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10/03/2018 10:46 CET | Actualizado 10/03/2018 10:49 CET

Decálogo de la librería del futuro

PIXABAY

Por Winston Manrique Sabogal

Doce libreros y profesionales del sector crean para WMagazín los pilares que ayudarían a la supervivencia de estos espacios. Desde potenciar su humanización y moverse por el ciberespacio hasta las etiquetas de radiofrecuencia. Es el tema central del XXIII Congreso de Libreros de Sevilla

El futuro de las librerías está en volver al origen, a las raíces. La supervivencia de las librerías está en la capacidad de humanización que puedan ofrecer los libreros y su personal para contrarrestar un mundo lleno de algoritmos y pantallas digitales. Y como las ideas de futuro caducan cada vez más rápido porque el Tiempo va más de prisa un grupo de libreros, profesionales del libro y expertos en su mundo creó para WMagazín un Decálogo de la librería del futuro, es decir de apenas mañana. Cada uno de estos expertos, por invitación de WMagazín, propone un pilar o reflexión esencial para la supervivencia de las librerías sobre aspectos conocidos, mientras que otros se atrevieron a hacer ciencia ficción sobre cómo les gustaría que fueran estos espacios.

Este Decálogo de la librería del futuro surge del XXIII Congreso de Libreros 2018 que se celebra en Sevilla del 7 al 10 de marzo. Más de 300 libreros y profesionales del sector analizaron la situación, señalaron sus luces, identificaron los desafíos y advirtieron de los temores con el objetivo de establecer las nuevas coordenadas para afrontar los retos del mundo analógico y digital. Lo han hecho después de una década de crisis para el mundo del libro, un periodo en el que cerraron más de dos mil librerías, hasta bajar a 3.650, pero que desde hace dos años empezaron a remontar y hoy son 3.967, es decir que se han abierto un promedio de 13 librerías cada mes.

Bienvenidos al mañana de estos espacios imprescindibles para la difusión de la cultura y de la literatura, el arte que, tal vez, contribuye más a la formación del individuo y su desarrollo creativo e intelectual, y que le da más herramientas para afrontar de la mejor manera posible su propio futuro y enfrentar y disfrutar la vida. La introducción de este Decálogo de la librería del futuro corre por cuenta de Jorge Carrión, que aunque no estuvo en el Congreso, es una de las personas que más conoce la vida de estos lugares en España y el mundo, su ensayo Librerías (Anagrama) se ha convertido en poco tiempo en una referencia en países de una docena de idiomas donde ya ha sido traducido.

Introducción. Asumir una escala humana

Jorge Carrión

Asumir una escala humana. Han dejado de tener sentido las librerías gigantescas, en cambio tienen más sentido que nunca las librerías de barrio. En un mundo pixelado, multidimensional, los libros nos reconectan con las tres dimensiones, con la artesanía, con el cuerpo y con el horizonte.

Trabajar especialmente la sección infantil, para formar a futuros lectores y amantes de los libros. Las librerías no pueden ser percibidas como espacios de una élite. Desde niños tenemos que sentirlas como nuestras.

Crear espacios de diálogo y docencia y placer, de academia y de fiesta. El librero como sabio y como DJ emocional. Y como curator, capaz de seleccionar y orientar, de mediar entre la excesiva producción editorial y el lector individual que solamente puede leer algunos libros al año.

Estimular tanto la inteligencia como los sentidos. El tacto y el olor del libro, el placer de escuchar a autores y lectores, la importancia de la mirada en el arte del escaparate o del diseño de portada o de la librería como espacio fotográfico o artístico, el paladar del café o del vino asociado a la cultura.

  • Jorge Carrión publicó el año pasado el ensayo Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg), donde explora la dimensión libresca de su ciudad, y es autor de Librerías (Anagrama), una historia cultural y una vuelta al mundo que, con sus siete ediciones en español y sus traducciones a doce idiomas, se ha convertido en el libro internacional de referencia sobre el tema.

1. Ágora cultural y de amistad

Françoise Dubruille

La librería debe ser la tercera casa. La primera es la casa donde vivimos, la segunda es el lugar de trabajo y la tercera casa debe ser la librería como un ágora cultural y de amistad. Debe ser el lugar a donde se va a comprar libros o no, pero sí a relajarse, a charlar, a interactuar, a encontrarse con amigos, a discutir y polemizar. Lo dijo alguien: El librero no es un algoritmo, es alguien que conoce tus gustos. Alguien humanizado que contrarresta todo nuestro día frente a diferentes clases de pantallas digitales.

