Los robots de reparto se multiplican en las aceras y los sindicatos temen por los empleos: "La gente lucharía por su vida contra estos robots inútiles"
"Tuvimos que apartarnos del camino..."

Los robots autónomos de reparto se están convirtiendo en una imagen cada vez más habitual en ciudades de distintos países. Lo que para algunos representa un avance tecnológico capaz de reducir tráfico y emisiones, para otros supone una amenaza para los peatones, los espacios públicos e incluso miles de puestos de trabajo.
En ciudades de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Alemania, estos pequeños vehículos ya transportan comida y compras por las aceras utilizando cámaras, sensores y sistemas de navegación automática. Sin embargo, su expansión no gusta a todos los sectores.
Problemas de movilidad o dudas sobre la pérdida de empleo
Uno de los críticos es John Roberts, un vecino de Chicago que ha contado su experiencia en una entrevista con la BBC, que inicialmente veía estas máquinas con curiosidad. Sin embargo, su opinión cambió cuando comenzó a encontrarse con ellas de forma habitual durante sus paseos familiares.
Según explica, el problema surge cuando los peatones tienen que apartarse para dejar pasar a los robots en espacios pensados exclusivamente para las personas. Esa preocupación le llevó a impulsar una campaña para exigir que se suspenda su uso en la ciudad hasta que existan pruebas de seguridad y normas claras de funcionamiento.
La petición ya ha reunido miles de apoyos y forma parte de un movimiento que está ganando fuerza en varias ciudades norteamericanas. Algunas administraciones locales también han mostrado sus dudas sobre el impacto de esta tecnología.
En lugares como San Francisco se han impuesto restricciones a la circulación de estos vehículos, mientras que Toronto decidió prohibirlos en las aceras hace varios años. En Chicago, por su parte, ya existen zonas concretas donde no pueden operar.
Algunos vecinos aseguran haber presenciado situaciones en las que los robots bloqueaban el paso o generaban problemas de movilidad. También se han reportado incidentes relacionados con averías o comportamientos inesperados en cruces y zonas transitadas.
Preocupaciones similares han aparecido en Glendale, California, donde las autoridades estudian establecer una moratoria temporal. Los responsables municipales señalan que los dispositivos comenzaron a circular sin que existiera una regulación específica ni una autorización clara para utilizar espacios públicos con fines comerciales.
Mientras tanto, las empresas que desarrollan estos sistemas defienden su utilidad. Aseguran que los robots están diseñados para detectar obstáculos, desplazarse con precaución y convivir con los peatones de forma segura. También sostienen que pueden contribuir a reducir el número de vehículos de reparto en circulación.
Los sindicatos se pronuncian
No obstante, uno de los mayores focos de preocupación se encuentra en el mercado laboral. Los sindicatos temen que, si esta tecnología se extiende de forma masiva, termine sustituyendo a miles de repartidores que dependen de estos empleos para subsistir. "Esto significaría que comunidades enteras de Londres, donde mucha gente tiene empleos precarios, sufrirían enormemente. La gente tendría que luchar por su vida contra estos robots inútiles", señala a la BBC Alex Marshall.
Desde el Sindicato Independiente de Trabajadores de Gran Bretaña (IWGB), que representa a numerosos repartidores, advierten de que el impacto social podría ser considerable. Su presidente, Alex Marshall, considera que una implantación generalizada obligaría a reclamar medidas ante gobiernos y autoridades locales para limitar su expansión.
Pese a las críticas, las previsiones apuntan a que el número de robots de reparto seguirá creciendo durante la próxima década. Diversos estudios estiman que millones de estos vehículos podrían estar operando en todo el mundo en los próximos años, impulsados por la automatización y la búsqueda de entregas más rápidas y económicas.
