Drones taiwaneses para Ucrania: Taiwán exportó 70.372 unidades a República Checa y 31.711 a Polonia en 2025, pero la mayoría terminó en el frente contra Rusia
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Drones taiwaneses para Ucrania: Taiwán exportó 70.372 unidades a República Checa y 31.711 a Polonia en 2025, pero la mayoría terminó en el frente contra Rusia

La guerra de Ucrania está creando una inesperada alianza tecnológica y militar entre Kiev y Taipéi mientras Taiwán estudia cómo prepararse ante una posible invasión china.

Helicóptero junto a drones.Getty Images

La guerra de Ucrania se ha convertido en mucho más que un conflicto europeo. También está funcionando como un laboratorio militar global del que Taiwán quiere aprender… y en el que ya participa de manera indirecta.

Aunque Ucrania y Taiwán no mantienen relaciones diplomáticas oficiales y ambos gobiernos evitan incomodar abiertamente a China, la conexión entre los dos territorios se está intensificando alrededor de un elemento clave del nuevo campo de batalla: los drones.

Según datos citados por The New York Times, Taiwán exportó en 2025 un total de 70.372 drones a República Checa y otros 31.711 a Polonia. Oficialmente, esos países europeos eran los destinatarios. En la práctica, gran parte de esos dispositivos acabaron en Ucrania, muchos de ellos donados posteriormente al ejército ucraniano.

Taiwán mira a Ucrania… pensando en China

El interés de Taiwán no es casual. En Taipéi se observa la guerra de Ucrania como un posible anticipo de lo que podría ocurrir algún día con Pekín.

La invasión rusa ha cambiado la forma de entender la guerra moderna: drones baratos, ataques asimétricos, robots marítimos y sistemas autónomos capaces de destruir blindados multimillonarios.

Y Taiwán quiere absorber toda esa experiencia.

El reportaje del New York Times cuenta incluso el caso de Lee, un taiwanés de 37 años que combate actualmente en el ejército ucraniano y que asegura que su objetivo es llevar ese conocimiento militar de vuelta a su país.

"La guerra ocurrirá algún día con China y mi experiencia será valiosa", explica.

Una alianza informal que evita enfadar a Pekín

La relación entre Ucrania y Taiwán se mueve en una especie de zona gris diplomática.

Ucrania reconoce oficialmente la política de "Una sola China" y evita establecer vínculos militares formales con Taipéi. Además, la propia industria ucraniana de drones depende todavía de componentes chinos como baterías o motores.

Taiwán, por su parte, tampoco quiere aparecer como un actor demasiado implicado en la guerra para no provocar una reacción directa de Pekín.

Pero bajo esa prudencia oficial, las conexiones privadas no dejan de crecer.

Empresas taiwanesas envían drones a Ucrania para ser probados en combate. Fabricantes estadounidenses desarrollan en Taiwán modelos basados en diseños utilizados en el frente ucraniano. Y compañías de defensa trabajan ya en tecnologías pensadas específicamente para una hipotética invasión china.

Ucrania se ha convertido en el gran laboratorio militar del siglo XXI

Lo que está ocurriendo va más allá de la simple exportación de drones.

La guerra ha transformado Ucrania en el principal banco de pruebas del armamento autónomo moderno. Desde drones suicidas hasta robots marítimos o sistemas de inteligencia artificial para localizar objetivos, el conflicto está redefiniendo la industria militar global.

Y Taiwán observa con máxima atención. No solo por la tecnología. También por la estrategia.

Analistas militares llevan tiempo advirtiendo de que Taipéi necesita adoptar una defensa mucho más "asimétrica", es decir, basada en armamento barato, móvil y difícil de destruir, exactamente el modelo que Ucrania ha utilizado para frenar a Rusia.

El nuevo eje tecnológico que preocupa a China

El crecimiento de estas conexiones empieza a dibujar un escenario incómodo para Pekín.

Porque aunque oficialmente no exista cooperación militar entre Ucrania y Taiwán, la realidad es que ambos territorios comparten el mismo temor: enfrentarse a un vecino mucho más poderoso.

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Y en ese contexto, los drones se han convertido en el lenguaje común de una nueva alianza silenciosa.

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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