  • François Dubruille es directora de la Federación Europea e Internacional de Libreros, EIBF.

2. Potenciar valores fundamentales

Lola Larumbe

El futuro pasa por preservar y potenciar los valores fundamentales, el oficio clásico del librero y el sentido de la sociedad y la vida. El librero se debe desarrollar en muchos planos a la vez. Vender libros pero tener multiplicidad de ofertas con una gran capacidad de comunicación, de difusión y, sobre todo, de servicio. Debe ofrecer todo esto como contraposición a una pantalla digital, debe crear una estrategia civilizadora. Mientras la sociedad recuerde que eso es importante seguirán existiendo las librerías, y para ello hay que encontrar la herramienta tecnológica que permita llevar al cliente el libro pedido, y que los libreros estén muy bien interconectados para competir en el ámbito de la comercialización de manera eficaz.

3. Anticiparse a las necesidades del lector

Carmen Ospina

Una librería debe ser mucho más que sus estanterías llenas de libros. Sea online o física, sea una cadena o una librería de barrio, debe ofrecer también una experiencia: los lectores vamos a ellas para descubrir una buena historia, para sorprendernos, pero también para compartir ideas con otros, para conocer al escritor, para encontrar contenidos que nos lleven a otros contenidos y contenedores, y, por qué no, para pasar un buen rato. Y el librero, o la plataforma, debe conocer a su lector, dándole lo que necesita en ese momento, anticipándose a sus necesidades y proponiéndole experiencias que lo fidelicen. Para hacer esto la tecnología digital es clave.

  • Carmen Ospina es Directora de Marketing & Comunicación. Analítica y Desarrollo de Negocio del GrupoPenguin Random House.

4. Espacios especializados y moverse en el ciberespacio

Lola Gallardo

Lanzo la vista hacia adelante y veo posible una red de librerías independientes más especializadas aún de las que tenemos hoy, aparecen en mi mente como pequeños refugios de conocimiento literario compartido con los que se acercan a ella. Las veo como hermosos y amables lugares que ponen notas de color a las calles urbanas, pequeñas luces que te atraen dispuestas a embaucar a niños, jóvenes y adultos con la lectura de una sugerente historia. Las presiento como espacios de encuentro cultural, de debate y de unión de sinergias, y con mucha presencia en las redes sociales.

Y para que esto no sea una ficción, necesitaríamos apoyos institucionales y gremiales que aseguren nuestra existencia en estos términos, ayudas para mantener los establecimientos, financiación para la informatización, herramientas para una gestión más ágil y necesariamente, más márgenes comerciales. Todo dependerá de lo claro que se tenga la aportación inestimable que esta red de librerías puede ofrecer a una ciudad y por ende, a una sociedad.

5. Desterrar el "No lo tengo"

José Manuel Anta

Hay tres facetas fundamentales que una librería debe contemplar: Primero: la cuestión de integración dentro de una red de comercio local, es decir avanzar más en la colaboración con otros comercios, servicio de cercanía. Segundo: la curaduría es esencial en un mercado con una oferta tan amplia y variada, seleccionar muy bien títulos a vender y a exponer, pensar en especializarse, y reivindicar la capacidad de prescripción del librero. Y tercero: Desterrar el "No lo tengo". La prescripción debe ir unida a la capacidad de poder ofrecer al lector el libro que pide aunque no sea lo que el librero venda en ese momento. Su logística analógica y digital y del formato que desee el cliente debe estar perfectamente engrasada, incluso con libros bajo demanda. La cuestión es que el lector nunca se debe ir con un NO. Ese NO hace que el cliente busque otras alternativas y es un cliente que se pierde.

6. Estar al día en las herramientas tecnológicas

Juancho Pons

En cualquier librería que quiera sobrevivir no pueden faltar las herramientas tecnológicas del sector. CEGAL en RED permite a las librerías saber en apenas segundos todos los datos de un libro, quién lo distribuye, cuál es su precio, descargar la ficha catalográfica compatible con los sistemas de gestión en el mercado e informar al cliente. Además, permite a cualquier librería poner todo su inventario en el escaparate virtual de www.todostuslibros.com.

Cuando llega una caja con novedades, la rapidez en la descarga de los datos de cada libro ahorra tiempo y, al final, eso también es calidad de vida librera.

