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28/02/2013 08:26 CET | Actualizado 29/04/2013 11:12 CEST

Las desventuras de Honrado Buendía, o la vigencia de la norma (parte I)

Pues bien podrías ser tú, o yo, o tu vecino del 5ºC; un ciudadano con capacidad y oportunidad de mantenerse en el estrato socio-económico que alcanzó tanto por inercia generacional como por los méritos y esfuerzos propios acumulados durante el último par de décadas.

En los últimos tiempos he sido testigo, afectada o simplemente espectadora/oyente de unos cuantos sinsentidos y situaciones inauditas, de esas que invitan a exclamar un "si no lo veo no lo creo" o un "así nos va".

Las situaciones que paso a describir, protagonizadas por mi amigo imaginario Honrado Buendía, distan de poder ser catalogadas de trágicas (para tragedias, las noticias diarias) pero muy bien podrían denominarse "atentados contra el sentido común".

¿Quién es Honrado Buendía? Pues bien podrías ser tú, o yo, o tu vecino del 5ºC. Ese papá que te encuentras todas las mañanas en la puerta del cole de tus hijos, ese señor con mochila o maletín con quien compartes nanosegundos en la parada del bus, metro o tren. O señora (en cuyo caso, su nombre de pila sería... Honesta). En definitiva, un ciudadano con capacidad y oportunidad de mantenerse en el estrato socio-económico que alcanzó tanto por inercia generacional como por los méritos y esfuerzos propios acumulados durante el último par de décadas. Que sortea la crisis racionalizando gastos, trabajando más por menos y mentalizándose día a día de que ya nada será como antes, de que las reglas del juego han cambiado.

A modo de paréntesis y contextualización de lo comentado en este post, expongo en primer lugar un planteamiento del que estoy convencida y que aunque pueda parecer una simpleza argumental, me resulta cada día más relevante. Y es que la norma que delimita lo que puede y no puede hacerse, que conforma las reglas de juego que guían nuestro comportamiento y nuestras relaciones económicas, sociales, políticas e incluso familiares, ha de adaptarse cabalmente a la realidad cambiante -muy cambiante- para que siga teniendo sentido y funcione correctamente proporcionando los resultados deseados. Tan cambiante es la realidad, y más en los últimos tiempos, que no son pocas las normas de obligado cumplimiento que resultan (muy) absurdamente obsoletas. Y Honrado Buendía me ayuda a ilustrarlas.

Honrado Buendía se ha despedido de su empresa. Buen rollo. Se lo monta por su cuenta (trabajador autónomo) con muchísima ilusión y una interesante cartera de clientes que conocen y avalan su calidad profesional y humana. Se reserva un par de días para hacer gestiones ineludibles (agencia tributaria, INEM, Tesorería de la Seguridad Social, no recuerdo bien el orden de intervención institucional correcto, pero esas son las ventanillas a visitar) a cuyo término, exhausto, resume en un "vaya tela" desmoralizante.

- "Me han tomado por tonto en la Seguridad Social. Hasta me ha acompañado el jefe de servicio a la calle dándome palmaditas en la espalda, y deseándome muchos éxitos en mi nueva etapa profesional".

Y todo porque daba por hecho que el derecho a percibir la prestación por desempleo para subvencionar la cotización a la Seguridad Social como autónomo podía interrumpirlo a voluntad, si las cosas le iban bien o muy bien, y que la Seguridad Social reconocería el saldo y periodo restante para un futuro, en caso de modificar la situación laboral. Nada más lejos de la realidad, "el derecho se mantiene hasta agotar la cuantía de la prestación por desempleo, siempre que el trabajador permanezca en la actividad" (Real Decreto 1413/2005, de 25 de noviembre y Real Decreto 1975/2008, de 28 de noviembre). ¿Tiene sentido que esto sea así? Qué incentivos más perversos, ¿no? O eso me parece a mí...

La noticia ¿positiva? es que parece ser que esta forma de hacer las cosas puede que cambie en el sentido en el que mi amigo Honrado asumía que era "lo razonable", según los anuncios de nuevas medidas de la primera sesión del debate del estado de la nación. Veremos en qué se traducen finalmente.

Honrado Buendía no sale de su asombro. No ha sido capaz de que la Universidad X (pública) otorgue autorización a un estudiante de intercambio estadounidense que, por iniciativa propia, con recomendación sincera de su mentor/tutor académico y con toda la documentación en regla (seguros, visados, etc.) quería hacer unas cortas prácticas en su nueva empresa, referencia en su sector y con una fuerte proyección internacional. ¿Cuál es el problema?

- "Me dicen del Vice Rectorado que nunca se les ha presentado un caso así, chaval. Como eres estudiante de intercambio extracomunitario, no hay contemplada ninguna modalidad que recoja tu caso particular, así que te quedas sin prácticas. 'Sorry, mate'".

La universidad, a la vanguardia de la innovación y del fomento de la empleabilidad. Esto también es Marca España, no olvidemos: magnífica la impresión que se llevará consigo a Harvard el próximo año, seguro que da para un Case Study.

Y tras comunicar esta mala e inexplicable noticia al estudiante, que en ese momento leía la prensa en su tableta (pillado leyendo el pie de la famosa foto de la "peineta"), Honrado sale apresurado a una importante cita.

¿Qué tal? ¿Os resulta familiar? A mí, mucho... Y también lo que tengo preparado para las siguientes entradas, inspirado en la relación cotidiana de Honrado con el entorno regulatorio, tanto en su faceta profesional, como familiar y, como no, en su tiempo libre: contratos públicos, subvenciones, test psicotécnicos y comunidades de vecinos. De aperitivo. Y estaré encantada de incorporar las aventuras y desventuras de los lectores en esta serie, contado por boca de mi amigo Honrado.

P.D. Mi hija de 5 años me sugiere que la protagonista sea Honesta, así que pronto tendremos listo el anecdotario con el correspondiente enfoque de género. Aunque como ya he dicho, desde mi perspectiva lo aquí narrado no entiende de sexos.