La muda del lince blanco: así está documentando Ángel Hidalgo el nuevo cambio de color de Satureja
El fotógrafo jienense ha vuelto a enseñar fotos del animal y de cómo está recuperando su color original.

Era octubre del 2025 y la imagen de un lince blanco dejaba impresionado a todo aquel que la veía. Estaba sentado, mirando fijamente a la cámara y posando casi como si fuera consciente de que su pelaje iba a dar la vuelta al mundo. Ángel Hidalgo fue el autor de esa foto y el encargado de bautizar al animal como El fantasma blanco del bosque Mediterráneo.
Desde entonces, este jienense de 29 años ha ido documentando en sus redes sociales sus escasos pero inolvidables encuentros con Satureja, como se llama realmente el animal desde que naciera en 2021. No han sido muchos avistamientos, ya que durante los meses de diciembre y enero, en plena época de celo, se apartó para no molestarla y solo la pudo ir viendo por las cámaras de fototrampeo que tiene instaladas.
Fue hace escasas semanas cuando Hidalgo pudo constatar cómo gracias a la muda que hace la especie en primavera para prepararse para las altas temperaturas se está desprendiendo poco a poco de ese pelaje blanco que ha lucido en invierno para recuperar sus tonos clásicos más amarronados.
El pasado 16 de abril, este encargado de una planta de yeso laminado lo compartió en su perfil de Instagram: "Satureja ha perdido casi por completo su pelaje blanco. Su silueta vuelve a confundirse con el entorno, como un verdadero ‘fantasma del monte’. Pero más allá de la transformación física, lo verdaderamente relevante ha sido el proceso y la oportunidad de documentar, comprender y, en cierta medida, formar parte de un equilibrio natural que rara vez se deja observar".
Hidalgo habla con El HuffPost desde el monte, mientras busca animales, y cuenta que fue a finales de febrero y principios de marzo cuando vio los primeros indicios de que estaba mudando gracias a esas cámaras de fototrampeo. Sin embargo, en ese momento no le hizo mucho caso. "Esos días llovió mucho y pensaba que podía estar sucia, pero fui observándola con estas cámaras y en ese encuentro que tuve a principios de abril ya vi que estaba mudando", relata el especialista, que también destaca que obligada por ese color blanquecino ha tenido que adaptar su comportamiento para no ser tan visible y hacerse más de hábitos nocturnos.
El fotógrafo describe que "el pelaje de invierno es más largo y denso y en verano mudan ese pelo, lo expulsan y se quedan con un pelo más corto para aguantar la temperatura del bosque Mediterráneo y los 40 grados que puede hacer".
Aunque la pregunta de si puede volver a recuperar los tonos blancos en el próximo otoño está en el aire, Hidalgo explica que desde el proyecto de recuperación de la especie le contaron que hubo un ejemplar en Córdoba que también cambió su color a blanco y después, en la muda de invierno a verano, volvió a su color original y nunca más volvió a cambiar. "Está la duda de si pueden estar emparentados, eso se está investigando", indica.
Además, subraya que a Satureja, por ejemplo, no se le ha podido instalar un collar de radioseguimiento ni analizarla científicamente: "Es de los linces que se han ido expandiendo por las zonas de alta densidad de conejos, pero aún no se han podido registrar".
"Es verdad que el año pasado se intentó capturar alguno, sobre todo a Satureja para poder ponerle collares, sacarle sangre, pero fue imposible. Estuvo delante de la puerta y no quiso entrar. Una hija suya sí, fue capturada y ha sido soltada en Palencia y se llama Guapa", añade el fotógrafo.
La relación de Hidalgo con una hija de Satureja
En 2025, Satureja tuvo cuatro crías. Una de ellas, Guapa, es la que ha sido capturada y trasladada a Palencia, otras dos se han marchado y la última es la que todavía sigue a la madre. Con ella Hidalgo ha podido establecer una relación especial, única y que casi recuerda a las épocas de Félix Rodríguez de la Fuente y su idilio con los lobos.
Se emociona al recordar alguno de los encuentros que han tenido y cómo el animal la ha tratado como si fuera parte de su entorno: "Me tolera bastante y tiene conmigo muchos comportamientos que nunca había visto. Ha llegado a cazar y me ha traído el conejo a unos cinco metros, como los gatos que tenemos en las casas de campo y te traen la presa. Me ha pasado dos veces, en la primera a los 10 minutos se fue, pero en la siguiente igual estuvo conmigo media hora, jugando con el conejo, tirándolo por el aire, etc. Fue una pasada".

También tuvo un encuentro en el que la propia cría lo dirigió hacia Satureja: "Me fue mostrando el camino, la fui siguiendo y ella me miraba como para que yo fuera detrás. Yo la seguí y de golpe y porrazo desapareció. A los 10 minutos volvió y salió detrás de ella Satureja, era como que tenía que mostrármela, que estaba tranquila y que sabía que no le iba a hacer nada".
Estos comportamientos, que los califica de esos que "casi hay que verlos para creerlos", no le han ocurrido cuando ha ido con su novia o con su mejor amigo a buscar al lince. "Paso mucho tiempo en el campo, en su zona, y quieras o no cada vez que andas dejas tu propio olor y al final es como que lo van reconociendo", apunta Hidalgo.
De momento, el propio fotógrafo no puede confirmar que haya tenido crías en esta temporada, ya que lleva varias semanas sin verla y las crías, en caso de que haya, aún estarán en sus cubiles. Además, avanza que a partir de ahora cada dos o tres semanas las irá cambiando de lugar para no dejar mucho olor y que se vayan acostumbrando al territorio y será cuando pueda constatar si ha tenido nuevos descendientes.
Finalmente, Hidalgo sí acaba reconociendo que la vuelta su pelaje original le tranquiliza, ya que ha vivido con miedo de que le pudiera pasar algo y de que pusieran precio a su cabeza. "Espero que así se quite la ansiedad de ver al lince blanco", sentencia. Eso sí, él para siempre será uno de los pocos privilegiados que han visto "al fantasma blanco del bosque Mediterráneo".

