China ya tiene baterías "nucleares" eternas, pero malas noticias: por qué no valen para tu móvil pero sí para las cosas "serias"
Hoy la ciencia explora baterías hechas con diamantes y residuos nucleares capaces de generar electricidad durante cientos o miles de años.
China sigue innovando pero en este caso tiene una base "antigua". Puede sonar a ciencia ficción, pero durante décadas cientos de pacientes llevaron en su pecho dispositivos alimentados por material radiactivo. En los años sesenta y setenta se implantaron marcapasos que funcionaban gracias al Plutonio‑238, un isótopo capaz de generar energía durante muchos años sin necesidad de recargar baterías.
Sin embargo, si todo ello, al margen de posibles peligros para tu salud, te parece espléndido y que compensa si así te libras de cargar tu móvil de por vida, que sepas que esta tecnología no va a permitirlo por razones que no son de ingeniería, sino de pura física de partículas y termodinámica.
Estos dispositivos funcionaban mediante una tecnología similar a la utilizada hoy en sondas espaciales. El calor generado por la desintegración radioactiva se transformaba en en electricidad mediante un sistema llamado generador termoeléctrico de radioisótopos (RTG), como explican en el canal de divulgación científica NovaGea.
El sistema era extremadamente fiable. De hecho, todavía hoy alimenta sondas como Voyager 1 y Voyager 2, que siguen transmitiendo datos desde el borde del sistema solar después de más de 45 años.
La nueva generación: baterías nucleares de diamante
Herederos de esos marcapasos nucleares sesenteros, más de medio siglo después, la investigación en energía nuclear de baja potencia está viviendo un renacimiento. Un ejemplo es el trabajo realizado en la University of Bristol, donde científicos estudian cómo convertir residuos nucleares en diamantes sintéticos capaces de generar electricidad.
El concepto se basa en el uso del isótopo Carbono‑14, presente en bloques de grafito utilizados en antiguos reactores nucleares.
Cuando este isótopo se desintegra, emite partículas beta (electrones de alta energía). Si se encapsula dentro de un diamante sintético que actúe como semiconductor, esas partículas pueden generar una corriente eléctrica mediante el llamado efecto betavoltaico.
Cómo funciona una batería nuclear de diamante
El principio es parecido al de un panel solar, pero en lugar de aprovechar la luz del Sol, se aprovecha la energía liberada por la desintegración radiactiva.
El proceso funciona así:
- Un isótopo radiactivo emite partículas beta al desintegrarse.
- Esas partículas golpean el material semiconductor.
- El impacto libera electrones que generan electricidad.
El diamante cumple dos funciones clave: actúa como semiconductor para generar corriente y funciona como escudo natural contra la radiación. Las partículas beta tienen muy baja penetración, por lo que quedan atrapadas dentro del material.
Baterías que podrían durar miles de años
Algunas empresas ya están desarrollando esta tecnología, y no solo chinas, sino también británicas. Por ejemplo, la compañía china Betavolt trabaja con el isótopo Níquel‑63, cuya vida media ronda los 100 años. Por su parte, la empresa británica Arkenlight investiga baterías basadas en carbono-14, cuya vida media es de 5.730 años.
Esto significa que una batería basada en ese material podría seguir generando electricidad durante milenios.
El gran límite: la potencia
A pesar de lo impresionante que suena, estas baterías no servirán para cargar tu móvil. El motivo es físico: tienen mucha energía acumulada, pero liberan potencia muy lentamente.
Por ejemplo, algunos prototipos actuales generan apenas 100 microwatios, una cantidad ínfima comparada con la potencia que necesita un smartphone moderno. Por eso su verdadero potencial no está en dispositivos de alto consumo, sino en aplicaciones donde se necesita energía muy pequeña durante mucho tiempo.
Los usos más prometedores
Las baterías nucleares de baja potencia podrían ser revolucionarias en varios ámbitos:
- Sensores del Internet de las cosas instalados en lugares remotos.
- Satélites pequeños que no dependan de paneles solares.
- Sensores oceanográficos en el fondo del mar.
- Infraestructuras críticas como puentes o tuberías.
También existen versiones comerciales basadas en Tritio, utilizadas en sensores militares o sistemas electrónicos que deben funcionar durante décadas sin mantenimiento.
El reto: seguridad y regulación
Aun así, quedan desafíos importantes antes de que estas baterías se generalicen. Entre ellos, la regulación sobre materiales radiactivos, el reciclaje y gestión de residuos, los costes de fabricación y los riesgos en caso de rotura o ingestión accidental.
Por ese motivo, su uso masivo en productos de consumo todavía parece lejano. Lo que sí parece claro es que la idea de una batería que dure generaciones enteras ya no pertenece solo a la ciencia ficción. La tecnología existe y ya funciona en aplicaciones específicas.