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24/07/2012 09:40 CEST | Actualizado 22/09/2012 11:12 CEST

El uniforme Olímpico, la mejor imagen de crisis

Soñé que era cierto. Que Zara produciría el Uniforme Olímpico. Y qué evitaríamos la pesadilla de demostrar al mundo que necesitamos un rescate. Que ese atuendo hortera no vestiría a nuestros atletas.

Soñé que era cierto. Que Zara produciría el Uniforme Olímpico. Y qué evitaríamos la pesadilla de demostrar al mundo que necesitamos un rescate. Que ese atuendo hortera de inspiración matriuska rusa, ridículo y trasnochado no vestiría a nuestros atletas en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Que ese diseño tan ajeno y de tan mal gusto no representaría el estilo español.

Imaginé que Don Amancio, en un gesto de orgullo patrio, se habría ofrecido a realizar los uniformes olímpicos. Por supuesto, poniendo condiciones. Sería inevitable producirlos en el extranjero. Algo lamentable, sí. Pero el cuarto hombres más rico del planeta habría argumentado la inviabilidad financiera de fabricarlo en nuestro país. Máxime habiendo hecho el tremendo esfuerzo de asumir la subida del IVA prevista para septiembre. Y a sabiendas de que casi la totalidad de su producción se realiza, desde hace muchos años, en países del tercer mundo.

Torres más altas también habrían caído. Así que no se nos podría reprochar sólo a nosotros. USA, Francia, UK, Alemania, incluso Australia, producirían también en China e Indonesia para cuadrar las cuentas de la costosa inversión. Con escandalosas críticas y comprometidas investigaciones por ello. En USA el tema llegaría incluso a debatirse en el Congreso, a pesar de que el Comité Olímpico en ese país se financia con capital privado y, por ello, el estado no puede exigir ninguna responsabilidad. Sacar la producción fuera sería un peaje muy doloroso. Pero la mano de obra es un bien casi impagable en los países industrializados. Puestos a sacrificar, mejor defender ante todo un diseño digno que nos represente.

Después de considerar la extraordinaria importancia de dar la mejor imagen de la Marca España, el COE se habría convencido de que más importante que ahorrar, es generar riqueza. No recibiría dinero en concepto de patrocinio, como con la empresa rusa, pero sería una operación mucho más rentable a medio plazo. Somos una potencia mundial en distribución textil, con Zara a la cabeza. Nuestro diseño goza de prestigio internacional. Y estos serían unos Juegos históricos, por ser las primeras Olimpiadas verdaderamente digitales. Lo que convertiría el acontecimiento en el mayor evento internacional de todos los tiempos. Así que sería una oportunidad impagable para mostrar, con el mismo arrojo que La Roja, que sabemos ganar y como Zara, ser líderes. Por cierto, ese sería el color emblemático del uniforme. El rojo. Sin ninguna duda. La imagen de marca de La Roja, impulsaría el ánimo de los atletas y el reconocimiento internacional de nuestro país. El concepto antes que el diseño. El efecto siempre con una intención. La moda es un poderoso medio de expresión capaz, como ningún otro, de transmitir mensajes más allá de la imagen.

En la Pasarela Olímpica desfilaríamos con grandes diseñadores internacionales como Stella McCartney para Reino Unido, Ralph Lauren para Estados Unidos, o Armani y Prada para Italia. Incluso países tan humildes como Jamaica, habrían elegido como diseñador figuras emblemáticas como la hija de Bob Marley, Cepella Marley, que acertadamente habría incorporado al diseño de los uniformes la imagen de su padre para remarcar algo valioso en estos tiempos de globalización imparable: la propia identidad local.

Don Amancio habría pensado en la posibilidad de colaborar con alguno de los reconocidos diseñadores españoles para el traje de la ceremonia inaugural. Pero finalmente lo habría descartado. Demostraría ante los miles de periodistas y los cientos de millones de espectadores, la incontestable capacidad creativa de Zara.

En mi sueño, el Señor Ortega tenía que enfrentarse a muchos que le desaconsejaban semejante lío. Pero Don Amancio les argumentaba, con esa capacidad visionaria que le define, que el desfile Olímpico sería, a partir de ahora, la mayor pasarela del mundo gracias a la amplificadora labor de las redes sociales, y al gran crecimiento de la moda debido, en parte, a su capacidad ilimitada para inyectar dosis de autoestima a nivel particular y colectivo.

Porque si los deportistas se sienten a gusto con su imagen conseguirán mejores resultados. Y la imagen de marca del país también. Esa es la medalla más importante.

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