcional.
El peaje busca precisamente desincentivar ese tipo de turismo rápido. La idea es clara: quien quiera visitar la ciudad, que lo haga con más planificación —y, en cierto modo, con mayor contribución económica—.
Críticas: "una ciudad convertida en parque temático"
Sin embargo, la medida está lejos de generar consenso. Colectivos ciudadanos y algunos partidos políticos critican que el sistema no soluciona el problema de fondo y, en cambio, convierte Venecia en un espacio cada vez más excluyente.
Durante los primeros días de aplicación reforzada, grupos de protesta salieron a la calle con mensajes irónicos que comparaban la ciudad con un parque de atracciones. Denuncian que cobrar por entrar no limita realmente el número de visitantes, sino que simplemente introduce una barrera económica.
Algunos expertos y activistas reclaman medidas más contundentes, como un límite diario de aforo. A su juicio, mientras no exista ese tope, el peaje funciona más como una tasa recaudatoria que como una herramienta eficaz de control.
Opiniones divididas entre los turistas
Entre quienes visitan la ciudad, las reacciones son variadas. Hay quienes consideran razonable pagar si el dinero se destina a conservar un enclave único, declarado Patrimonio de la Humanidad. Otros, en cambio, lo ven como un coste añadido en un destino ya de por sí caro.
Algunos visitantes reconocen que el sistema les ha obligado a replantear su viaje, incluso optando por alojarse en ciudades cercanas más asequibles. También hay quejas por la falta de información previa, especialmente entre turistas internacionales.
En el otro extremo, hay quienes aceptan la medida con resignación o incluso la defienden, entendiendo que Venecia necesita mecanismos para sobrevivir al turismo masivo.
Vigilancia y futuro del modelo
El refuerzo del control no se limita al acceso. En zonas emblemáticas como la plaza de San Marcos o el puente de Rialto, equipos específicos supervisan el comportamiento de los visitantes durante buena parte del día. La intención es no solo regular la entrada, sino también el uso del espacio público.
De cara al futuro, el gran interrogante es si este modelo será suficiente. Venecia está probando un equilibrio complicado: seguir siendo uno de los destinos más visitados del mundo sin morir de éxito.
El endurecimiento del peaje apunta a una dirección clara: menos improvisación y más regulación. Pero también abre un debate de fondo sobre hasta qué punto una ciudad puede —o debe— poner precio a su acceso para garantizar su propia supervivencia.