El perfumista de Dior lo anticipa: la IA eliminará los trabajos de perfumería que no sean creativos y dejará el proceso en pulsar un botón
“La IA hará alineaciones muy matemáticas”, advierte.

La inteligencia artificial ya no es una mera premisa de una buena película de ciencia ficción. Su avance está transformando profesiones a una velocidad que hace apenas unos años parecía impensable, automatizando tareas que hasta ahora dependían del conocimiento y la experiencia humana. Mientras algunos sectores celebran las ganancias de eficiencia, otros observan con inquietud cómo determinadas funciones empiezan a desaparecer.
La perfumería, un oficio tradicionalmente asociado al talento creativo y la sensibilidad artística, tampoco escapa a esta revolución tecnológica. En ese contexto, Francis Kurkdjian, perfumista de Dior, ha advertido que la inteligencia artificial acabará asumiendo buena parte de las tareas técnicas y menos creativas del sector, una transformación que promete revolucionar la industria y reavivar el debate sobre el futuro del empleo.
Para Francis, el impacto de esta tecnología será especialmente visible en aquellas tareas más analíticas y repetitivas que forman parte del desarrollo de una fragancia. "La IA tomará todas las fragancias, hará una cromatografía, obtendrá las fórmulas y tú pulsarás un botón. Hará alineaciones muy matemáticas", explica en declaraciones recogidas por El País. Sin embargo, el perfumista duda de que esa capacidad técnica pueda sustituir el componente artístico que hay detrás de una gran creación olfativa.
La IA como aliado habitual
Su tesis es provocadora, pero encaja con una realidad que la industria ya está viviendo. La inteligencia artificial lleva años ganando terreno en los laboratorios de las grandes compañías de fragancias, donde ya se utiliza para analizar millones de fórmulas, identificar combinaciones de ingredientes, adaptarse a nuevas regulaciones e incluso predecir qué aromas tendrán más éxito entre los consumidores.
Lo que hasta hace poco parecía una herramienta experimental se ha convertido en un aliado habitual para acelerar procesos y reducir tiempos de desarrollo. En la práctica, la gran promesa de la IA en perfumería no es sustituir a la nariz, sino reducir semanas o meses de trabajo mecánico. Pero ese avance también tiene una cara incómoda: cuanto más se apoya la industria en datos y patrones de éxito, más riesgo hay de producir fragancias parecidas entre sí.
Además, la advertencia llega en un mercado que sigue creciendo. McKinsey & Co. calcula que la fragancia será la categoría más fuerte de la belleza y que alcanzará los 106.000 millones de dólares en 2028. Con semejante volumen en juego, la IA no solo promete eficiencia, sino también se ha convertido en una ventaja competitiva para las grandes casas y en un campo de batalla entre velocidad industrial y autoría creativa.