7. Aplicar etiquetas de radiofrecuencia

Jesús Trueba

Las etiquetas de radiofrecuencia permitirán localizar los libros allí donde estén y eso permitirá que los libreros no tengan que colocar los libros por órdenes artificiales (el nombre del autor, el género...) sino que podrán humanizar el orden de las librerías gracias a la tecnología (paradoja) pudiendo reunir libros por criterios afectivos, subjetivos, comerciales impredecibles pero muy típicos de la mente humana. Creo sinceramente que cobrar, mover los libros de un sitio a otro, tramitar documentación administrativa es algo muy poco humano y que la tecnología aplicada al punto de venta nos va a permitir reducir los costes y emplear más nuestros capital humano en atender a las personas como personas.

* Jesús Trueba es de la Librería La Buena Vida de Madrid

8. Asegurar la huella ecológica

Juan Miguel Salvador

Las librerías del futuro deberán ser ecológicas, esto es, ser capaces de adaptarse a los condicionantes ambientales que vienen. El cambio climático y los límites biofísicos llevarán a una reducción de la energía y los materiales disponibles, por lo que las librerías deberán ser sobrias y eficientes (favoreciendo una mejor selección de lo que se edita y devolviendo menos), optimizando el uso de los recursos (espacios físicos bien aislados y con materiales y energías respetuosos con el medio) , buscando circuitos cortos de comercialización (evitando que los libros viajen innecesariamente) e integradas en el tejido de ciudades y pueblos (para que los clientes accedan a las librerías a pie o en medios no contaminantes).

9. Aplicar la descarga digital que adapta los formatos

Antonio Rivero

Llego a la librería. Como siempre, los ordenadores se encienden solos. Entro las cajas que los distribuidores, durante la noche, han dejado en los contenedores. Automáticamente se actualiza el stock. Desde que hace años todos los libros tienen una etiqueta por radiofrecuencia RFID incrustada en los lomos el proceso es automático. Según va llegando el personal, se ponen las gafas de realidad aumentada. Al coger cada libro, la minipantalla les va indicando dónde debe colocarse. Si se equivocan o si un cliente ha colocado un libro en el sitio erróneo la estantería se ocupa de notificarlo. ¡Te acuerdas de cuando hacíamos un inventario al año, trabajando todo un fin de semana completo! Pensar que ahora se hace todos los días, solo recorriendo con la carretilla el local. Desde que todos los libros en papel incluyen la descarga en digital se ha acabado la guerra entre formatos.

Entra un cliente: – Quería un libro sobre...

Esto es lo único que no ha cambiado: la prescripción del librero.

10. Libro electrónico mutante

Buenaventura Porcel Jiménez

Haciendo un ejercicio futurista creo que deberíamos pensar en dos aspectos que son necesarios para el ecosistema de las librerías: el libro como objeto y el espacio físico donde se oferta. La evolución del formato hacia parajes totalmente digitales haría muy difícil la supervivencia de las librerías tal y como hoy las conocemos, y donde la música y el video ya mostraron el camino desde hace tiempo

Yo estoy convencido de que el formato de ebook+ereader tal y como lo conocemos hoy en día no perdurará, porque aporta muy poco valor sobre el libro en papel. Quiero imaginar en un futuro un soporte que simule al libro actual, en cuanto a dimensiones y sensaciones físicas, pero infinitamente más avanzado en cuanto a prestaciones. Imaginemos que esos libros pudieran "mutar" en su contenido y que con un mismo soporte pudiera tener cualquier obra, de forma que al venderla se convirtiera en inmutable. Mientras el soporte está en la librería sería reconvertible legalmente a cualquier título y ya sería decisión de la librería decidir su oferta en función a su público objetivo. Las librerías seguirán existiendo como un lugar de unión de públicos con intereses comunes. Veo a las librerías en espacios físicos más grandes y con más variedad de ocio de forma conjunta.

  • Buenaventura Porcel Jiménez es del Grupo Trevenque, una empresa de tecnología.

Epílogo

Mónica Díaz

Imagino que despierto en un futuro en que todos los comercios físicos han mutado hacia superficies casi diáfanas, sin apenas productos, donde los compradores son derivados a una app. Todos excepto las librerías, donde un librero, sin algoritmos, rodeado de libros, es el encargado de que el conocimiento, la creatividad y la imaginación subsista.

* Mónica Díaz es de Distribuidor de Libros UDL.

Este artículo se publicó originalmente en la web de WMagazín, la revista literaria online dirigida por el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios

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