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02/05/2013 06:58 CEST | Actualizado 06/05/2013 08:08 CEST

Lugares abandonados: fotografías de edificios en ruinas de exploradores urbanos (FOTOS)

Flickr

Ocultos en las entrañas de los bosques o levantados sobre eriales, prohibidos y muy difíciles de encontrar. Son lugares abandonados, espacios cubiertos de polvo y silencio cuyas puertas están cerradas. Salvo para unos pocos. Son exploradores urbanos y con su cámara en mano rastrean estos tesoros en busca de historias pasadas, en busca de imágenes que inmortalizar.

"Son horas y horas de trabajo hasta dar con estos lugares. Hay dos opciones: puedes tirar de Google Earth o montarte en el coche y recorrer caminos recónditos. Es pura pasión". Juan de la Cruz, de 37 años, no estudió fotografia. Es informático, y los fines de semana medio transgresor. Entra en mansiones, moteles, o teatros abandonados para curiosear, y sobre todo, para capturar imágenes. "Esto no es una moda, en EEUU se empezó a hacer en los años 40. Es una manera de crear un registro de edificios históricos, que de otra manera serían derruidos con el tiempo sin dejar ni rastro".

A Juan siempre le acompañan en sus expediciones dos o tres compañeros. No quiere ir solo, podría ser peligroso. "Muchas veces entramos en edificios en ruinas y la probabilidad de que se derrumbe un techo es bastante alta". Asegura que no es la adrenalina ni la excitación de lo prohibido lo que le condujeron a explorar las afueras de Madrid, sino su interés por el pasado. Una de sus primeras salidas fue a la antigua cárcel de Carabanchel, hoy derribada. Le siguieron palacetes, antiguas salas de cine, gasolineras, hoteles y un blog con las imágenes: Abandonalia.

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Como la mayoría de exploradores urbanos, Juan tiene muy claro su mantra: no se pueden revelar las localizaciones. "Me han llamado egocéntrico y egoísta por no compartir las direcciones, pero lo cierto es que el ser humano es una plaga bastante nociva, y lo normal es que entre gamberros, chatarreros y otras subespecies del Homo sapiens los sitios acaben hechos polvo en cuestión de meses", cuenta.

En su blog hay fotos tomadas en España y otros países de Europa. Una vez al año el Club de Exploradores de Lugares Abandonados hace salidas en grupo a distintos países. Juan ahora ha sido padre, y durante unos años aparcará su afición.

SALTAR LA BARRERA DE LO PROHÍBIDO

Aunque Juan asegura que no le interesa lo más mínimo sentir la adrenalina de acceder a lugares prohibidos, el profesor titular del departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Florentino Moreno, considera que es precisamente la "excitación de lo no permitido" lo que empuja a muchos a entrar en lugares abandonados. "No está previsto lo que te va a suceder, no sabes si está permitido o no. Es un reto: romper o no la barrera".

Otro de los factores es el hecho de asociarlo con fenómenos paranormales, lo que se denomina parapsicología. "En los últimos 100 años el cine ha influido en ese imaginario de los espíritus atrapados en mansiones abandonadas... Todo lo que se sale de la lógica convencional cotidiana produce interés; es algo implícito a la condición humana", explica. "Crímenes y cuerpos emparedados...", añade.

También influye la nostalgia. ¿Por qué se abandonó?, ¿Qué función cumplía? "Existe el atractivo psicológico de ponerte en el lugar de quién vivía allí, quién trabajaba en ese lugar y qué función desarrollaba", cuenta Moreno.

LOS RINCONES DE ALICIA RIUS

La fascinación de Alicia Rius, catalana de 30 años, por los lugares abandonados surgió de forma accidental. En la primavera de 2010 salió a practicar con su cámara y encontró una masía en ruinas. "Cuando entré y vi objetos personales aún intactos se me quedó el corazón helado". Más tarde ganó un premio con su serie Abandonated Places y la muestra viajó por distintas ciudades de España.

"La aventura, el misterio y la adrenalina enganchan mucho. Es increíble la sensación que uno siente cuando por fin encuentra en el mapa ese lugar abandonado que llevaba meses buscando. ¡Es como hallar un tesoro!".

Afincada en San Francisco, explica en un email que el secreto de sus fotografías es la luz natural y el tratamiento. Todas sus fotos están tratadas, y algunas de las instantáneas no reflejan los lugares tal y como los encontró. "En ocasiones he encontrado algo interesante debajo de una cama o dentro de un armario y lo he sacado y le he buscado un lugar donde hacerle una foto decente. Hay gente que no es nada partidaria de tocar las cosas y afirman que mover los objectos es como "hacer trampa". A mi me gusta mucho poner las cosas donde creo que pertenecían. Es como intentar recrear el pasado", explica.

Dentro de su trabajo fotográfico, una pasión que se ha convertido en su profesión, llama la atención una serie de vehículos antiguos. Un proyecto que no planeó. Un día iba en busca de un molino abandonado y encontró el primer coche. Estaba lleno de bichos, vivos y muertos, de moho y de hierros oxidados. Tuvo la idea de sentarse en el asiento trasero. Ahora sigue ampliando su portfolio. "¡Fue una genial idea!", cierra Alicia.

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