El dueño de un restaurante hace una petición a los clientes que piden a domicilio: muchos lo hacen por cenar gratis
“Voy a abrir un melón que yo creo que era necesario”.

Llegas a casa con mucha hambre. La nevera lleva días llorando porque tendrías que haber ido al supermercado, pero no has tenido tiempo. Así que coges el móvil y pides algo para comer. Un rato después, el pedido está en casa. Comes con toda la tranquilidad del mundo y, como te crees más listo que el hambre, marcas en la aplicación como “no entregado” uno de los artículos que te acaban de traer y… magia. La comida te ha salido prácticamente gratis porque Uber Eats te devuelve el dinero al instante. Sin embargo, lo que no ves en la pantalla es quién paga la cuenta de verdad. Adivínalo, es el restaurante.
Eso es exactamente lo que denuncia Alex Duo en un vídeo publicado en TikTok desde su hamburguesería. Habla a cámara, portátil abierto, y avisa desde el primer segundo: “Voy a abrir un melón que yo creo que era necesario”. El melón tiene nombre y apellido. “Creo que muchos de vosotros no sois conscientes de que cuando en Uber marcáis como un artículo faltante… os llega el pedido, lo disfrutáis, coméis y marcáis como que un artículo no ha llegado. Está muy bien porque os reembolsan el dinero y encima cenáis gratis”.
A partir de ahí, el mensaje deja de ser abstracto y baja al barro. Duo insiste en quién asume realmente ese reembolso: “Lo que no sois conscientes es que ese dinero no lo paga Uber. Lo pagamos los locales, lo pagamos las hamburgueserías, lo pagamos los que estamos todos los días luchando”. Y remarca el golpe directo a la caja: “Ya no es que no entre dinero, no es que nos cueste precio-coste. Es que perdemos dinero”.
Para demostrarlo, enseña en pantalla un pedido concreto gestionado desde Uber Eats. Detalla el caso como si estuviera repasando una factura con lupa. “Lo que ha hecho este cliente es pedir una hamburguesa de carne de vaca madurada, poco hecha”. Explica la promoción activa: “Las patatas van de regalo con la mayonesa de trufa, se les descuenta 2,90”. Y llega el nudo del asunto: “Al poner que este artículo no le ha llegado a casa, a nosotros el pago neto es que encima nos cuesta cuatro euros poder hacer este pedido”.
El vídeo se cierra sin bronca, pero con una petición directa que apunta más a la conciencia que al reglamento: “Por favor, poned un poco de cabeza a la hora de hacer este tipo de cosas, que nos hacéis mucho daño a las empresas que intentamos levantar todos los días la persiana para trabajar, igual que vosotros lo hacéis en vuestro trabajo”.
Los comentarios, como suele pasar, convierten la denuncia en campo de batalla. Algunos replican desde la experiencia del cliente: “Perdona pero es que muchas veces el pedido, o parte no llega, o llega equivocado”, escribe @sol12uh. Otros cuestionan el precio antes que la práctica: “Me estaba dando lástima hasta que vi la hamburguesa por 16 pavazos”, apunta @turbomaceta, mientras @cesarlpzm93 propone “abrir también el melón del timo que es cobrar 20 pavos por una hamburguesa”.
También aparecen los matices incómodos. @senyirauxa recuerda que reclamar no siempre es picaresca: “Pedí un durum de falafel y me llegó de pollo. Me quedé sin cenar por ser vegetariana. ¿Qué queréis, que no reclame?”. Hay quien separa grandes cadenas y pequeños negocios: @ekaiitz admite que lo hace “en cadenas multimillonarias” y defiende que se sepa, mientras muestra comprensión por “locales pequeños”. Y no falta el comentario que convierte la denuncia en tutorial involuntario: “Host, no sabía que se podía hacer eso, ¡gracias!”, celebra @jdjrjbtigjtk.
Entre soluciones improvisadas y sarcasmo: “No uses Uber”, “Graba el embolsado del pedido y reclama”, queda el poso del vídeo: ser más listo que el hambre puede salir gratis en la app, pero alguien acaba pagando la cuenta. Y casi nunca es la plataforma.
